𝐓𝐄𝐑𝐑𝐎𝐑 𝐄𝐍 𝐋𝐎𝐒 𝐍𝐄𝐆𝐑𝐎𝐒:
Nuevamente, la aparición de peces muertos.
¿Hasta cuándo el gobierno permitirá que la Karpowership contamine la comunidad de Los Negros y destruya el ecosistema en el Refugio de Vida Silvestre Manglares de Pueblo Viejo?
#BarcazasAsesinas
#FueraLasBarcazas
Presidenciable. Atroz. Traicionero. Y héroe de la Restauración con su nombre en un pueblo, una fortaleza y el Panteón Nacional. Hablo de Benito Monción Durán. La escuela te dio el nombre. Hoy te doy al hombre completo, derecho, sin curvas. Abro 🧵
Maestro. Le faltó los fusilados en Santiago en 1863, entre los que está el poeta Eugenio Perdomo, Pedro Ignacio Espaillat, entre otros. Están en el Panteón Nacional también.
Antonio Duvergé. María Trinidad Sánchez. Los hermanos Puello. Rosa Duarte.
Siete patriotas fusilados o desterrados por el mismo hombre. Y ese hombre está enterrado con ellos, en el Panteón.
Se llama Pedro Santana.
Ya es hora de hablar en serio de sacarlo. Abro 🧵👇.
Ese mismo bárbaro de Balaguer le dedicó un poema a Duvergé:
Tú que sobreviviste a diez años de lucha sin cuartel
No supiste librarte de la saña
De un tirano tan duro como cruel.
Cuando la patria se te muestra huraña
Sin respeto a tu histórico papel
En el último instante ...
Antonio Duvergé. María Trinidad Sánchez. Los hermanos Puello. Rosa Duarte.
Siete patriotas fusilados o desterrados por el mismo hombre. Y ese hombre está enterrado con ellos, en el Panteón.
Se llama Pedro Santana.
Ya es hora de hablar en serio de sacarlo. Abro 🧵👇.
Antonio Duvergé. María Trinidad Sánchez. Los hermanos Puello. Rosa Duarte.
Siete patriotas fusilados o desterrados por el mismo hombre. Y ese hombre está enterrado con ellos, en el Panteón.
Se llama Pedro Santana.
Ya es hora de hablar en serio de sacarlo. Abro 🧵👇.
@tornicleto2 Le faltó el gran financiamiento y las facilidades que reciben del estado las iglesias católicas. No voy a tocar el Concordato siquiera pa que no te hundas. Estoy en contra de la teología de la prosperidad de mi iglesia evangélica.
@lisansandoval@HazimNoelia El detalle principal es que no hay autoridad que te haga cumplir la ley. En los Estados Unidos y en cualquier país fuera así si no hubiera un agente que te multa.
La noche del 8 de octubre de 1971, cinco muchachos salieron de un velorio a comprar velas y cigarrillos en un colmado del barrio 27 de Febrero. No volvieron. El presidente de la Republica explico sus muertes con dos palabras. Guárdalo: “fuerzas incontrolables”.
Abro 🧵👇
El dia que lo mataron, el coronel Elias Piña y su hermano Francisco se levantaron antes del amanecer para ir a la guerra con el general Duverge. Habia que tomar un fuerte haitiano: Biassu.
Casi 2 siglos despues, el pais dice su nombre todos los dias. Sin saber quien era. Abro 🧵
Maradona y Messi vs. Inglaterra
2-1 otra vez, y con ese uniforme totalmente azul que es el que Argentina usa como visitante.
Pero hubo una gran diferencia: en uno el líder argentino fue Maradona, en el otro Messi. Y hay algunos detalles que vale la pena analizar.
Sigue 👇
Ya se sabe que Messi y Maradona son dos jugadores antagónicos. Talentosos como nadie más en sus respectivas generaciones, lo que más los separa es el modo en el que cada uno asumió el liderazgo del grupo.
De hecho, esa fue la razón por la cual muchos vieron durante mucho tiempo en Maradona a un futbolista superior a Messi. Maradona siempre fue el líder que cargó con el equipo a cuestas (y no sólo en la selección, sino también con el Nápoles). Messi parecía no cubrir con esa cualidad, e incluso se le llegó a acusar de "pecho frío" cuando se trataba de la selección nacional. Con el Barcelona era distinto.
Semejante juicio es frívolo y poco atento a factores decisivos que deben tomarse en cuenta.
Maradona llegó a la selección y lo primero que enfrentó fue la debacle argentina ante Brasil en el mundial de 1982. Cayeron derrotados 3-1 e incluso Maradona se fue expulsado.
Era el ocaso de la era de Pasarella y de Kempes, y se despedían por la puerta chica en una eliminatoria de un grupo de tres (la bizarra segunda fase del mundial de España, un experimento que nunca se volvió a usar), en la que los argentinos (pese a tener a los campeones Pasarella y Kempes, a los astros Bertoni, Ardiles y Tarantini, y a la joven revelación Maradona) perdieron sus dos partidos, despidiéndose con mucha pena y poca gloria.
Después de eso y del retiro de Kempes, Maradona se convirtió en el líder absoluto del equipo. Llegó al mundial de México en el esplendor de su potencial con todavía 25 años, y se inmortalizó justo en el partido contra Inglaterra por los dos goles más famosos anotados hasta ese momento en un mundial: una trampa descarada a la que él, soberbio y petulante, llamó "la mano de D-os", y un gol en solitario en el que corrió más de medio campo dejando sembrado a medio equipo inglés. El gol más bello del mundial. Luego, se alzó campeón cuando Argentina derrotó a Alemania 3-2 en la final.
Ese liderazgo no era accidental. Para ese entonces ya jugaba en el Nápoles, un equipo de bajo nivel al que convirtió en campeón de la Liga A de Italia. Es decir, un equipo en donde nadie le iba a disputar la jefatura. Maradona ya tenía ese temple, pero no nada más fue su carácter: fueron las circunstancias de sus equipos las que, además, le dieron todo el espacio para ejercer esa vocación de comandante supremo.
A Messi le tocó vivir una realidad muy distinta. Cuando debutó como profesional en el Barcelona, ya había un líder, y uno demasiado bueno: Ronaldinho Gaúcho. No había nada que disputar, nada que discutir, y sí mucho que aprender del que muchos consideran el jugador más talentoso -arruinado por los excesos, como buen estrella brasileña- que haya visto el mundo.
Y cuando Ronaldinho se fue ya estaba también ahí Zlatan, un rabioso monstruo de 1.95 con un carácter de lo peor y una genialidad más grande que su carácter.
No había espacio para que Messi jugara a ser el que reta a los especímenes alfa para conseguir la jefatura del clan. Y es que tampoco había necesidad. Sólo había que jugar bien, y fueron los años en los que Messi consolidó su futbol sobrenatural e impresionante.
Luego llegaron las épocas de las grandes ternas. Dos triunviratos, como en la antigua Roma. El primero con Vila e Iniesta, el segundo con Neymar y Suárez. Las épocas de gloria del Barcelona, esa maquinaria que se llenó de trofeos y que mantuvo siempre en segundo plano al Real Madrid de Cristiano Ronaldo (algo que, según la lógica, no debería haber pasado).
¿Era Messi el verdadero líder del equipo? No lo parecía. Al menos, por carácter, Vila e Iniesta lo parecían más, pero por resultados y desempeño en la cancha, también había evidencia de que Messi ya había tomado las riendas del equipo. La controversia se agudizó, y el club de fans de CR7 se dedicó a construir la narrativa de que, en realidad, eran sus socios españoles los que le permitían hacer todo lo que hacía. Que sin ellos, Messi era un don nadie.
Vila e Iniesta, a fin de cuentas más viejos, se retiraron por fin (campeones del mundo, por cierto), pero Messi y el Barcelona siguieron ganando títulos, y siguieron dejando en segundo plano al Real Madrid.
Pero el argumento siguió siendo el mismo: no era por Messi, sino por todos los que jugaban para él (curiosamente, exactamente lo que siempre sucedió con CR7). Argumento equivocado, según se pudo demostrar años más tarde cuando ambas estrellas se fueron a probar suerte en otros países (uno en Francia, el otro en Arabia Saudita). El Real Madrid sin CR7 siguió ganando títulos. El Barcelona, sin Messí, simple y sencillamente colapsó.
Sin embargo, el débil liderazgo de Messi pareció confirmarse con los resultados que la selección argentina obtuvo en aquellos días aciagos. Fue la época de los fracasos sucesivos, tanto en Copa América como en mundiales. Uno tras otro, cada trofeo perdido pareció darle la razón a quienes decían que Messi jamás podría compararse a Maradona justo porque tenía todo -talento, goles, trofeos y récords- pero no el verdadero temple de un líder.
Ahora bien: ¿Se le tenía que achacar esa responsabilidad a Messi? En principio, no. Por lo menos, no hasta 2011, cuando después de la era de Mascherano, tomó el gafete de capitán del seleccionado argentino. Pero a Messi se le exigía, aun sin ser capitán, por el puro hecho de ser Messi, por el puro hecho de ser el único que parecía que podría igualar a Maradona.
Aquí es donde llegamos a lo realmente interesante: la dualidad Messi-Maradona nos demuestra cómo ciertos liderazgos pueden florecer más rápido en entornos difíciles.
Si nos tocara describir el contexto de cada uno como jugador, comparándolo con niveles de vida sociales y económicos, podríamos decir que Maradona fue el chico pobre que tuvo que trabajar desde niño y Messi el chico rico que primero pudo estudiar en la escuela todo lo que quiso.
Me refiero a esto: Maradona tuvo que ser el líder, tanto en la selección como en el Nápoles, sí porque sí. No había opción. Nadie más tenía la capacidad para hacerlo. Algo así como el niño que a causa de un padre ausente tiene que trabajar para mantener a los hermanos menores.
Messi, en cambio, sólo tuvo que aprovechar de entornos seguros, confiables y consistentes, y desplegar su talento bajo la tutela de Ronaldinho y Zlatan. Algo así como el niño, luego joven, cuyo padre le paga las mejores escuelas desde el jardín de infantes hasta la universidad (con posgrado y todo).
En gran medida, esas diferencias determinaron cómo cada uno se relacionó con la selección, y cómo cada uno hizo su vida después de ello.
Messi, al toparse con un entorno completamente distinto al del Barcelona, tardó mucho tiempo en adaptarse. Maradona, después de ser campeón en México y con apenas 25 años, comenzó su declive.
No olvides esto: los retos son los que te hacen crecer. Maradona los tuvo desde los 16 años, y alcanzó la cumbre a los 25. Messi, en cambio, vivió en esa zona de confort que han sido sus tres equipos, y apenas en 2014, cuando cayó (igual que Maradona en 1990) 1-0 ante Alemania fue que la vida lo comenzó a retar en serio. Algo así como si, justo al terminar el doctorado, el joven rico de pronto quedara huérfano y tuviera que aplicar todo lo estudiado para ocuparse de la manutención de sus hermanos menores.
En ese entonces Messi tenía 27 años, la edad a la que Maradona ya no tenía nada que demostrar y empezaba su cuesta abajo. Messi, en cambio, apenas estaba a punto de enfrentar el reto más fuerte de su vida. Una buena razón para seguir creciendo.
Qué paradoja. Perder 1-0 en una final ante Alemania fue lo que empujó a Maradona hacia abajo, y lo que obligó a Messi a buscar la cumbre. No porque uno fuera más talentoso que el otro, sino porque uno ya había acabado su carrera futbolística -es el precio de ser el líder precoz; Alejandro Magno había conquistado el mundo a los 32 años, pero murió a los 33-, y el otro apenas iba a empezar la etapa más importante.
Messi y Argentina tocaron fondo en 2018, en el mundial de Rusia. Calificaron como tercer lugar de su fase eliminatoria, y en la fase de grupos del mundial apenas empataron 1-1 con Islandia, fueron humillados 3-0 por Croacia, y calificaron con una agónica victoria ante Nigeria gracias a un gol de Rojo. Luego, apenas en octavos de final, Francia los dejó fuera con un marcador de 4-3).
Y como dice el protagonista de Violinista en el Tejado, lo bueno de que alguien ya no pueda estar peor, es que no le queda más remedio que mejorar.
Ahí fue el punto de quiebre, y tres años después las cosas habían cambiado totalmente. Paradójicamente, la razón fue que comenzó a llegar una nueva generación de jugadores, y Messi de pronto se vio en una situación similar a la de Maradona en 1982. Muy distinta en los detalles, pero idéntica en el trasfondo: no había más alternativa que ser el líder único, porque no había una nueva dupla (como Vila e Iniesta, o Neymar y Suárez) que funcionara como triunvirato romano (si seguimos con el símil de Roma, ya no había espacio para seguir siendo el líder de una república decadente, y Messi -como Augusto en su momento- no tuvo más opción que convertirse en emperador).
Así llegaron los títulos de la Copa América (2021 y 2024), la Copa de Campeones Conmebol-UEFA (2021), y el campeonato mundial en Qatar 2022. La cumbre. La apoteosis.
Ciertas diferencias entre Messi y Maradona se desdibujaron, y Messi pudo apreciarse como el líder de una selección que a fuerza de garra y orgullo lo gana todo (igual que Maradona antes que él). Otras, se acentuaron: Maradona como el líder precoz que alcanza la cima demasiado joven y luego viene el derrumbe, y Messi como el líder maduro que tuvo que esperar mucho tiempo para alcanzar la gloria. Todo eso tiene mucho que ver en que uno fuera el líder que luego se entregó al hedonismo, los excesos y el despilfarro (sobre todo, el de sí mismo), mientras el otro se consolidó como el pacífico hombre de familia, disciplinado y sano que si no está con su esposa y sus hijos, sólo quiere jugar futbol.
Todo esto es lo que hay que entender por qué lo que hizo Maradona ante Inglaterra no lo podía hacer Messi, y lo que hizo Messi ayer no lo habría podido hacer Maradona.
El primer abismo entre los dos es que Maradona hizo trampa, Messi no. De no ser por la profunda carga social y política que argentinos e ingleses cargaban por una Guerra de las Malvinas que todavía estaba demasiado fresca en la memoria, ese gol habría pasado a la historia como el epítome del juego sucio, y habría manchado para siempre el título ganado y la imagen de Maradona. Pero ese complejo contexto político no sólo eximió a Maradona de culpas, sino que lo convirtió en un héroe.
El segundo abismo es más interesante, porque es del todo futbolístico.
Maradona anotó contra los ingleses el mejor gol de su carrera, y uno de los más bellos de todos los mundiales (acaso sólo comparable al Gol Imposible de un Pelé de 17 años, en la victoria brasileña contra Suecia en 1958). Messi no anotó ningún gol, aunque dio dos asistencias, la segunda de ellas una absoluta genialidad.
La diferencia se deriva de algo muy lógico: Maradona tenía 25 años cuando metió ese gol. Toda su fuerza y, sobre todo, toda su velocidad estaban intactas.
Imposible para Messi hacer algo así, ya que llegó a la cita con la Armada Británica a los 39 años.
Pero Maradona a los 39 años no sólo no podría haber hecho una asistencia como la que hizo Messi para el segundo gol, sino que ni siquiera habría podido aguantar jugar un partido hasta la pausa de rehidratación. A esa edad, Maradona estaba acabado físicamente, y ya tenía dos años retirado.
Messi, en cambio, está en pleno uso de sus facultades como futbolista, salvo por esa velocidad juvenil que ya no es la misma, pero que tampoco se extraña porque su manejo del juego se ha perfeccionado en un nivel nunca antes visto (ningún jugador, ni siquiera Pelé, nos ha demostrado una evolución remotamente similar; es lógico: Messi pertenece a una generación en la que los avances científicos en el deporte permiten a los jugadores mantener su competitividad durante muchos años, algo que no sucedía en los 60's o los 70's; Pelé se retiró de la selección de Brasil a los 29 años).
Dos genios distintos, dos partidos, un mismo rival, un mismo marcador.
En un extremo, una Forza della Natura que a los 25 años estaba a una semana de conquistar la gloria, pero que luego ya no tendría el temple para seguir creciendo.
En el otro, un niño con espectro autista que a los 39 años ya alcanzó el clímax, pero que todavía tiene hambre de éxito y cualidades para seguir siendo el líder indiscutible de su selección.
¿Quién es mejor?
Si nos limitamos a la comparación del talento, es difícil escoger. Pero si contemplamos las decisiones personales que cada uno tomó o ha tomado, y las consecuencias de las mismas, Messi está por encima no sólo de Maradona, sino de cualquier otro futbolista que haya existido.
¿Qué va a pasar el domingo?
Difícil saberlo, sobre todo si tomamos a Maradona como referente.
Maradona alcanzó la gloria en 1986; volvió a llegar a la final del mundial en 1990, pero perdió. Eso anticiparía una derrota de Argentina en la final.
Pero Maradona hizo el gol más mágico de toda su carrera ante Inglaterra y ganó 2-1, y luego se coronó campeón contra la metódica, disciplinada, cerebral y aparentemente indestructible Alemania de Rummenigge. Messi -máximo asistente de toda la historia- acaba de hacer la asistencia más mágica de toda su carrera (ese segundo gol) ante Inglaterra y ganó 2-1, y ahora va a jugar contra la metódica, disciplinada, cerebral y aparentemente indestructible España de Yamal. Eso anticiparía una victoria para Messi.
Al final de cuentas, no se trata de cábalas. Esto no es magia. Es futbol, y ganará quien sepa resolver mejor el partido.
Aunque todos sabemos que Messi siempre hallará la manera de demostrarnos que, aunque esto sólo sea futbol, siempre hay espacio para la magia.
Te voy a contar una historia sobre una mujer que la historia dominicana olvidó.
Mandó en la Línea Noroeste durante treinta años, tuteó a tres presidentes y cayó en desgracia por amor a un nieto.
Esta es Isabel Mayer. Abro 🧵👇