🎤 ¡Y que más da, si mi equipo jugara en la luna, en Alcalá o en Tomares! 🎵
🏆 Nuestros vecinos juegan este domingo la ida de la final por el playoff de ascenso a 2 RFEF. 👏🏼
😜 Y si, este domingo somos un poquito del CA Central. ¿Todos sabéis por qué verdad? 🤫
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🏟️ Ciudad de Alcalá
Este no es un partido más.
Es una final.
Es el momento de llenar la grada.
🔥 Compra tu entrada, ponte la camiseta y ven a escribir una página más de nuestra historia.
#SoñarEsGratis#DaleCentral
🍿 Han pasado 24 horas de un día precioso para nuestro club. He aquí el resumen del partido en el programa Gol a Gol de @canalsur#SoñarEsGratis#DaleCentral
Hoy Rafa Jódar ha jugado contra Jannik Sinner, el número 1 del mundo, en cuartos del Madrid Open. Ha perdido 6-2, 7-6. Tiene 19 años.
Y lo que ha pasado en ese segundo set merece ser contado.
Jódar tuvo 7 bolas de break. Siete oportunidades de romper el servicio del mejor tenista del mundo. Sinner sacó un winner en cada una. No falló Jódar. Respondió Sinner. Diferencia importante.
El tie-break se lo llevó Sinner 7-0. Así acaba un partido contra el número 1 cuando tienes 19 años, llevas 3 meses de profesional y estás jugando en la Caja Mágica con Raúl González mirándote desde la grada.
Pero lo que me tiene pegado a esta historia no es el resultado. Es una imagen.
La imagen de su padre. Solo. En el banquillo. Sin nadie más. Una fila entera de asientos vacíos a los lados.
Mientras otros tenistas viajan con séquitos de entrenadores, preparadores físicos, psicólogos, nutricionistas, mánagers y analistas de datos, Rafa Jódar senior se sienta ahí solo. Él lo entrena. Él lo gestiona. Él planifica las sesiones. Él decide cada paso de la carrera.
Y cuando llega a casa, corrige exámenes. Porque es profesor de Educación Física en un instituto de Leganés.
Rafa Jódar hijo creció en Arroyo Culebro, un barrio humilde de Leganés. Entre parques y bloques de pisos. Ni academia de élite ni patrocinadores desde niño. Se formó en el Club de Tenis Chamartín y se fue a jugar a la universidad de Virginia. En enero estaba en el puesto 166 del ranking ATP.
Hoy es el número 34 del mundo. En tres meses. A 7 puntos de ser cabeza de serie en Roland Garros.
Lo que ha hecho en esos tres meses no es normal. Ganó el ATP 250 de Marrakech — el sexto español en ganar un torneo ATP con menos de 20 años, junto a Nadal, Alcaraz, Moyá, Ferrero y Robredo. Semifinales en el ATP 500 de Barcelona. En Madrid eliminó a De Miñaur, número 8 del mundo, y a Joao Fonseca.
Si ves vídeos suyos en Australia en enero y lo ves hoy, parece que han pasado 18 meses. No tres.
Y todo esto con su padre solo en el banquillo.
"Es mi entrenador desde niño, mi mánager. Somos uno. Yo siempre miro al box y solo está él. Y así es muy fácil."
El padre es quien le baja los humos. Quien le recuerda cada día que sigue siendo el mismo chaval de Leganés. "Que no me crea nadie que no soy."
Cuando Sinner terminó el partido, escribió en la cámara: "What a player." En rueda de prensa dijo: "España siempre ha tenido jugadores increíbles. Ahora tienen uno más."
El número 1 del mundo diciendo eso de un chaval de 19 años de Arroyo Culebro al que entrena su padre, un profesor de instituto.
Asusta pensar dónde puede llegar cuando se rodee de más profesionales. Pero algo me dice que su padre seguirá ahí. Solo. En esa fila vacía. Siendo lo único que Rafa necesita mirar cuando el partido se complica.
Hay historias que merecen ser contadas. Esta es una de ellas. Cuento más así en mi newsletter diaria gratuita 👉 https://t.co/OKv2ONco0a
En Sevilla se recuerda a Alberto Jiménez-Becerril, a su esposa, Ascensión García Ortiz, y al Dr. Cariñanos. Asesinados por los vuestros en nombre una puta nación que no existe. Maldito seas por siempre, escoria inmunda.
Tiene una cartera inmobiliaria de 25 mil millones de dólares.
La más grande del mundo.
Y no, no le esta alquilando la casa a tu primo.
Empresas como Apple, Amazon, Nvidia, Nike, Meta incluso le pagan alquiler a este hombre.
Sus inquilinos suelen ser las empresas más conocidas y sólidas del mundo.
En 1936, en un pequeño pueblo de España, abrió los ojos al mundo como hijo de una familia humilde.
Su padre se levantaba todas las mañanas temprano para ir a la vía del tren, su madre limpiaba casas ajenas para sacar adelante el hogar.
En casa, a menudo faltaba pan o esperanza.
Amancio ya de niño entendió lo que significaba la vida. El lujo era algo de un mundo lejano para él.
Un día fue con su madre al mercado. En el estante había unas pocas cositas que ella quería comprar. Pero al llegar a la caja, las manos fueron a los bolsillos, y no salió ningún sonido. En su rostro, esa vergüenza, esa impotencia…
Amancio nunca olvidó ese momento.
Esa noche, en su cama, tomó una decisión:
Yo también trabajaré.
Apenas tenía 14 años.
Llamó a la puerta de una pequeña tienda de camisas en La Coruña. Empezó como aprendiz. Llegaba temprano por las mañanas, y por las noches era el último en irse. Aprendió sobre telas, sobre cortes, sobre clientes. Con los años, se convirtió en alguien que conocía el sector de adentro hacia afuera.
Tenía grandes sueños en la cabeza, pero no se los contaba a nadie. Trabajaba en silencio, observaba y reflexionaba.
En 1963, fundó un pequeño taller.
Con su novia Rosalía, empezaron a coser albornoces y camisones. Hubo noches en que se quedaron trabajando hasta el amanecer frente a la máquina.
No tenía capital, no tenía contactos, pero tenía tenacidad.
Y esa tenacidad lo llevaría un día a la cima del mundo.
En 1975, abrió una pequeña tienda en una calle de La Coruña. Sobre ella, solo una palabra:
Zara.
En aquellos días, nadie podía imaginar lo que significaría ese nombre. Pero Amancio sabía que la gente quería vestir bien, solo que la falta de dinero se lo impedía. Diseñó ropa que parecía lujosa pero que todos podían permitirse. Lo que el cliente quería, en dos semanas estaba en la tienda. Era una velocidad nunca vista en el mundo.
Años después, el mundo de la moda lo llamaría “fast fashion”.
En la mente de Amancio, solo había una cosa: “¿Qué quiere la gente?”
Creció. La tienda se duplicó, de dos a cuatro, de cuatro a cientos. Tras Zara vinieron otras marcas;
Massimo Dutti, Bershka, Pull & Bear… Todas bajo un mismo paraguas: Inditex.
Mientras el mundo hablaba de ese holding, Amancio seguía bajando cada mañana a la cantina de la fábrica, sentándose entre los trabajadores y desayunando con ellos. Mientras se hablaban de miles de millones de dólares, él se sentaba a la mesa con un plato sencillo de comida.
Pasaron los años, la fortuna creció. Su nombre apareció en los primeros puestos de las listas de Forbes. Se convirtió en una de las personas más ricas del mundo. Pero nunca dio una entrevista. Nunca entró en redes sociales. Durante décadas, no había ni una sola foto suya en el ojo público.
Porque para Amancio Ortega, el alarde nunca tuvo cabida en su vida.
Aquel día en que su madre metió las manos en los bolsillos en el mercado, se encendió un fuego en el interior de un niño pequeño.
Ese fuego nunca se apagó.
Y ese fuego, al final, calentó al mundo.
La mayoría no tenemos el patrimonio de Amancio, ni las oportunidades de inversión.
Pero podemos invertir en empresas más pequeñas en las que el no puede acceder por su gran patrimonio.
Tenemos una ventaja.
Hablo de ello en mi newsletter.
https://t.co/kkBuOOkjw0
🔴 ÚLTIMA HORA | Nacidos en España, 40 millones de población con 18,9 millones de afiliados, tasa de actividad del 47,25%.
Extranjeros, 10 millones con 3,1 millones de afiliados, tasa del 31%.
Una diferencia de 16 puntos que resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que la población extranjera tiene una estructura de edad casi ideal para trabajar: edad media de 36 años frente a 44,5 de los nacionales, solo un 4,8% de mayores de 65 frente al 17,7% de los españoles, y más de la mitad concentrada entre los 20 y 39 años.
Los nacidos en España sostienen una tasa de afiliación mayor cargando con 8 millones de jubilados y varios millones de menores; los extranjeros, con una pirámide demográfica sin apenas dependientes, se quedan en el 31%.
Los católicos no no apropiaremos del espacio público, porque el espacio público ya es nuestro. Esto es España y comparar la Semana Santa con el Ramadán no es una posición neutral, sino aquella que busca, bajo el mantra de la libertad religiosa, atacar la Fe del pueblo español.
En Barcelona, España, unos padres pierden la custodia de sus dos hijas menores por no poder pagar deudas y quedarse sin hogar. El Estado pasa a ser “protector” de ambas niñas hasta que sean mayores de 18 años.
Las recluyen en un centro de protección público donde una de ellas, entonces de 13 años, es violada por varios menores extranjeros en múltiples ocasiones.
Ella cae en depresión y, cuando sale de allí, decide saltar de un quinto piso para quitarse la vida. Sin embargo, falla y queda paralizada de la cintura para abajo, con dolores insoportables y una depresión tremenda.
Decide entonces solicitar la eutanasia (muerte asistida) al Estado, pero sus padres, en especial su papá, inician querellas para que los tribunales desestimen su caso.
Sin embargo, el Estado que le falló alejándola de sus padres, el mismo que la recluyó con menores extranjeros de otro sexo y no la protegió de las agresiones sexuales que vivió, el que no encerró a uno solo de sus victimarios y el que no la apoyó con tratamientos médicos ni físicos para evitar su sufrimiento posterior, decide entonces aprobar su muerte asistida.
No la están ayudando. No están siendo compasivos. Están borrando pruebas de su negligencia.
La eutanasia es un derecho, sí. Pero la vida digna y la justicia, también. Noelia Castillo no la tuvo.
En unas horas, el Estado, aprovechándose de su vulnerabilidad, le quitará la vida.
Cuando en 2014 el gobierno de Mariano Rajoy decidió sacrificar al perro Excalibur, cuya dueña padecía el muy contagioso Ébola, la izquierda se rasgó las vestiduras y convocó manifestaciones en 24 ciudades.
Hoy, el gobierno de Sánchez va a “sacrificar” a Noelia, después de haberla entregado a un grupo de tutelados que la violaron. El silencio de la izquierda es atronador y vomitivo. Cada día dan más asco…