Nuestra generación está tan convencida de que siempre habrá algo mejor, que terminó olvidando cómo cuidar lo que ya tiene. Se nos olvida que los vínculos no se encuentran, se construyen y se cuidan.
Pasar de "me la juego por la vida" a "vamos a hacerle la vida imposible" evidencia que lo primero fue solo un eslogan de campaña; lo segundo el verdadero sentir del petrismo.