Una de las sensaciones más difíciles es acostumbrarte a la ausencia de alguien que antes formaba parte de tu día a día. Pasar de hablarle constantemente, compartir tus momentos, tus risas y tus pequeñas cosas, a tener que aceptar que ya no está de la misma manera.
Se creen un partidazo porque madrugan para ir a trabajar y pueden comprar cosas materiales. Pero no saben comunicarse, no saben canalizar sus emociones, no ofrecen paz y se niegan a sanar sus traumas.
Vi a una chica en tiktok diciendo: “él nunca supo que podía acompañarlo a todos sus sueños, porque nunca me invitó a soñar con él”. Y me quedé pensando en cuántos planes hice en mi cabeza para alguien que nunca me hizo lugar en los suyos.