Muchas parejas utilizan esta estrategia por miedo, orgullo o incluso por no asumir la responsabilidad de ser quienes pongan punto final a la relación.
Poco a poco empiezan a alejarse, disminuyen la comunicación y generan una distancia hasta que, sin una conversación clara, todo termina.
Es una forma de actuar poco madura, porque evita enfrentar una realidad que merece honestidad, respeto y una conversación de frente.