Fuimos hasta Chile a buscar a la empresa que la ONPE contrató para auditar las elecciones del Perú.
Tocamos la puerta de su dirección internacional… y encontramos una hoja escrita a plumón que decía: “SPA”. 👀
En Lima no tienen oficina física. Y su representante… ni siquiera vive en la dirección que registra.
Casi S/ 1 millón para auditar unas elecciones… con apenas 2 trabajadores.
#BetoASaber #TeCuento
El @JNE_Peru llama “impacto marginal” a 541.364 electores sin votar por fallas. ¿Marginal? Con solo 23 mil votos de diferencia entre el 2do y el 3ro, y con fallas concentradas en Lima, bastión de López Aliaga? Sin complementarias, estas elecciones están deslegitimadas #Fraude
🚨 Sres del Pleno del @JNE_Peru#Burneo#Maisch#Torres y #Oyarce tengan un poquito de dignidad y mínimamente cumplan su propia Resolución 182-2025-JNE 👀👇no nieguen lo evidente en Lima las actas NO tuvieron cadena de custodia. Urgente dispongan #Recuento de actas 👀👇
¿Querían dejar sin trabajo a un joven por dar su opinión? La controversia crece y muchos cuestionan la actitud de Rosa María Palacios y Marco Sifuentes.
El debate sobre la libertad de expresión vuelve al centro de la discusión. 🇵🇪
#Perú#LibertadDeExpresión#Polémica #Actualidad #PerúUnido #Junin #CrisisElectoral #RenovaciónPopular #BetoOrtiz #NoticiasPerú #PerúDespierta #DebatePolítico #Justicia
Si usted cree que el chavismo se va a salir con la suya y que lo que está pasando en Venezuela es más de lo mismo, le recomiendo leer lo siguiente.
El régimen de Maduro pende de un hilo. 🧵
La comunidad internacional solo existe para salir un momento a defender a los negros, los palestinos y los homosexuales, sobre todo en períodos cercanos a las elecciones de sus países. Quien creyó que habría intervención humanitaria en el caso de Venezuela tras el robo de las elecciones volvió a sumergirse en el mar de la inocencia. Desde 1960, la OEA y la ONU han recibido denuncias documentadas de abusos, torturas, suicidios, asesinatos y encarcelamientos en la Cuba castrista; y nada ha pasado. Al contrario, la comunidad internacional casi llega a un sueño orgásmico con el hijo de puta de Fidel Castro y el asesino maloliente de Che Guevara.
La comunidad internacional acepta y asume lo que ocurre en Corea del Norte, al igual que los abusos y las violaciones de los talibanes, o el incesto y la pedofilia en países subdesarrollados y en varios casos de naciones poderosas. La comunidad internacional es una guarida de ladrones malparidos y un centro de delincuentes que se reúnen, entre desayunos y almuerzos, para ver cómo seguir jodiendo a los demás e inflar sus globos eternos de convenciones, declaraciones, actas, acuerdos.
A nadie le importa lo que ocurre en Cuba desde 1959, ni el cáncer que Fidel Castro exportó a Chile, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Venezuela, México, por solo citar algunos ejemplos. Ya cayeron las tendencias sobre las elecciones en Caracas, ya se consumó lo que acerté a decir mucho antes de la votación. Ya Estados Unidos se lavó las manos con un reconocimiento artificial de Edmundo González como presidente electo. Ya Venezuela puso muertos, heridos, torturados, encarcelados. Ya el ciclo volvió a empezar.
Si no eres negro, gay o palestino, nadie hace campaña por ti. Yo, que soy negro, pero ni homosexual ni palestino, me cago en cualquier campaña que intenten hacer para «representarme» como «raza oprimida». Yo no necesito compasión. Si acaso, y sé que es mucho pedir, yo necesitaría una fuerza divina que se llevara de un tajo a todos los comunistas, socialistas, izquierdosos, pedófilos, tiranos, dictadores, vagos, hipócritas y pedigüeños del mundo.
Tuve una sola muda de ropa.
Tuve zapatos rotos con el dedo gordo casi afuera.
Tuve mañanas sin desayuno y tardes sin comida.
Tuve que evitar las visitas de mis amiguitos porque me daba pena que vieran en qué condiciones vivía.
Tuve que bañarme encima de una piedra con heces fecales y roedores a mi alrededor.
Tuve que dormir apretado contra una esquina para esquivar las goteras del techo que se filtraba.
Tuve que ver cómo a mi padre se le jodía la columna rompiendo tantas veces el frente de mi cuartucho para destupir la fosa que pasaba por debajo.
Tuve que padecer la tristeza de mi madre sin cabello y con sabor metálico en la boca por los sueros citostáticos que combatieron su cáncer de mama.
Mientras todo esto me pasaba, también tuve que gritar «¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Che!», tuve que responder las preguntas de las pruebas de Historia con mentiras sobre la revolución cubana y con más mentiras sobre Fidel Castro.
Dejé de tener tantas cosas, pero nunca me faltaron los discursos, las muelas políticas, el adoctrinamiento, el chantaje académico y el empuje a que agradeciera todo, que era nada.
Cuando tenía hambre, no podía comer.
Cuando mis amiguitos tenían hambre, esperaban el primer cumpleaños que hubiera cerca para llevarse todas las cajitas posibles para ellos y sus madres.
Cuando caía la tarde y la noche se acercaba, mi barrio se volvía una zona violenta, con tiros, machetes, botellas lanzadas, putas, chulos y drogas. Pero me decían que vivía en el país más seguro del mundo.
Cuando se prendía el televisor, que demoraba más de 45 minutos en calentarse y mostrar imágenes en blanco, negro y gris, solo había muñequitos rusos, películas rusas y programas políticos, o series y novelas que se habían estrenado cinco siglos antes. Pero me decían que yo vivía en el pueblo más educado y culto del mundo.
Me quedé esperando el ataque nuclear de los americanos y el vasito de leche prometido por Raúl Castro.
Me quedé esperando a que terminaran de construir el socialismo y a que la gente del otro lado del Muro de Berlín invadiera Cuba para enseñarles mi solar y mi cama con colchón podrido y un ladrillo como pata para sostenerla.
Me quedé esperando por el próximo año, cuando me prometían que todo iba a estar mejor.
Me quedé esperando por las «manchas» en el expediente, que iban a ser tan grandes que yo no podría llegar a la universidad y estudiar.
Me quedé esperando por una explicación convincente de que por qué José Martí fue el autor intelectual del ataque, hoy considerado terrorista, a una instalación militar en Santiago de Cuba.
Y mientras yo esperaba por estas y otras muchísimas cosas, hubo niños, como yo, que repetían mi ciclo de vida una y otra vez. Que tenían una sola muda de ropa, un solo par de zapatos rotos, mañanas sin desayuno y tardes sin comida. Sin embargo, a pesar de esas carencias, a ellos tampoco les faltaron los discursos, las muelas políticas, el adoctrinamiento, el chantaje académico y el empuje a que agradecieran todo, que era nada.
En Cuba, llegamos a normalizar las idioteces de Fidel Castro, tildándolo de loco, rey Midas del desastre, sabelotodo, maestro de nada. Detrás de las burlas, o de la complicidad de algunos, se escondían los abusos, las detenciones, los fusilamientos, los destierros, las torturas.
Cuando salía en la TV nacional explicando cómo usar una hornilla eléctrica, una olla de presión o un bombillo ahorrador, el público se reía a carcajadas como bufón. En las casas, la gente también se reía. Detrás de eso, se seguían escondiendo las humillaciones, los arrestos arbitrarios, el acoso.
A Díaz Canel lo llamamos singa'o, bruto, inepto, y nos reímos de la idiota de su mujer, pero detrás de las burlas y los memes sigue ocurriendo todo lo que pasaba cuando Fidel Castro.
Ahora con Maduro, el libreto es similar. Pasaron las elecciones, la calle se calentó, se volvió a enfriar por la represión, las detenciones, los asesinatos. Pero está ocurriendo algo peligroso: normalizar sus aparentes locuras o desquicies cuando habla de desinstalar una aplicación, o cuando habla inglés, o cuando quiere burlarse de Elon Musk. Se van a salir con la suya. Lo advertimos hace 26 años y nadie hizo caso. No soy adivino, pero dije mucho antes de las elecciones que el fraude iba y él se declararía ganador. Así fue. Ojalá no sea tarde.
Este es el sufrimiento del pueblo cuando la izquierda asesina toma el poder absoluto en un país. Me queda claro que los venezolanos derrotarán a Nicolás Maduro este domingo.
LA MERECIDÍSIMA MUERTE DEL CHE GUEVARA. Otras fotos menos conocidas. Todas estas imágenes deberían aparecer en los libros de texto que denuncien los crímenes del Carnicero de La Cabaña. Las pruebas son irrefutables, contadas por testigos presenciales y documentadas íntegramente. Pero los zurdos idiotizados y los homosexuales del siglo XXI siguen adorando en sus pulóveres y tatuajes a quien no dudaría en fusilarlos antes de que abran la boca para pronunciar su fatídico nombre.
#EstampasDeMiCuba - Este engendro maligno, que se pasó toda la vida dando discursos kilométricos, divagando sobre cualquier tema, esquivando preguntas y respuestas para parecer inteligente y pidiéndole sacrificios al pueblo en aras de un socialismo que él jamás practicó para sí y su familia, decía estas palabras el 7 de enero de 1959 en el parque La Libertad de la ciudad de Matanzas, en su recorrido hacia La Habana: «Los tiempos de los discursos se acabaron, los tiempos de la politiquería se acabaron, los tiempos de la demagogia se acabaron, los tiempos de las promesas falsas y de los golpes de pecho se acabaron (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). Se acabaron los politiqueros, los esbirros, los confidentes, los dictadores. Aquí no queda más que una sola cosa: pueblo».
Y seguía: «Los dictadores vivían engreídos de que podían permanecer indefinidamente en el poder, de que bastaba con tener sobornados a los generales y a los coroneles, repartir billetes de lotería y prebendas de todas clases, permitir que los coroneles se enriquecieran con el juego ilícito, con el robo y el chantaje, con la picada y con la excedencia; creían que permitiendo las piraterías... (SALTO EN LA GRABACIÓN)... que mandaban soldados y tenían las armas en la mano, mantenerlos incondicionalmente... (DEL PÚBLICO LE DICEN ALGO.) No, yo no soy el hombre, yo soy un servidor de mi pueblo, sencillamente (APLAUSOS)».
Y tener entonces que aguantar a un idiota extranjero, que nunca lo vivió ni lo padeció, alabando a la mal llamada «Revolución» cubana, genera una ira incontenible.
#EstampasDeMiCuba - Aunque se haya escrito mil veces, siempre es bueno recordarlo, sobre todo para aquellos que no son cubanos y para los idiotas que tanto alaban a la fallida «Revolución» cubana.
Este ser despreciable, además de censurar, encarcelar y asesinar, llegó robándose y confiscando todas las propiedades existentes en el país, que en su mayoría eran de empresarios cubanos, por mucho que se hayan empeñado en querer mostrar a Cuba como «colonia yanqui».
Desestabilizó toda la región y el continente con la infiltración castrista en esos países, entrenando y armando a grupos terroristas para derrocar gobiernos que no eran de su agrado.
Este ser prohibió la música estadounidense y el idioma inglés.
Prohibió las Navidades, desterró las religiones y expulsó a 136 sacerdotes.
Cerró y expropió sin compensación alguna todos los pequeños negocios que sobrevivieron a la primera redada de «nacionalizaciones», incluidos puestos de frituras, costureras, zapateros, quincallas, bodegueros, etc.
Se reunió con los intelectuales del país para trazar, por voluntad propia y sin consultar a nadie, la llamada «política cultural de la Revolución», que se tradujo en manipulación, lavado de cerebro, adoctrinamiento y censura.
Encerró en las UMAP a los homosexuales, religiosos y desafectos al sistema, obligándolos a realizar trabajos forzados para «enderezarlos».
Decidió que las universidades eran «solo para los revolucionarios» y expulsó de estas a quien tuviera el pelo largo, escuchara música en inglés, hablara de los Estados Unidos, usara pitusas (jeans) o camisas apretadas, mascara chicle o, simplemente, tuviera ideas diferentes.
Reclutó a jóvenes inexpertos para crear brigadas militares, de «trabajo voluntario» y de una supuesta campaña de alfabetización que terminó siendo una tremendísima estafa.
Vendió el país a los soviéticos, les chupó más de 4 mil millones de dólares anuales durante 30 años y lo único que recibió el pueblo cubano fue un poquito más de comida y la promesa interminable de que «ahora sí vamos a construir el socialismo».
Desde la década del 60, incentivó y azuzó el odio, la discriminación, la humillación y la envidia del cubano hacia otro cubano con la creación de los CDR, la cuna de la chivatería caribeña, hasta la llegada del éxodo del Mariel en 1980.
Desterró, separó, desunió y destruyó familias enteras, a las que despojó de sus propiedades, incluso hasta del último blúmer o el último par de medias que poseían, que debían ser inventariados para poder recibir la autorización de salida.
Públicamente y en repetidas ocasiones, calificó a los cubanos emigrados como parásitos, lumpen, escoria, gusanos, a los que luego les lloraba sus dólares cuando la URSS desapareció.
Encarceló a muchos cubanos por poseer dólares, los que luego despenalizó sin conmutar la sentencia de esas personas condenadas anteriormente.
Prohibió el consumo de carne de res.
Su régimen era más severo con un vendedor de carne o con un matarife de reses que con un violador, un abusador de menores o un homicida. Ir a la cárcel era más fácil si abrías la boca para criticar al sistema que si incendiabas una casa o asesinabas a una persona.
Prohibió que escucháramos a Oscar de León, José Feliciano, Celia Cruz, Willy Chirino, Gloria Estefan, Julio Iglesias, Albita, Mike Porcel, Amaury Gutiérrez, Bebo Valdés, Paquito D'Rivera, Arturo Sandoval, Olga Guillot y muchos otros.
Decidió qué programas ver, qué películas podíamos consumir, qué estaciones de radio escuchar, cuánta leche podíamos tomar, cuántas libras de arroz podíamos tener, cuántas mudas de ropa podíamos comprar, cuántos juguetes los niños podían llevarse a casa, cómo hacernos aprender a escribir y a leer utilizando su nombre y sus frases. Mientras había un discurso kilométrico de él por televisión, encadenada en toda la nación, se paralizaba el país. No había función de cine o carnavales en las celebraciones del 26 de julio hasta tanto él no terminara.
Los ejemplos serían infinitos, inacabables, inauditos, increíbles, irracionales. Si este ser estuviese vivo, no habría permitido el uso de las redes sociales. Le tenía pavor a la libertad de los demás, a que abrieran los ojos y se informaran.
Recuerdo que en 2013, cuando el otro adefesio de Raúl Castro, que lo sucedió en el poder, tomó la decisión —y lean bien— de a) dejarnos entrar a los hoteles en Cuba siendo cubanos, b) autorizar el uso de Internet, c) permitirnos sacar una línea de telefonía móvil y d) eliminar el requisito del permiso de salida, hubo gente que me comentó que «a Raúl le gusta la tecnología», «él es más moderno». Tal era el nivel de imbecilidad y adoctrinamiento de muchos cubanos.
Pero Fidel Castro será siempre recordado como el mayor hijo de puta del continente y del mundo, en mi opinión, que nos privó de la libertad y de la posibilidad de soñar y prosperar, como venían haciendo las generaciones anteriores a la nuestra. Y los cubanos seremos siempre recordados como los dóciles habitantes idiotizados que nos burlamos de los valientes presos políticos, de los plantados, de los miembros de la Brigada 2506 y de los que gritaron ¡Viva Cristo Rey! cuando las balas caían sobre sus pechos en La Cabaña. Seremos recordados, a pesar de esos intentos por derrocar la tiranía, como los que bajamos la cabeza y montamos sobre nuestros hombros al caudillo, que a medida que avanzaba con el clamor frenético de los veían por sus ojos, nos hundía y aplastaba con su desprecio hacia el cubano de a pie.
A mí ningún libro me abrió los ojos ante el comunismo. Yo lo sufrí en vivo y en directo, y en todas las escalas de negro y gris.
Yo no detesto el socialismo por un documental extranjero que me mostró sus calamidades y crímenes.
Yo nací en medio de una calamidad, crecí entre calamidades y mi futuro, de haberme quedado en Cuba, habría sido otra calamidad.
Yo no tuve que leer a Marx y Engels para entender cuán fallida es la ideología socialista.
Yo pasé un posgrado, una maestría y un doctorado en inventos, planes, emulaciones, obras de choque y discursos baratos.
No necesité de una película, ni de un testimonio, ni de una investigación periodística para saber que las verdades se manipulan y tergiversan.
Yo nací en medio de una mentira y viví toda mi mala vida en Cuba en la mayor fábrica de absurdos e idioteces del continente.
A mí no vino ningún erudito o señor «leído y escribido» a contarme cómo sería la vida con un sistema socialista.
Yo aprendí a leer, de forma obligatoria, recitando las grafías CH, F, R y otras para repetir Che, Fidel y Revolución.
Yo no soy un experto en socialismo y comunismo. Yo soy una víctima directa de las dos doctrinas, a quien no pudieron quebrar hacia la mezquindad de sus intereses, pero que tuvo que ver la película casi completa hasta los créditos sin poder levantarse de la butaca.
Por ende, y para concluir, zurdo idiotizado que me lees, ya sea desde México, Nicaragua, Venezuela, Chile, Uruguay, Bolivia, Argentina, Estados Unidos o la vieja Europa, cuando tú nacías con todas las condiciones brindadas por ese sistema que ahora detestas y contra el cual protestas a diario sin dejarlo, mi madre no tenía pañales para ponerme y la insalubridad de mi solar era un espanto para ella y su bebé recién parido.
Cuando tú crecías asumiendo por descontado que la electricidad era un bien garantizado, yo hacía las tareas escolares con un mechón o una vela rancia y mi techo se llenaba de hollín.
Cuando tus cumpleaños se llenaban de regalos, amiguitos y comida, a mí me daba pena celebrar los míos e invitarlos a ellos a mi bajareque.
Cuando tú ibas a un colegio privado, o a cualquier escuela pública, si así lo decidías, y estudiabas sin presión, yo tenía que decir «¡Pioneros por el comunismo!» y terminar cada prueba de Historia dándole vivas a la «Revolución».
Cuando tú empezaste a leer El capital y a hundirte en la sarta de estupideces de los fundadores del marxismo, a mi madre hace rato que la explotaban en su trabajo y mi padre nunca pudo satisfacer mis necesidades, sin hablar de las propias.
Cuando en tu primera juventud sentías ese fuego rebelde de atacar al capitalismo, hacía años que yo no sabía qué era una papa frita, un bistec de res, una muda de ropa nueva y un regalo para mis padres.
Zurdo idiota, no te deseo mal (¿o debería), solo quisiera, con todas las fuerzas de mi corazón, que ahora mismo amanecieras en Cuba, como un cubano de a pie, y no puedas salir de esa pesadilla nunca más, para que defiendas al socialismo desde su trinchera apestosa, maloliente, mugrienta y súper mega «revolucionaria».
Me encanta escuchar a @myriambregman hablar de su lucha por las mujeres porque cuando el feminismo no era negocio, votó en contra de la prisión efectiva para violadores. 💚
La gente se caga de hambre porque ustedes durante décadas defendieron un modelo que se basaba en gastar sin límites y falsificar dinero para tapar el agujero. El resultado es un país destruido con 60% de pobres. ¿De que sirve lo que estamos haciendo? Sirve para reconstruir el país que ustedes destruyeron...
VLLC...!!!
#PorUnaCubaLibre#CubaEsUnaDictadura - Este fotomontaje se ha hecho con imágenes de algunas de las víctimas fusiladas directamente o mandadas a fusilar por el asesino del Che durante su paso por La Cabaña. El documental 'Che: el otro lado de un ídolo' desmonta su mito totalmente.
CHE GUEVARA, EL CARNICERO DE LA CABAÑA. El padre Javier Arzuaga, capellán de La Cabaña, lo narra así: "Él nunca trató de ocultar su crueldad; por el contrario, cuanto más se le pedía compasión, más se mostraba cruel". Aquí te muestro un listado parcial de sus víctimas. Abro hilo.