He visto varios perfiles que publican: «Tengo hambre de conexión intelectual». ¿Será un apetito genuino o mera pose para darse ínfulas? Porque el verdadero hambriento de intelecto no lo presume, sino que abreva directamente de las fuentes, comparte lo que aprende y propicia el debate genuino y respetuoso sin ánimo de imponer su sesgo cognitivo. En fin, la hipotenusa.
Camus distinguió entre aceptar intelectualmente el absurdo y resignarse ante él. Su respuesta al absurdo no consiste simplemente en abandonar la búsqueda, sino en vivir sin convertir la falta de una respuesta definitiva en una razón para dejar de vivir.