A mí me encanta invitar. Ojalá tuviera más plata para poder pagar siempre y decir: "Pidan lo que quieran". Me hace feliz compartir la mesa con la gente que quiero.
Mi verdadero imperio romano es la disculpa que les debo a todos esos chicos que intentaron amarme de manera bonita mientras yo me humillaba intentando amar a alguien inmaduro que no sabía ni lo que quería