Excluir a Santos y a Samper de la posesión presidencial no demuestra grandeza, demuestra pequeñez.
Qué cabeza tan chiquita la de Abelardo, paradójicamente.
Prometieron recortar el Estado un 40 %, pero lo primero que hacen es abrir una nueva sede presidencial en Barranquilla con plata de los colombianos. La austeridad quedó solo en el discurso.