La derecha tiene de presidentes a un pedófilo, un matagatos, una hija de dictador, un hijo de un nazi y un desquiciado sionista.
La izquierda tiene de presidentes a un profesor, un obrero y una científica.
La brecha moral es abismal.
Mi núcleo familiar (madre, padre, hermano y yo) votamos por Cepeda, y aunque nos sentimos amagullados por el resultado, me alegra que estemos los 4 para resistir entre nosotros alineados como familia diversa y que podamos seguir soñando con el país que merecemos. 🫰🏻🇨🇴
La que realmente preocupa es que una persona tan frivola, egoísta, autoritaria, que solo vive de redes sociales, que solo vive en su burbuja de privilegio, que miente, que es homofobica, que es hipócrita, que odia a los pobres, etc, quiera dirigir una ciudad como la CDMX.
👆🏽Cada vez más sincera, alcaldesa.
Celebras el ‘triunfo’ de una persona de ULTRADERECHA y celebras el ‘avance’ de la derecha en America Latina. Recibes a personajes que representan el conservadurismo en el mundo y muestras admiración. Casa vez es más clara tu posición ideológica, ¡qué bueno!, para que nadie se confunda.
Esto que dijo Iván Cepeda en el streaming con Yeferson Cossío es muy cierto: —"hay una violencia a la clase baja del país, y cuando ésta sale de allí se avergüenza de haber pertenecido a esa clase baja y lo manifiestan en distintas formas."
El mejor ejemplo de ésto son los futbolistas y cantantes de origen humilde, que por vergüenza a haber sido pobres reniegan de esa misma clase una vez tienen éxito en sus vidas; les es más difícil pensar colectivamente ya que la vida cómoda que llevan les sesga esa visión colectiva.
Por eso no debemos percibir como raro que cantantes y futbolistas apoyen a la derecha: se les olvidó de donde vienen y les da vergüenza.
¿Qué le pasa a Latinoamérica?
A veces siento que estamos atrapados en una especie de síndrome de Estocolmo colectivo. Votan una y otra vez por proyectos políticos que desprecian aquello que podría garantizar una vida más digna para las mayorías: el Estado, los derechos sociales, la igualdad de oportunidades, la inversión pública, la idea misma de comunidad.
No logro entender cómo la mitad de la población de cada país termina defendiendo discursos que nos dicen que el problema son los pobres, los trabajadores o quienes exigen derechos, mientras se entrega sin cuestionamientos la soberanía económica, los recursos naturales y las decisiones estratégicas a intereses externos.
La influencia de la geopolítica de Trump y de las nuevas derechas es innegable, pero esto ya no parece un fenómeno aislado. Es un patrón.
Y me pregunto cuánto tiene que ver el ecosistema digital en todo esto: la política convertida en espectáculo, los algoritmos idealizando estilos de vida particulares, la simplificación extrema de problemas complejos y una generación entera formándose más en TikTok que en espacios de reflexión colectiva.
No soy politóloga, y quizás por eso hago esta pregunta con genuina preocupación: ¿cómo llegamos a un continente tan polarizado? ¿Cómo dejamos de discutir proyectos de sociedad para empezar a vernos como enemigos irreconciliables?
Alguien explíqueme porque enserio que indignante y simplemente no comprendo.
Más que buscar culpables, creo que las izquierdas tenemos una enorme tarea de reconstrucción. Urgente!
Porque esto ya no se trata de una elección de un país. Se trata de entender qué mismo está pasando con América Latina.
Los mismos personajes que felicitaron a Milei y luego lo negaron son los mismos que están felicitando a Abelardo. O no aprenden o simplemente ya les vale.
El caso de Colombia pone en evidencia que cualquier gobierno de izquierda que llegue a gobernar, lo primero que debe hacer es invertir en educación.
La ignorancia es aliada de la ultraderecha.