Tengo un enjambre de abejas que se han trasladado a su finca y tengo derecho a perseguirlo según el artículo 612 del Código Civil.
La policía queda boquiabierta y el vecino más.
Ese día aprendí que cada abeja vive en su colmena, y no se mete en la ajena. O no debería.
Decidir un día en la carrera que quieres ser fiscal y que la organización de temas, las vueltas y cantar delante del Tribunal Supremo sea un problema de mi yo del futuro me parece de ser un hijo de puta de mucho cuidado.