Corazón mío,
No sé en qué instante
te volviste costumbre de mis latidos.
Solo sé
que pusiste al mío tan desenfrenado
que hizo de cada vena y de cada arteria su refugio,
como si siempre hubiese estado esperándote.
Desde entonces,
mi corazón dejó de pertenecerme.
Ahora pronuncia tu nombre
en cada latido silencioso,
y encuentra en vos
esa calma extraña
que solo conocen quienes aman de verdad.