If someone thinks submission in BDSM is a sign of weakness or defeat, it just means they’ve never truly understood it.
The submissive role is fascinating for you - intense, cleansing, almost therapeutic.
We both operate within rules and boundaries we’ve agreed on together.
You’ve handed over decision-making to me. You have to listen to me, whether you like it in that moment or not. Will your behaviour have consequences? Of course it will.
You might earn a reward, praise, the chance to continue taking part in the game. Or you might be punished.
Though I know that, for you, those punishments feel more like rewards. I know when you’re behaving that way on purpose.
Our games will never be about frightening you. They’ll always be about consciously building a dynamic: instruction - response - consequence.
You feel that your behaviour matters. That you’re being watched. That I enforce the rules.
That turns you on, doesn’t it?
Todo fã de One Piece deveria experimentar a sensação de conversar com alguém que realmente compreende a obra, que tem teorias e análises, e que é tão apaixonado pela série quanto você. Essa interação é uma das melhores sensações que já vivi
La soledad es el lujo más caro de una mujer que sabe exactamente qué hacer con ella...
Después de un día de consultas, diagnósticos y gente por todas partes, cerrar la puerta de mi casa y quedarme a solas es mi verdadero clímax. Mi colega me decía hoy, mientras salíamos del consultorio, que ella no soporta el silencio. Yo, en cambio, le sonreí sabiendo lo que me esperaba.
A mis 44 años, estar sola no es vacío, es libertad. Me despojo de la bata, dejo el vestido corto a un lado, retiro lentamente mi tanga y camino desnuda por mi sala, sintiendo el aire frío en mis senos. Sin nadie que me interrumpa, mis manos se vuelven mis mejores cirujanas: recorren mis curvas con una lentitud que ningún amante ha logrado igualar.
Me pierdo en el roce de mis propios dedos, explorando mi intensa humedad mientras el silencio de la casa amplifica cada gemido. Es un erotismo exótico, casi sagrado; el placer de tocarme sabiendo que soy la única dueña de mis leyes y de mis orgasmos. No hay prisa, no hay protocolos, solo yo y este hambre que solo mi propia intimidad sabe saciar.
Al terminar, relajada y con el pulso aún vibrando, me quedo mirando el techo y me pregunto cómo es que hay mujeres que le temen a este silencio.
Pregunta seria: ¿Realmente hay gente que también disfruta pasar todo el día en casa, sola y sin hablar con nadie?