No solo digas "Dios ayúdame a cumplir mis sueños" sino: "Dios ayúdame a entender lo que quieres para mi, y si algo de lo que te pido no te agrada, aunque mi corazón lo desee, no permitas que lo pueda conseguir".
Cuando finalmente entiendas que el comportamiento de una persona habla más de su guerra interior que de tu valor, aprenderás a no acumular más cargas que no te pertenecen.