Si usted hoy tiene la bendición de poder dormir en su propia cama, dentro de su hogar, junto a los suyos, dele muchas gracias a Dios, porque otros hoy no tienen esa misma fortuna.
“La desinformación se propaga rápidamente en redes sociales y puede causar paranoia colectiva y reacciones peligrosas, como casi linchar a alguien por un rumor falso”, dijo el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, sobre el caso del ciudadano estadounidense capturado por el caso con el menor en el norte de Bogotá. #VocesySonidos
Imagínense por un momento que medicina legal niegue el abuso (la valoración no es solo física), y esos tres hermanos que iban a ser adoptados por una pareja extranjera, sin ser separados, pierdan esa posibilidad por una percepción equivocada aunque haya sido bienintencionada.
He estado reflexionando sobre el cubrimiento que se ha hecho del presunto abuso sexual de un niño en Bogotá y la conclusión es simple: fue profundamente irresponsable.
Durante horas circularon videos, imágenes, versiones y detalles sensibles sin que pareciera importar el impacto que esa exposición podía tener sobre el niño. Muchos olvidaron algo fundamental: una prueba es para las autoridades, no para las redes sociales.
Cuando se trata de niños, no basta con ocultar un rostro. También hay que proteger su intimidad, su dignidad y su derecho a no ser expuestos públicamente. La búsqueda de justicia no puede terminar convirtiéndose en una nueva forma de vulneración.
Este caso demuestra que hace falta una discusión seria sobre cómo los medios de comunicación, influenciadores y usuarios de redes sociales cubren situaciones que involucran a niños. La velocidad, la indignación y el afán de publicar no pueden estar por encima de los derechos de la infancia.
Denunciar sí. Investigar sí. Exigir justicia sí.
Pero siempre protegiendo a los niños.
¿Cuál es la razón para publicar masivamente las imágenes de un niño siendo abusado? Eso solo revictimiza al menor. Proteger a los niños implica también respetar su dignidad.
Exijamos justicia sin exponer a la víctima, que es un pequeño indefenso.
Lo feliz que fui volviendo a Pasto después de casi dos años sin venir es indescriptible. Que alegría ver a mi ciudad creciendo tanto, que el Carnaval haya sido tan especial y tantas personas se sigan enamorando de nuestra cultura. ❤️💙
Hoy llevé a mi perro rescatado a la peluquería canina por primera vez. No dejaba de mirarme para asegurarse de que no me hubiera ido. No quiere volver a ser abandonado.