El 30 de abril de 1945 soldados del ejército rojo plantaron la bandera sovietica en lo más alto del Reichstag, corazón de la capital de la Alemania nazi…
El verdadero éxito de un candidato en el entretenimiento de masas no se mide por lo que gana, sino por lo que no pierde.
La visita de Pedro Sánchez a La Revuelta es un ejercicio clásico de manual de spin doctoring: acudir a un formato de máxima exposición televisiva y salir de él desactivando cualquier flanco de ataque inmediato para los adversarios.
En un contexto hiperpolarizado, el mayor peligro era el error no forzado. Al combinar una autocrítica calculada en asuntos complejos con el código distendido de Broncano, el candidato socialista neutralizó de raíz los titulares explosivos que sus rivales esperaban para abrir informativos y montar campaña.
La mejor prueba de esa eficacia táctica es el descolocamiento del Partido Popular. Al no encontrar munición gruesa con la que armar una respuesta institucional u organizada, la oposición ha tenido que conformarse con la ironía menor en redes sociales y con esquivar el propio formato.
Con un récord histórico de audiencia y el rival cediendo todo el foco mediático por prudencia, no cometer fallos se convierte automáticamente en un triunfo estratégico.
En comunicación política, cuando le niegas al adversario su marco de confrontación, estás ganando el control de la agenda.
Te guste o no, el perro es mucho perro para los señoritos del PP.
Es así.