como cuando no le escribes pero lo piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensan y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piensas y piens
tengo memorizados sus ojos y su rostro, sus manos conocen cada centimetro de mi cuerpo y su boca me ha besado hasta con mal aliento y de repente me piden olvidarlo y borrarlo como si él fuera nada
Soy como Pizarnik cuando escribió: "Es probable que no me llame más. Pero si llama, juro por lo poco que quiero, por lo poco que venero, por mi infancia inenarrable, por mi adolescencia muy demasiado excesivamente dolorosa, que no me entregaré."
Un párrafo después: "La llamé."