«Sin duda, a raíz del movimiento insurgente contra la dictadura de Anastasio Somoza (1925-1980), el punto central sigue siendo la llegada de los sandinistas al poder en Nicaragua en 1979. A partir de ahí, tenemos una configuración general que se inscribe en la bipolarización de la Guerra Fría, con el nuevo poder sandinista apoyado por Cuba y la Unión Soviética, por un lado, y las fuerzas paramilitares, los Contras, por otro. Entre estos últimos, Argentina envía desde 1977 media docena de asesores en guerra psicológica, tras un acuerdo entre ambas dictaduras militares (dirigidas en ese momento por los generales Somoza en Nicaragua y Videla en Argentina). Este acuerdo entre ambos Estados latinoamericanos se produce al margen de Estados Unidos, donde la administración de Jimmy Carter desea mostrarse oficialmente hostil a las diferentes dictaduras del continente (aunque, extraoficialmente, la CIA colabora con los oficiales argentinos desde 1978 al facilitarles la creación de empresas fantasmas para comprar las armas y enviarlas a América Central).
Para Argentina, se trata de una forma de posicionarse como potencia regional, a muy bajo costo y en consonancia con la ideología de sus dirigentes, basada en un feroz anticomunismo. Con la llegada de Roland Reagan (1911-2004) a la Casa Blanca en 1981, Estados Unidos comienza a apoyar abiertamente esa política. Este giro de la gran potencia del Norte coloca a los oficiales argentinos en una situación cómoda, ya que, a partir de ese momento, empiezan a contar con su apoyo militar y económico. Al mismo tiempo, en Argentina, a raíz de un golpe palaciego, el general Leopoldo Galtieri (1926-2003), gran promotor de la "cruzada anticomunista", toma el poder en diciembre de 1981. Sigue la adopción de un pacto que establecía
"una suerte de división del trabajo según la cual Argentina suministraba los asesores militares con amplia experiencia en la represión dentro de su propio país. Honduras proporcionaba el territorio para las bases de los Contras, mientras que Estados Unidos aportaba dinero y equipamiento".
El ejército argentino hace valer su conocimiento en contrainsurgencia para posicionarse con un importante papel en América Central. Pero la enorme influencia de la escuela francesa entre sus oficiales los convierte en agentes más ideológicos que pragmáticos, lo que termina por marginarlos de los planes estadounidenses. Es lo que expresa burlonamente un exresponsable de la CIA para América Central, Duane Clarridge:
"Lo que encontré fascinante de los argentinos es la iniciativa que tuvieron. Ellos tenían una visión mesiánica. Querían llenar el vacío que había dejado EE.UU. durante la época de Carter. El objetivo era terminar con el comunismo en donde pudieran encontrarlo". Esta "visión mesiánica" ridiculizada por el agente de la CIA y que terminó excluyendo a los oficiales argentinos, provenientes en su mayoría del Batallón de Inteligencia 601, están imbuidos en las técnicas francesas de guerra psicológica que, como hemos visto, se aplican ante todo a los propios oficiales, a quienes se somete a un estado de exaltación mediante instrumentos psicológicos.»
Me acabo de enterar de que pasó recientemente por Buenos Aires un tal Eric Weinstein, "un matemático formado en Harvard, exdirector de Thiel" a quien, según leo, "se describe en Sillicon Valley como el filósofo interno del universo Thiel, su asesor intelectual de cabecera”, y a quien la nota de Infobae presenta así: "su mirada crítica sobre el sistema educativo y su rol como arquitecto intelectual en Silicon Valley lo convirtieron en una voz clave del pensamiento contemporáneo". Según el mismo artículo de Infobae, "Durante su reciente paso por Buenos Aires, este tal Eric Weinstein "sorprendió al invitar a científicos locales a debatir en bares históricos de la ciudad".
En la misma nota, el politólogo Tomás Trapé traza una semblanza de este matemático, mano derecha Thiel, que invitó a científicos locales a debatir en bares de la ciudad de Buenos Aires.
Según Trapé, «Eric Weinstein fue el director gerente de Thiel Capital entre 2013 y 2022. [...] Weinstein no es un tecnócrata ni un inversor. Es el hombre que le da marco conceptual a uno de los círculos de poder más influyentes del mundo occidental. Peter Thiel —fundador de PayPal y Palantir, primer inversor de Facebook, referente intelectual de la derecha libertaria de Silicon Valley— no es conocido por rodearse de pensadores decorativos. Weinstein ocupa ese lugar porque tiene algo genuino para ofrecer: una forma de leer el presente que combina matemática de alto nivel, filosofía y crítica institucional. [...] Pese a provenir de una tradición progresista cercana a Bernie Sanders, supo forjar una alianza intelectual con Peter Thiel. [...] El aporte más conocido de Weinstein al debate contemporáneo es el concepto de ,'Intellectual Dark Web'. [...] Aparecían fenómenos —tal vez el más conocido es Jordan Peterson— que eran fenómenos en las redes sociales, pero marginados de la academia, también de los medios de comunicación. [...] Weinstein fue quien les dio nombre y marco a esos casos dispersos, agrupándolos bajo una etiqueta que en 2018 llegó a las páginas de The New York Times. No se trata de conspiranoicos ni de negacionistas, sino de voces heterodoxas que el establishment intelectual no supo o no quiso procesar. [...] Para Weinstein, el modelo universitario tradicional no está en crisis coyuntural sino terminal. Su metáfora es dura: “Funcionan como un esquema Ponzi. Las instituciones de Occidente fueron diseñadas para un mundo que está en crecimiento. Todas prometen que mañana será mejor... Y sin embargo, es mentira. Siguen prometiendo un futuro que ya no pueden asegurar”. [...] Thiel puso al vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance. Musk manejó una de las agencias de gobierno federal más importantes. Y Rogan define en Internet muchas de las opiniones públicas. [...] Weinstein no es un observador externo de ese proceso. Es uno de sus arquitectos intelectuales. El hombre que le dio nombre y genealogía a ese movimiento, que construyó los conceptos con los que ese mundo se explica a sí mismo, que tendió puentes entre libertarios y progresistas heterodoxos cuando nadie lo hacía todavía.»
«Sin duda, a raíz del movimiento insurgente contra la dictadura de Anastasio Somoza (1925-1980), el punto central sigue siendo la llegada de los sandinistas al poder en Nicaragua en 1979. A partir de ahí, tenemos una configuración general que se inscribe en la bipolarización de la Guerra Fría, con el nuevo poder sandinista apoyado por Cuba y la Unión Soviética, por un lado, y las fuerzas paramilitares, los Contras, por otro. Entre estos últimos, Argentina envía desde 1977 media docena de asesores en guerra psicológica, tras un acuerdo entre ambas dictaduras militares (dirigidas en ese momento por los generales Somoza en Nicaragua y Videla en Argentina). Este acuerdo entre ambos Estados latinoamericanos se produce al margen de Estados Unidos, donde la administración de Jimmy Carter desea mostrarse oficialmente hostil a las diferentes dictaduras del continente (aunque, extraoficialmente, la CIA colabora con los oficiales argentinos desde 1978 al facilitarles la creación de empresas fantasmas para comprar las armas y enviarlas a América Central).
Para Argentina, se trata de una forma de posicionarse como potencia regional, a muy bajo costo y en consonancia con la ideología de sus dirigentes, basada en un feroz anticomunismo. Con la llegada de Roland Reagan (1911-2004) a la Casa Blanca en 1981, Estados Unidos comienza a apoyar abiertamente esa política. Este giro de la gran potencia del Norte coloca a los oficiales argentinos en una situación cómoda, ya que, a partir de ese momento, empiezan a contar con su apoyo militar y económico. Al mismo tiempo, en Argentina, a raíz de un golpe palaciego, el general Leopoldo Galtieri (1926-2003), gran promotor de la "cruzada anticomunista", toma el poder en diciembre de 1981. Sigue la adopción de un pacto que establecía
"una suerte de división del trabajo según la cual Argentina suministraba los asesores militares con amplia experiencia en la represión dentro de su propio país. Honduras proporcionaba el territorio para las bases de los Contras, mientras que Estados Unidos aportaba dinero y equipamiento".
El ejército argentino hace valer su conocimiento en contrainsurgencia para posicionarse con un importante papel en América Central. Pero la enorme influencia de la escuela francesa entre sus oficiales los convierte en agentes más ideológicos que pragmáticos, lo que termina por marginarlos de los planes estadounidenses. Es lo que expresa burlonamente un exresponsable de la CIA para América Central, Duane Clarridge:
"Lo que encontré fascinante de los argentinos es la iniciativa que tuvieron. Ellos tenían una visión mesiánica. Querían llenar el vacío que había dejado EE.UU. durante la época de Carter. El objetivo era terminar con el comunismo en donde pudieran encontrarlo". Esta "visión mesiánica" ridiculizada por el agente de la CIA y que terminó excluyendo a los oficiales argentinos, provenientes en su mayoría del Batallón de Inteligencia 601, están imbuidos en las técnicas francesas de guerra psicológica que, como hemos visto, se aplican ante todo a los propios oficiales, a quienes se somete a un estado de exaltación mediante instrumentos psicológicos.»
«Sin duda, a raíz del movimiento insurgente contra la dictadura de Anastasio Somoza (1925-1980), el punto central sigue siendo la llegada de los sandinistas al poder en Nicaragua en 1979. A partir de ahí, tenemos una configuración general que se inscribe en la bipolarización de la Guerra Fría, con el nuevo poder sandinista apoyado por Cuba y la Unión Soviética, por un lado, y las fuerzas paramilitares, los Contras, por otro. Entre estos últimos, Argentina envía desde 1977 media docena de asesores en guerra psicológica, tras un acuerdo entre ambas dictaduras militares (dirigidas en ese momento por los generales Somoza en Nicaragua y Videla en Argentina). Este acuerdo entre ambos Estados latinoamericanos se produce al margen de Estados Unidos, donde la administración de Jimmy Carter desea mostrarse oficialmente hostil a las diferentes dictaduras del continente (aunque, extraoficialmente, la CIA colabora con los oficiales argentinos desde 1978 al facilitarles la creación de empresas fantasmas para comprar las armas y enviarlas a América Central).
Para Argentina, se trata de una forma de posicionarse como potencia regional, a muy bajo costo y en consonancia con la ideología de sus dirigentes, basada en un feroz anticomunismo. Con la llegada de Roland Reagan (1911-2004) a la Casa Blanca en 1981, Estados Unidos comienza a apoyar abiertamente esa política. Este giro de la gran potencia del Norte coloca a los oficiales argentinos en una situación cómoda, ya que, a partir de ese momento, empiezan a contar con su apoyo militar y económico. Al mismo tiempo, en Argentina, a raíz de un golpe palaciego, el general Leopoldo Galtieri (1926-2003), gran promotor de la "cruzada anticomunista", toma el poder en diciembre de 1981. Sigue la adopción de un pacto que establecía
"una suerte de división del trabajo según la cual Argentina suministraba los asesores militares con amplia experiencia en la represión dentro de su propio país. Honduras proporcionaba el territorio para las bases de los Contras, mientras que Estados Unidos aportaba dinero y equipamiento".
El ejército argentino hace valer su conocimiento en contrainsurgencia para posicionarse con un importante papel en América Central. Pero la enorme influencia de la escuela francesa entre sus oficiales los convierte en agentes más ideológicos que pragmáticos, lo que termina por marginarlos de los planes estadounidenses. Es lo que expresa burlonamente un exresponsable de la CIA para América Central, Duane Clarridge:
"Lo que encontré fascinante de los argentinos es la iniciativa que tuvieron. Ellos tenían una visión mesiánica. Querían llenar el vacío que había dejado EE.UU. durante la época de Carter. El objetivo era terminar con el comunismo en donde pudieran encontrarlo". Esta "visión mesiánica" ridiculizada por el agente de la CIA y que terminó excluyendo a los oficiales argentinos, provenientes en su mayoría del Batallón de Inteligencia 601, están imbuidos en las técnicas francesas de guerra psicológica que, como hemos visto, se aplican ante todo a los propios oficiales, a quienes se somete a un estado de exaltación mediante instrumentos psicológicos.»
En la página 243 de la investigación de Jérémy Rubenstein «Terror y seducción. Genealogía colonial y expansión de la contrainsurgencia francesa en el mundo», publicado recientemente por la editorial Tinta Limón, se lee:
«El objeto "DGR" ingresó directamente en el ámbito académico francés durante los años 1990, con los trabajos del politólogo franco-argentino Gabriel Périès. Muy precisas y por lo tanto generalmente extensas, sus investigaciones versan esencialmente sobre la documentación militar, con especial cuidado en el lenguaje utilizado, y culminaron con una tesis, que defendió en 1999. Paralelamente, en 1997, en una óptica de análisis estratégico, el historiador François Géré publicó un libro que comparte características con la literatura internacionalmente críptica de algunos teóricos militares publicados por Economica, editorial que se propuso reeditar en los años 2000 los principales manuales de la doctrina de la guerra revolucionaria, entre ellos los de Roger Trinquier y David Galula. Mucho más moderados que Périès a la hora de utilizar la expresión "DGR", los historiadores Paul y Marie-Catherine Villatoux publicaron en 2005 un libro de referencia sobre el tema (cuyo título, significativamente, no retoma el término) basado en su tesis defendida en 2002, que no se centra en la DGR, sino en el arma psicológica.»
«
Fragmento extraído de la investigación de Jérémy Rubenstein «Terror y seducción. Genealogía colonial y expansión de la contrainsurgencia francesa en el mundo» (pp. 188-189), publicado recientemente por la editorial Tinta Limón:
«Un esquema con un fundamento esencialmente racista. Así, según Argoud (uno de los oficiales torturadores más conocidos de la guerra de Argelia, con la particularidad de que nunca pretendió disimular sus crímenes), el "pueblo musulmán" reclamaría una "justicia severa, inmediata, ejemplar". Es precisamente el argumento que había regido la instauración del "monstruo jurídico" que fue el derecho colonial francés. Este sistema subvertía los principios del derecho metropolitano mediante procedimientos expeditivos que justificaban la supuesta inferioridad cognitiva de los "autóctonos", que no tendrían la capacidad de entender el interés de los procedimientos garantes de la justicia occidental, lo que explicaba plácidamente Jules Ferry a comienzos de la expansión colonial: "El régimen representativo, la separación de poderes, la Declaración de los Derechos Humanos y las Constituciones son fórmulas vacías de sentido en aquellos lugares. Allí se desprecia al amo que permite que le discutan". Para un autóctono, el crimen era inmediatamente seguido de una sanción, sin la cual no estaría en condiciones de comprender la acción de la justicia. En esta tradición se inscribe la concepción de la "justicia" del coronel Argoud, columna vertebral de su acción psicológica sobre la población que busca restablecer la confianza en la autoridad francesa. Dicho de otro modo, el terror —presentado como procedente de una autoridad justa y comprensiva— sería el medio para obtener la adhesión de la población.»
«Para intentar comprender un uso más generalizado de la contrainsurgencia mencionaremos algunos ejemplos que muestran evoluciones y continuidades. En la Nicaragua de la década de 1980, podemos observar los métodos contrainsurgentes en la formación de guerrillas, convertidas en instrumentos de guerra indirecta entre grandes potencias. En la Argelia de los años 1990, la contrainsurgencia fue un método de terror a manos de una cúpula de generales mafiosos envueltos en una guerra interna. En todas partes se observa la voluntad de hacer que la población participe en la represión, como lo ilustra en particular el caso de Colombia en los 2000, que también permite mostrar cómo ciertas herramientas de la contrainsurgencia circulan por intermedio de cooperaciones policiales entre Francia y Colombia.
Dos cuestiones interrelacionadas orientarán posteriormente nuestra reflexión hacia las nuevas vicisitudes de la contrainsurgencia: sus vínculos con el antiterrorismo y la justicia. Las décadas de 2000 y 2010 fueron testigo de cómo se afirmaba la separación progresiva de los dos hermanos siameses, la contrainsurgencia y el antiterrorismo, cuyas lógicas terminan por enfrentarse. Porque, si bien cada una toma prestada de la otra algunas técnicas, difieren en sus objetivos: mientras la contrainsurgencia pretende controlar a una población, el antiterrorismo se conforma con segmentar y eliminar —aunque sus operadores, en nombre de la inteligencia, pueden desplegar amplios operativos propios de la contrainsurgencia—. Sin embargo, ambos coinciden en una lógica preventiva que, por naturaleza, subvierte los principios del derecho penal (que juzga hechos y no intenciones). Ahora bien, y esta no es una paradoja menor, la justicia está concebida como un elemento central de la guerra psicológica. Sus promotores comprendieron muy pronto el papel fundamental de la justicia como fuente de legitimidad de un poder, el más concreto y el más integrado en la vida cotidiana de las poblaciones. Pero estos mismos expertos y luego sus epígonos rara vez han logrado imponer sistemas judiciales estables a los que las poblaciones pudieran recurrir. Veremos que la guerra de Afganistán (2001-2021) zanjó esta cuestión, planteada en particular por el coronel Argoud en Argelia a mediados de los años cincuenta.
Nicaragua, la contrainsurgencia en la estrategia de los paramilitares
Debido a la autonomía de las fuerzas especiales y a la delegación propias de la contrainsurgencia (guerra indirecta), su uso también abarca las intervenciones de los servicios estadounidenses (principalmente la CIA) en el "patio trasero" de Estados Unidos en América Central a lo largo de los años 1970 y 1980. Este esquema general se complejiza con la proliferación de los actores que intervienen en cada conflicto, con motivaciones políticas y económicas muy diferentes. El entrelazamiento entre estos actores hace que la lectura de los acontecimientos se vuelva muy difícil.»
Me acabo de enterar de que pasó recientemente por Buenos Aires un tal Eric Weinstein, "un matemático formado en Harvard, exdirector de Thiel" a quien, según leo, "se describe en Sillicon Valley como el filósofo interno del universo Thiel, su asesor intelectual de cabecera”, y a quien la nota de Infobae presenta así: "su mirada crítica sobre el sistema educativo y su rol como arquitecto intelectual en Silicon Valley lo convirtieron en una voz clave del pensamiento contemporáneo". Según el mismo artículo de Infobae, "Durante su reciente paso por Buenos Aires, este tal Eric Weinstein "sorprendió al invitar a científicos locales a debatir en bares históricos de la ciudad".
En la misma nota, el politólogo Tomás Trapé traza una semblanza de este matemático, mano derecha Thiel, que invitó a científicos locales a debatir en bares de la ciudad de Buenos Aires.
Según Trapé, «Eric Weinstein fue el director gerente de Thiel Capital entre 2013 y 2022. [...] Weinstein no es un tecnócrata ni un inversor. Es el hombre que le da marco conceptual a uno de los círculos de poder más influyentes del mundo occidental. Peter Thiel —fundador de PayPal y Palantir, primer inversor de Facebook, referente intelectual de la derecha libertaria de Silicon Valley— no es conocido por rodearse de pensadores decorativos. Weinstein ocupa ese lugar porque tiene algo genuino para ofrecer: una forma de leer el presente que combina matemática de alto nivel, filosofía y crítica institucional. [...] Pese a provenir de una tradición progresista cercana a Bernie Sanders, supo forjar una alianza intelectual con Peter Thiel. [...] El aporte más conocido de Weinstein al debate contemporáneo es el concepto de ,'Intellectual Dark Web'. [...] Aparecían fenómenos —tal vez el más conocido es Jordan Peterson— que eran fenómenos en las redes sociales, pero marginados de la academia, también de los medios de comunicación. [...] Weinstein fue quien les dio nombre y marco a esos casos dispersos, agrupándolos bajo una etiqueta que en 2018 llegó a las páginas de The New York Times. No se trata de conspiranoicos ni de negacionistas, sino de voces heterodoxas que el establishment intelectual no supo o no quiso procesar. [...] Para Weinstein, el modelo universitario tradicional no está en crisis coyuntural sino terminal. Su metáfora es dura: “Funcionan como un esquema Ponzi. Las instituciones de Occidente fueron diseñadas para un mundo que está en crecimiento. Todas prometen que mañana será mejor... Y sin embargo, es mentira. Siguen prometiendo un futuro que ya no pueden asegurar”. [...] Thiel puso al vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance. Musk manejó una de las agencias de gobierno federal más importantes. Y Rogan define en Internet muchas de las opiniones públicas. [...] Weinstein no es un observador externo de ese proceso. Es uno de sus arquitectos intelectuales. El hombre que le dio nombre y genealogía a ese movimiento, que construyó los conceptos con los que ese mundo se explica a sí mismo, que tendió puentes entre libertarios y progresistas heterodoxos cuando nadie lo hacía todavía.»
¿No sería exigible que se explicitara la estructura de las jerarquías paralelas y las reglas paralelas vigentes en el entorno laboral que una se ve obligada a habitar o los Peter Thiel by proxy llegaron para quedarse?
«Señoras, señores, se llega a la Edad Media con preguntas, para, finalmente, descubrir otras. Después de cuarenta años de enseñanza e investigación, admito haber abandonado la mayor parte de las cuestiones planteadas por mis predecesores: filosofía cristiana, teología de la historia, filosofía de la religión. Otra pregunta se me impuso, en cambio, con una intensidad creciente: ¿cómo hacer historia de la filosofía medieval? La dificultad reside, primero, en la naturaleza del objeto: el pensamiento medieval, que se dice desgarrado entre la razón y la fe —lo que Durkheim llamaba “el drama de la escolástica”—, y en segundo lugar en el estatus de la disciplina misma: la historia de la filosofía, objeto de controversia para los filósofos tanto como para los historiadores.
A esto responderé hoy simplemente que no se puede hacer historia de la filosofía medieval sin hacer filosofía medieval. La cátedra que acaba de ser recreada no es un cenotafio. El objeto existe, y no exige más que vivir. En cuanto a la filosofía, mal que le pese a Deslandes o Le Gendre, la Edad Media no es el paréntesis más largo en la historia del pensamiento humano. Es cierto que se dilata en el tiempo: es incluso más larga de lo que se podría creer; también es cierto que, aun siendo central, está relativamente lejos de todo: pero sus límites, precisamente, son variables, o más bien dependen del punto de vista que se tenga y de la historia, y de la filosofía.
https://t.co/Iaufx3nL2t
«Señoras, señores, se llega a la Edad Media con preguntas, para, finalmente, descubrir otras. Después de cuarenta años de enseñanza e investigación, admito haber abandonado la mayor parte de las cuestiones planteadas por mis predecesores: filosofía cristiana, teología de la historia, filosofía de la religión. Otra pregunta se me impuso, en cambio, con una intensidad creciente: ¿cómo hacer historia de la filosofía medieval? La dificultad reside, primero, en la naturaleza del objeto: el pensamiento medieval, que se dice desgarrado entre la razón y la fe —lo que Durkheim llamaba “el drama de la escolástica”—, y en segundo lugar en el estatus de la disciplina misma: la historia de la filosofía, objeto de controversia para los filósofos tanto como para los historiadores.
A esto responderé hoy simplemente que no se puede hacer historia de la filosofía medieval sin hacer filosofía medieval. La cátedra que acaba de ser recreada no es un cenotafio. El objeto existe, y no exige más que vivir. En cuanto a la filosofía, mal que le pese a Deslandes o Le Gendre, la Edad Media no es el paréntesis más largo en la historia del pensamiento humano. Es cierto que se dilata en el tiempo: es incluso más larga de lo que se podría creer; también es cierto que, aun siendo central, está relativamente lejos de todo: pero sus límites, precisamente, son variables, o más bien dependen del punto de vista que se tenga y de la historia, y de la filosofía.
https://t.co/Iaufx3nL2t
Traducción en curso de la conferencia inaugural de Alain de Libera en el Collège de France “¿Adónde va la filosofía medieval”, pronunciada el 13 de febrero de 2014, a partir de la traducción de Alberto Quiroz Avila publicada en Open Insight •Volumen XVII • Nº 39 (enero • abril 2026) • pp. 152-179
A Jean Jolivet
El único deber que tenemos para con la historia es reescribirla.
Oscar Wilde [“El crítico como artista con algunas observaciones sobre la importancia de no hacer nada”.]
Una vez que uno ha degustado la filosofía moderna, resulta bastante difícil acostumbrarse a la de los escolásticos. Todo allí rezuma rudeza y barbarie. Las cuestiones más abstractas y las más inútiles, aquellas en las que no habría que haberse fijado, se acumulan unas sobre otras, y lejos de que la expresión repare el fondo de las cosas, añade una nueva contrariedad, por su tristeza y su obscuridad. El pesar de un viajero que atraviesa campos áridos y yermos no es mayor que el de un espíritu razonable que está obligado por el deber a dedicarse a los escolásticos, a leer […] los veintiún volúmenes de Alberto el Grande […] o los diecisiete atribuidos a Santo Tomás de Aquino.
A. -F. Boureau-Deslandes [Histoire critique de la philosophie, ou l'on traite de son origine, de ses progrès, & des diverses révolutions qui lui sont arrivées]
Señor Administrador,
Señoras y señores profesores,
Queridos colegas,
Queridos amigos,
Queridos amigos,
Esto es lo que les espera. O, más bien, este sería nuestro destino común a partir de hoy; el nuestro, que al menos una vez hemos “degustado la filosofía moderna”; el mío, ya que “estoy obligado” por el deber de mi cargo a “dedicarme a los escolásticos”; el de ustedes, a quienes el deseo de saber podría conducirlos nuevamente a este venerable recinto; sí, esto es lo que nos reuniría si el diagnóstico propuesto en 1737 por André-François Boureau-Deslandes, Comisario General de la Marina y miembro de la Academia de Berlín, estuviese fundado. Obscuridad, tristeza, aburrimiento: un trío formidable que, hay que admitirlo, por desgracia resume bien la opinión que se tuvo durante mucho tiempo, y hasta hace poco, de la filosofía en la Edad Media.
Dirán que la opinión del autor de El arte de no aburrirse y Reflexiones sobre los grandes hombres que murieron bromeando no puede cerrar el asunto. Sin duda. Pero está lejos de ser un caso aislado. Ya en 1735, el marqués Le Gendre de Saint-Aubin bosquejaba, en su Tratado sobre la opinión, el retrato idéntico de una época filosófica irremediablemente estropeada por el abuso de la lógica. Ciertamente, bajo su pluma uno se aburría menos que bajo la de Deslandes: se veían allí las dos "sectas" que dividían el peripatetismo, los nominales y los realistas, que se hacen la "guerra" "hasta el punto de la extravagancia", que libran "verdaderas batallas", "excitan el furor por las disputas más vanas", a un punto tal que, para poner fin de una buena vez por todas a los "desórdenes en Francia", Luis XI hacía "encadenar los libros, con prohibición de abrirlos". Le Gendre comenta: "Qué triunfo para un partido vencedor [...] este encadenamiento en las bibliotecas fue un invento admirable para gozar de su victoria. Los escotistas, libres, hojeando libros, colmados de honor, miraban de reojo a sus enemigos, vergonzosamente encadenados". Un libro mide con desdén a otro, uno recibe los honores, el otro las cadenas: en 1700 la gente sabía escribir. Eso no los convertía en mejores historiadores. El relato que hace Le Gendre de la crisis parisina de 1474 y del edicto de Senlis que, el 1 de marzo, le pone fin provisoriamente, es aproximativo, poco preciso en cuanto a los "libros encadenados", e incompleto: olvida el desenlace: la derogación de la medida siete años más tarde; sobre todo, ignora el estallido de risa que asaltó a los contemporáneos. El 25 de febrero de 1475, Robert Gaguin (1433/34-1501), Ministro General de los Trinitarios, escribe a Guillaume Fichet (1433-después de 1476):
"[...] el rey Luis acaba de ordenar que los libros [de los Nominales] permanezcan bajo llave y encadenados a las bibliotecas, para que no puedan ser consultados [...] ¿No diríais que estos pobres libros están furiosos o poseídos por el demonio, y que hizo falta liarlos para que no se lanzaran sobre los paseantes?"
Liar [lier] en lugar de leer [lire]: un bello anagrama. Pero, como decía, tras la risa de los humanistas llega la abrogación: estamos en Francia. El preboste de París, Jean d'Estouteville, escribe al "Señor Rector y señores de nuestra madre Universidad de París" que el rey ha encargado "hacer desenclavar y descerrar todos los libros de los Nominales" y hacer "saber" en los colegios que, de ahora en adelante, cada uno estudiará "a quien quiera ".
Uno de los primeros historiadores modernos de la Universidad de parís, Eugè Dubarde, comenta en 1829:
“Esta nueva disposición del rey fue acogida con aclamación, y produjo los efectos ordinarios; al no ser ya perseguidos, los nominales no tardaron en caer en el olvido.”
Se podría agregar: con ellos, todos los escolásticos. La adhesión a un nuevo mundo social, cultural y político, cualquiera fuera el nombre que se le diera: humanismo, Renacimiento, Reforma, habiendo sellado el rechazo de la antigua forma de pensar, el abandono de los falsos saberes medievales en favor, se dirá, de la verdadera ciencia, o de la vana teología en favor de la verdadera fe. El problema es que no todo el mundo está de acuerdo sobre el fin de la Edad Media, y que no basta que su tiempo se considere cumplido para que hayamos salido de él. “Somos incluso más escolásticos de lo que pensamos”, escribe en pleno siglo XVIII el abad de Condillac en su Curso de estudios redactado para Fernando de Borbón, nieto de Felipe V, antes de precisar que “por escolástica, se entiende esa mezcla confusa de filosofía y teología”, canonizada al mismo tiempo que “Santo Tomás” por Juan XXII el 18 de julio de 1323.
Desde el siglo XVIII la historia ha progresado. Nuestra Edad Media no es más la de Condillac, y menos aún la de Deslandes o Le Gendre. Es menos obscura, menos confusa, menos triste, menos aburrida. Pero ¿qué es por cierto esta Edad Media? ¿Nuestra Edad Media? Ciertamente no una “nueva Edad Media”, ni el objeto, rápidamente nombrado y aún más rápidamente olvidado, de una moda pasajera como una especie de corriente de aire del tiempo que llamaríamos “nuevo medievalismo”. La Edad Media a la que llamo “nuestra” es la que tomo de mis profesores de la Sección V de la École Practique des Hautes Études: Paul Vignaux, que enseñaba allí Historia de las Teologías Medievales; Jean Jolivet, Religiones y Filosofías en el Cristianismo y el Islam en la Edad Media. Es también la que tomo del predecesor de Paul Vignaux en la Sección de Ciencias de la Religión, Étienne Gilson, director de estudios de Historia de las Doctrinas y los Dogmas, antes de ser elegido como catedrático de Historia de la Filosofía de la Edad Media en el Collège de France y pronunciar allí una conferencia inaugural titulada “La Edad Media y el naturalismo antiguo”, en la que rindió homenaje a los dos eruditos de cuyo "espíritu de su 'singular' enseñanza no dejaría, solía decir, de llevar las marcas", aunque ninguno de ellos era medievalista: el filósofo, sociólogo y etnólogo Lucien Lévy-Bruhl y Henri Bergson.
La Edad Media, o más bien, las Edades Medias que un estudiante podía descubrir a fines de los años 1960 en los libros de Étienne Gilson, quien había dejado el Collège de France ya en la década de 1950, o en los seminarios de Paul Vignaux, celebrados en la Sorbona hasta 1976, eran en realidad muy diferentes: Gilson, comprometido desde finales de los años 1920 en el debate sobre la “filosofía cristiana”, suscitado por la célebre fórmula de Emile Bréhier: “ No se puede hablar de una filosofía cristiana, del mismo modo en que no se puede hablar de unas matemáticas cristianas ni de una física cristiana”, consideraba que “el progreso hacia la verdad varias veces descripto por Tomás de Aquino encontraba su lugar en la economía divina de la salvación”; Vignaux, que no había dejado de trabajar en la relación entre la filosofía cristiana y la teología de la historia, se había distanciado desde los años 1930 del universo gilsoniano, y proponía a sus estudiantes dejar atrás la teología de la historia de la filosofía, expresada en la noción gilsoniana de “filosofía cristiana”, en favor de una reflexión sobre el “ser histórico del hombre”, que “implica una filosofía de la religión que versa sobre el cristianismo mismo”. Filosofía cristiana o filosofía de la religión: la brecha entre las dos Edades Medias era máxima, pero precisamente esta diferencia resultaba instructiva, y más todavía si se la medía con el criterio de la filosofía que por entonces estaba “en curso de hacerse”. La época era —hay que reconocerlo— generosa: Derrida, Foucault, Lyotard, pero también Vuillemin, Granger y los demás ofrecían a los promisorios historiadores de filosofía en ciernes algo con lo que interrogar su práctica; la historia propiamente dicha no se quedaba atrás, con figuras como Duby o Le Goff la Edad Media se abría para ellos, por cualquier lado desde el que la abordaran, en el horizonte de esa “diversidad rebelde” que Vignaux asignaba como objeto principal al “historiador que ha recibido una formación filosófica”.»
https://t.co/psPB7Hd92t
«Esta comparación abruma, incluso estilísticamente: en tiempos en que los idiolectos y las manías sintácticas devastaban la prosa francesa, Gilson había mantenido, de hecho, entonces prácticamente solo, las exigencias de la frase bien construida, del pensamiento claro y del color rhythmicus, instilando Chateaubriand en Duns Scotus, donde tantos otros se contentaban con poner Trissotin en Vadius. Por abrumadora que sea esta comparación, no obstante, obliga, como me obliga la confianza y el generoso apoyo prodigado por Claudine Tiercelin, titular de la cátedra de Metafísica y Filosofía del Conocimiento, respecto de quien los estudios medievales tienen una doble deuda, primero por su trabajo innovador sobre Duns Scotus y Peirce, y en segundo lugar por el papel que desempeñó en el reestablecimiento de esta cátedra. Es un gran privilegio para mí poder contribuir ahora, a su lado, a una concepción específica de la filosofía rigurosa y de la metafísica. Mi agradecimiento también está dirigido a Pierre Corvol, Michel Zink, Antoine Compagnon y Jean-Noel Robert, y finalmente a Paul Veyne: sus consejos o su amistad me han sostenido, en diversos momentos, durante los meses difíciles.»
https://t.co/Qlpbrceq17
Hipótesis sobre la estructura paralela del INDEC respecto de mi caso específico: mi superior jerárquica paralela no sería otra que la eterna "secretaria" multitask cambiemita conocida con el nombre de "Geraldina".
¿No sería exigible que se explicitara la estructura de las jerarquías paralelas y las reglas paralelas vigentes en el entorno laboral que una se ve obligada a habitar o los Peter Thiel by proxy llegaron para quedarse?
Conozco otros organismos del Estado por haber trabajado en ellos durante la época en que Guillermo Moreno tuvo influencia en el INDEC, y en ninguno había un entorno laboral tan TÓXICO como el que hay en el INDEC. Se lleva todos los premios de toxicidad laboral. Con creces. Por afano y por goleada.
En el muy improbable caso de que en 2027 llegue un gobierno menos adverso para mis intereses que el actual, lo primero que voy a hacer es mover cielo y tierra para exportar el cargo que tengo en el INDEC a otro organismo, porque con la casta institucionalizada del INDEC no existe ninguna chance de reconciliación.
En el muy improbable caso de que en 2027 llegue un gobierno menos adverso para mis intereses que el actual, lo primero que voy a hacer es mover cielo y tierra para exportar el cargo que tengo en el INDEC a otro organismo, porque con la casta institucionalizada del INDEC no existe ninguna chance de reconciliación.
«Esta comparación abruma, incluso estilísticamente: en tiempos en que los idiolectos y las manías sintácticas devastaban la prosa francesa, Gilson había mantenido, de hecho, entonces prácticamente solo, las exigencias de la frase bien construida, del pensamiento claro y del color rhythmicus, instilando Chateaubriand en Duns Scotus, donde tantos otros se contentaban con poner Trissotin en Vadius. Por abrumadora que sea esta comparación, no obstante, obliga, como me obliga la confianza y el generoso apoyo prodigado por Claudine Tiercelin, titular de la cátedra de Metafísica y Filosofía del Conocimiento, respecto de quien los estudios medievales tienen una doble deuda, primero por su trabajo innovador sobre Duns Scotus y Peirce, y en segundo lugar por el papel que desempeñó en el reestablecimiento de esta cátedra. Es un gran privilegio para mí poder contribuir ahora, a su lado, a una concepción específica de la filosofía rigurosa y de la metafísica. Mi agradecimiento también está dirigido a Pierre Corvol, Michel Zink, Antoine Compagnon y Jean-Noel Robert, y finalmente a Paul Veyne: sus consejos o su amistad me han sostenido, en diversos momentos, durante los meses difíciles.»
https://t.co/Qlpbrceq17
Los pseudocientíficos del indec aman a Harmony Barbarian Weapon Cobel porque mantiene a raya a gente que podría hacerles competencia en circunstancias verdaderamente científicas, como por ejemplo la administradora de esta cuenta.