La memoria no conserva el pasado como una fotografía, lo reescribe.
Todo recuerdo tiene algo de ficción y algo de poético. No porque sea una mentira, sino porque la memoria no reproduce los hechos, construye una relato para hacerlos habitables, para darles un lugar y un sentido.
Hay una clase de tristeza que no proviene de perder algo, sino de entender algo demasiado tarde. No porque hubiera cambiado el resultado, habría cambiado la manera de vivirlo. Algunas comprensiones llegan cuando ya no tienen utilidad práctica. Llegan solo para acompañarte.
Una de las lecciones más extrañas del tiempo es que muchas cosas no mejoran ni empeoran. Solo pierden intensidad. El amor, la rabia, la vergüenza, la ambición. No desaparecen, se vuelven menos ruidosos. Y en ese volumen más bajo, uno empieza a escuchar cosas más importantes.
Hay personas con las que construimos un lenguaje. Un día, uno de los dos toma la decisión de convertirlo en letra muerta. Aunque de vez en cuando te pones a hablar solo.
Cuando Dostoievski dijo:
“Aísla tanto como quieras para
volverte más fuerte, incluso si ves
que la soledad es un infierno insoportable,
es mucho mejor que las múltiples máscaras de los humanos.”
cuando virginia woolf dijo «y todas las vidas que alguna vez vivimos y todas las vidas futuras están llenas de árboles y hojas cambiantes» y alejandra pizarnik «memoria iluminada, galería donde vaga la sobra de lo que espero. no es verdad que vendrá. no es verdad que no vendrá»
La culpa tiene una característica muy cruel, que es prometer que el pasado puede corregirse en el futuro. Como si repensar la escena, sufrir un poco más o castigarse lo suficiente pudiera cambiar lo que ya ocurrió.