Parecemos zombis: seres encorvados,
domados y flotantes que caminan por
los pasillos de las empresas modernas.
La vida corporativa aniquila al espíritu y,
a cambio de la paga quincenal, domestica
a las personas.
Aclaro que no es crítica: todos tenemos
que llevar el pan a la casa y sacar a la
familia adelante. Por ella se hace todo.
Trabajar siempre es honorable, pero
el trabajo que día con día, lentamente,
apaga la vida, plantea el viejo dilema de
«trabajar para vivir o vivir para trabajar».
Las selecciones de fútbol solían tener personalidades muy marcadas. Estilos de juego.
¿Brasil? Jogo Bonito.
¿Italia? Defensivo.
¿Alemania? Vertical.
¿Uruguay? Garra charrúa.
No importa ni de la década que hablaras, la selección de los 40s, los 60s o los 90s. Tenían identidad arraigada, eran lo que eran.
En el fútbol actual, del siglo XXI —igual que en la sociedad y hasta en las artes— todos empiezan a parecerse a todos. Hasta el estilo de juego se globaliza, y en busca de optimizarse, se vuelve homogéneo.
Si le borraras los rostros y playeras a una selección, sería casi imposible distinguirla por "cómo juegan". Son todas parecidas.
El único multicampeón que se mantiene fiel a sí mismo es Argentina. Y aunque esa esencia nos resulte odiosa a los externos —canchera y rayando en la trampa—, es la suya, y ellos la abrazan. Son los únicos que, con todo y controversia, no sólo gritan gol, gritan "estoy vivo".
A los multicampeones Brasil, Alemania, Uruguay e Italia los convencieron de dejar de ser ellos mismos, con la promesa de que eso los haría mejores.
Hoy, todos eliminados, Italia con tres mundiales sin calificar.
"Sé tú mismo" puede sonar a cliché, pero en realidad, es lo único que tenemos. Donde conectamos con nuestra esencia, y por tanto, donde nos volvemos fuertes.
Me acordé de la frase de @HoracioMarchand:
Es mejor ser único que ser mejor.
@yadithvaldez Si esto sucediera en cualquier otro evento Protección Civil ya hubiera clausurado el evento. Que fácil organizar eventos para gobierno. @pc_mty
Lista la nueva merch mundialera (pósteres, calcas, imanes...). Pregunten sin compromiso por DM. Y sí: ¡llegaron más vasos! (por si gustan el set completo). Y mañana en el juego de México, habrá vasos individuales en el Gargantúa, la Fragua y Tolo's.
Excelente inicio de semana.
When you eat Mexican food, your brain releases endorphins and dopamine. Capsaicin, the compound in chili peppers, binds to pain receptors in your mouth. Your brain reads this as a threat and counters with feel-good chemicals. The burn in a good salsa triggers the same pathway as a runner's high.
This is all happening on top of a food tradition more than 3,000 years in the making. The tortilla in a chicharron taco exists because of nixtamalization, a process Mesoamerican cooks developed roughly 3,200 years ago. Corn kernels are soaked in lime water, which releases niacin, a B vitamin that corn otherwise locks away in an indigestible form. Without this step, corn-heavy diets cause pellagra, a B-vitamin deficiency that killed around 7,000 Americans per year at its peak in the early 20th century. Southern sharecroppers were eating corn without the process Mexico had preserved for three millennia.
In 2010, the UN added Mexican cuisine to its Intangible Cultural Heritage list, the first year any national food culture had ever qualified. The application covered seed preservation, farming customs, ritual preparation, and thousands of years of cooking knowledge passed through communities.
The diversity inside that designation is hard to picture. Mexico has 59 varieties of heirloom corn, more than 60 distinct chili pepper types, and 32 states with cuisines different enough that Oaxacan mole negro (a dark sauce from dried chili and chocolate) and Yucatecan cochinita pibil (slow-roasted pork in a smoky red spice paste) share almost no ingredients. Oaxaca alone has more than 20 types of mole. Mole poblano uses more than 20 ingredients, including several chili varieties, dark chocolate, and cinnamon, in a single sauce.
Chicharron fires three systems at once. Fat carries flavor deep into the palate. The crunch comes from pork skin dried, then dropped in 375-degree oil. The trapped moisture turns to steam, puffs the skin, and produces thousands of flavor compounds through the same browning chemistry that makes coffee and seared meat smell incredible. Then the salsa lands capsaicin on top of everything and the dopamine kicks in.
The "best food ever" reaction has a chemical basis. You are tasting dopamine from capsaicin, browning chemistry from pork fat at high heat, and a tortilla built on a process 3,200 years old. These flavors were engineered to do exactly this.
Aprovecho la polémica para compartir un mapa que atesoro: shademap, un mapa que te muestra cómo la luz le da a los edificios. Ideal si querés comprar/alquilar