@pitiklinov Más que un argumento en contra de la existencia De Dios me parece un argumento en contra de la lógica de la teoría del alma building. Y muy cogida por los pelos porque tampoco entiendo por qué el sufrimiento animal no vale para alma building y ya
@GitanoPrincipe @laraverina Sin entrar a posicionarme, jugar a la víctima no va a conseguir la empatía de la sociedad actual, de hecho, vas a conseguir lo contrario.
Si quieres empatía en tuiter, lo mejor es mejorar el sentido de agencia.
@Mister_Oliphant@SrXamork Criticable es pero nunca va a dar vergüenza hacerlo o al menos, si la da, no hará que la gente se quede. Lo único que consiguen estas conductas de señalamiento es que la gente se cabree y se vaya antes y agrandar la brecha social entre dichas ideas
Esto de IU no es una reflexión histórica, sino una catequesis ideológica.
Parte de un mito, el de la resistencia indígena como si fuera un sujeto moral permanente, enfrentado a una España colonizadora que habría actuado movida por el militarismo o la codicia.
Esa oposición binaria, propia del sentimentalismo posmoderno, confunde categorías políticas con categorías teológicas. Habla de culpa, deuda, justicia y resistencia desde un registro moral, no histórico.
España no encubre nada bajo la palabra Hispanidad. La Hispanidad es un hecho, la creación de un espacio lingüístico, jurídico y cultural que abarca veinte naciones y más de seiscientos millones de personas.
Ningún otro proceso histórico ha dado lugar a una comunidad de esa magnitud, con una lengua común, un sistema jurídico derivado del Derecho romano y una raíz cristiana compartida. Negar eso en nombre de una resistencia indígena es negar la existencia misma de América tal como la conocemos.
Hablar de colonización en los términos de hoy es un anacronismo.
En el siglo XVI no existía el concepto moderno de colonialismo, lo que hubo fue una monarquía, en la que los pueblos americanos fueron incorporados como reinos de ultramar, con leyes propias, universidades, ayuntamientos y representación política.
Si se quiere juzgar ese proceso, hay que compararlo con sus contemporáneos, como el genocidio inglés en Norteamérica, la trata holandesa o el esclavismo portugués.
Bajo esa luz, la monarquía hispánica fue la más jurídica y teológicamente controlada de la historia moderna.
El supuesto militarismo español es una falacia. Las conquistas fueron violentas, como lo fueron todas las expansiones imperiales, desde Roma hasta el islam.
Pero reducir cinco siglos de historia común a una campaña de exterminio es ignorar la síntesis civilizatoria que dio lugar a los actuales pueblos latinoamericanos.
Sin la estructura política, lingüística y religiosa que trajo España, no existirían ni México ni Perú ni Bolivia ni Argentina. Lo que hoy llaman resistencia es, en realidad, producto de la fusión que hoy se quiere negar.
La idea de deuda histórica es otro artificio ideológico. Los pueblos no heredan culpas. La historia no se disculpa, se entiende. Y quien pretende juzgar el siglo XVI con categorías morales del siglo XXI no busca comprender, sino manipular la memoria colectiva.
Este discurso no libera a nadie, solo produce resentimiento y victimismo.
Decir que no hay nada que celebrar revela precisamente lo contrario, el desprecio por lo que se ignora. Porque el 12 de octubre no celebra una raza ni un ejército, sino la unificación del mundo humano.
Antes de 1492 no existía América como sujeto histórico. Había una pluralidad de pueblos, culturas y lenguas sin contacto entre sí. Fue el descubrimiento el que convirtió a la humanidad en un sistema completo.
Este hecho no puede negarse moralmente, es la condición necesaria para entender el mundo moderno.
Si de verdad se quiere ser internacionalista, habría que empezar por reconocer la única tradición que pensó la universalidad humana no como dominio económico, sino como misión espiritual y jurídica, la que surge del catolicismo hispánico.
De ahí nacieron las nociones de persona, dignidad y derecho de gentes que hoy sostienen el discurso de los propios críticos. Quienes atacan la Hispanidad lo hacen desde los valores que ella misma instauró.
El día de la resistencia indígena no corrige nada, sustituye la historia por un mito terapéutico.
Es la religión civil del resentimiento, adornada con banderas de colores y consignas morales. Frente a esto, la Hispanidad no necesita una defensa emocional, sino una comprensión racional.
Fue la mayor empresa integradora de la historia humana, la que hizo que los mares se convirtieran en caminos y que la especie se reconociera a sí misma como una sola.
Y eso, aunque duela a los moralistas de hoy, sí es algo que celebrar.