Los liberales —lo que hoy llamamos la Derecha— dijeron: la solución son los empresarios.
Vaciaron los hospitales públicos de recursos, desarmaron Pemex, entregaron a empresarios el manejo de cárceles.
Su proyecto para México era un país en el que una parte creciente de los servicios públicos estuviera en manos privadas.
No es una interpretación. Es lo que hicieron.
La Izquierda tiene otro plan.
El Estado debe asegurar la supervivencia digna de todos.
De ahí que cobre a los grandes empresarios impuestos que antes no se cobraban y distribuya una parte directamente entre la población.
Las famosas ayudas sociales.
¿Funciona el plan?
Funciona.
Las transferencias sociales y el aumento extraordinario del salario mínimo han logrado una caída histórica de la pobreza: 14 millones de mexicanos dejaron de ser pobres entre 2017 y 2024; otros 14 millones dejarán de ser pobres para 2030.
Se dice rápido pero 28 millones son muchísimos. La cuarta parte de los mexicanos. Uno de cada 4.
La discusión puede ser cuánto corresponde a cada medida, cuánto puede sostenerse en el tiempo y qué falta por hacer.
Pero el cambio ya ocurrió.
No es una interpretación.
Es lo que se hizo.
Lo que se hace.
Hoy publico en El Universal...
$ALINA$
Tanto se ha escrito sobre Ricardo Salinas estas últimas dos semanas, que tal vez lo único que resta evidenciar es lo esencial.
Salinas cree en el dinero. Y en nada más.
La filosofía es para él un bla bla bla. La ideología igual es un bla bla bla.
Lo único real para él es el dinero. La razón de vivir y la balanza en la que se calcula el Bien y el Mal.
Si algo significa ganar dinero es bueno, si algo hace perder dinero es malo.
La Religión del Dinero es su religión.
Es un tipo puro $alina$: su religión es simple e inamovible, y a esa pureza llegó durante la pandemia recién pasada.
Salinas tuvo que decidir si cerraba su consorcio de acuerdo con las órdenes de la Organización Mundial de Salud y del gobierno de México, y tomó la decisión calculando cuánto perdería en dinero si cerraba.
Tendría que seguir pagando salarios a sus 150 mil trabajadores, y tendría que seguir pagando los arriendos de ciertos locales no propios, y en contraste ganaría cero: así que muy rápido decidió no cerrar.
¿Cómo convertir ese cálculo monetario brutalmente egoísta en algo que convenciera a los Otros de que era otra cosa?
¿Cómo convencerlos de que era por ejemplo algo moral, es decir: que quería el bien también de los trabajadores afectados?
Como siempre el discurso para disfrazar su egoísmo monetario radical, el bla bla bla encubridor, se lo encargó a otro.
En este caso a su señor padre.
Ante las cámaras de televisión, sentado en un cómodo sofá de dos plazas, el padre de Salinas, en un traje color mostaza, jaló el humo de un puro para luego de exhalarlo decir:
--Soy un viejo de 88 años… y me gusta fumar. Fumar mata. Lo sé. Y yo fumo. Porque amo la vida.
--No, no, no –se le escapó al director del equipo de grabación.
Se sentó con el abuelo en el sofá y le explicó que debía haber más palabras, más bla bla bla, entre la palabra MATA y la palabra VIDA.
Las grandes arengas hacen eso, van llevando de un negativo a un positivo poco a poco, hasta que juntar los extremos antagónicos parece inevitable.
--4, 3, 2… –cantó la toma el continuista, y cerró la claqueta: clac.
Y se volvió a grabar:
El abuelo inhaló del puro y exhaló el humo y dijo:
--¿Saben cuántos se mueren por fumar? Más de 7 millones de gente se mueren al año. Pero a mí me gusta fumar… --alzó el puro entre dos dedos y sonrió a la cámara.
–Me gusta vivir mi vida a mí manera y disfrutando del tabaco. Según algunos, fumar debería abolirse porque mata a millones, pero yo soy del partido de la vida. De que hay que vivir la vida, y disfrutarla, y parte de la vida es la muerte.
19 minutos más de bla bla bla pausado por bocanadas de humo, y luego:
--Los políticos han cerrado las fuentes de la vida. ¿Y cuáles son las fuentes de la vida? Pues el trabajo. Se trabaja para vivir. Son el partido de la muerte. Y sí, claro, en la pandemia vamos a morir muchos, muchos, muchos, pero por haber cerrado estas fuentes de la vida.
5 minutos de bla bla bla y luego la arenga final:
--No se unan al partido de la muerte, vayan a trabajar.
No lo creerá el lector, pero ese bla bla bla tramposo, donde se volvía idéntico el trabajar con el vivir, se volvió la retórica oficial del Grupo $alinaS en la pandemia y su justificación para no cerrar sus puertas y obligar a sus 150 mil trabajadores a poner en peligro su propia vida y la de sus familiares.
Porque hay que apuntarlo, para los trabajadores el dilema se volvió: o vienes a trabajar en espacios cerrados, codo a codo con otros, arriesgando infectarte de una enfermedad pulmonar que aún no tiene cura, o pierdes tu trabajo, no cobras tu quincena y tú y tu familia se mueren de hambre.
Morirte de Covid o de hambre: eso fue el dilema para las afanadoras, los electricistas, los oficinistas, las cajeras y los vendedores del Grupo Salinas.
Para los empleados de los escalafones superiores, con ahorros en el banco, el dilema se volvió perder un buen trabajo o asegurar la vida propia y la de sus seres cercanos.
Los que pudieron arrendaron cuartos de hotel para dormir: así arriesgaban la vida propia, pero no la de sus familiares queridos. Los productores de TV Azteca, por ejemplo, arrendaron dormitorios en el Hotel Camino Real, colindante a la televisora, y fueron durante semanas sus únicos ocupantes.
Dos de ellos murieron en esos días del miedo en esas camas ajenas.
Una manta de plástico recorría el último piso del edificio que en TV Azteca da la cara a la calle:
¡Somos imparables!
Los trabajadores bromeaban:
--Ajá, pronto seremos cadáveres no parables.
Otro lema recorría las paredes de las oficinas colectivas donde un centenar de oficinistas trabajaban sus horarios de 8 horas:
Ponemos el ejemplo.
--Es un hijo de puta –me dijo entre dientes un contador en un elevador donde entre él y yo aparecía el lema Somos imparables.
Lo dijo y sonrió a la cámara de seguridad colocada en una esquina superior del elevador.
Así titulé la novela que narra aquellos días de espanto en una televisora cuyo nombre no apunté para ahorrarme litigios:
HDP.
Hijo de Puta.
https://t.co/yMQTUJKjVD a través de @El_Universal_Mx
@MSEQUEYRO Por qué culpar solamente a los estudiantes? Y la UNAM y su ineficiencia?? Más bien deberían tener más lugares para que no sea un examen excluyente solamente.
@ClaraBrugadaM@SEMOVI_GobOax@ecobici@Finanzas_CDMX Pues no sabes en qué estado están, no hay bicicleta sin defecto. Estaciones vacías un día si y otro también. Tengo una estación acá abajo y si pasa mucho. Ecobici hace muy mal trabajo de mantenimiento y relocaliacion de bicis.
Ahora entiendo por qué Milei no rescata los excelentes análisis de Marx sobre el capitalismo, incluso reivindicados por liberales cuando refiere a la globalización. No hay evidencia pública de que lo haya leído (solo descalificaciones), ni lo enseñan necesariamente en universidades privadas como la que lo licenció. Ayer dijo que Marx era «satanista», repitiendo la tesis del cristiano Richard Wurmbrand, que reduce su obra a poemas juveniles. Sócrates diría: todo mal es ignorancia.
Las democracias siguen vigilando delitos políticos concebidos en el siglo XX, mientras una parte decisiva de la manipulación política del siglo XXI ocurre en un espacio nuevo —el cibernético— escasamente regulado.
Europa ya empezó a cerrar el agujero. América sigue enormemente rezagada.
En la Unión Europea, desde 2025, la publicidad política debe revelar quién la paga, cuánto paga y a quién está dirigida; la microsegmentación política con datos personales exige consentimiento explícito y no puede utilizar datos sensibles —como origen étnico u opiniones políticas— para perfilar al elector.
El problema, aunque todavía no resuelto a cabalidad, ya se reconoce por lo que es: una amenaza a la libertad del ciudadano para formar su propia opinión y decidir su voto.
En América, en contraste, buena parte de los actores políticos siguen contemplando como bobos las violaciones cibernéticas a la verdad.
Y mientras tanto, en las elecciones americanas de los últimos años, la ultraderecha ha conquistado en el ciberespacio un poder que difícilmente habría conquistado con los métodos políticos del siglo XX.
Pero hay una excepción notable: Brasil.
Desde 2024, su Tribunal Superior Electoral empezó a legislar sobre esta nueva realidad y en 2026 ha endurecido las reglas.
Hoy combate la desinformación electoral y las redes de cuentas no auténticas, regula la inteligencia artificial y permite sancionar el uso electoral de falsedades y contenidos manipulados. Los deepfakes electorales están prohibidos y determinadas violaciones pueden llegar a provocar la pérdida del registro o del mandato.
Brasil entendió que defender las urnas ya no basta: hay que defender también la realidad que llega hasta ellas.
Y despunta en esta decisión un hecho extraordinario. Brasil se enfrentó a X y a Elon Musk --los demandó-- y ganó.
Hoy X se pliega a las reglas que rigen en Brasil.
Concluyo.
Así que mientras en el resto de América nuestros liberales creen que la discusión sobre la libertad de expresión esconde el peligroso propósito de no dejarlos dar sus valiosísimas opiniones, los verdaderos peligros ya actúan en el espacio cibernético y lo que está en juego es mucho más grande.
Se trata de salvar a la democracia de los psicópatas tecnológicos que están destruyéndola.
En el continente americano no es delito montar granjas de bots para hacerse pasar por cientos de miles de ciudadanos reales; ni enfocar a cada ciudadano mediante micro-segmentación; ni inventar mentiras gigantescas para destruir la fama de una persona o inflar el lustre de un inútil.
Se puede decir que un ruletero se graduó en Harvard y que una profesora de universidad padece Alzheimer.
Se puede clamar que un cocainómano es un gran líder, que un líder social es un analfabeta, un pederasta es un genio y un genio es un idiota.
En síntesis: no es delito torcer una elección o destruir la democracia y el lenguaje.
¡Carajo!
Nos estamos comportando como imbéciles.
Los bárbaros sicópatas han entrado dentro de las murallas de la civilización y nosotros los dejamos saquear y destruir lo que tardamos un siglo en construir.
Si no nos sublevamos y los pateamos fuera, si no impugnamos las elecciones tramposas, si no legislamos a prisa contra ellos, nos merecemos perderlo todo.
De cómo se inventan crisis en un café entre cuates.
Loret da por hecho que la presidentA quiso arrebatarle a Rocha Moya algo.
¿Pruebas?
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Luego, afirma que no pudo.
¿Pruebas?
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Por fin da por hecho que nombrar a Graciela Domínguez de gobernadora fue una decisión de RM.
¿Pruebas?
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Total=0 noticias, pura especulación=periodismo fantástico.
EL VIRUS (la tecno-ultraderecha) vs. LOS ELEFANTES (los Estados)
Ayer escribía que para entender a la nueva tecno-ultraderecha hay que comprender que trabaja como una red.
La red no tiene un centro. No tiene un jefe. Ni siquiera tiene una ideología precisa.
Tiene un objetivo y un método compartidos.
El objetivo: capturar, Estado por Estado, América.
El método: saturar el espacio público con tal cantidad de mentiras, difamaciones, escándalos y versiones contradictorias, que finalmente resulte imposible distinguir lo verdadero de lo falso —y liberales e izquierdistas sean aniquilados— mientras, entre la confusión, triunfa el candidato de ultraderecha.
Son como un virus.
Ligeros, veloces, caóticos. Colonizan un cuerpo, lo convierten en incubadora, extraen sus nutrientes y saltan, multiplicados y revolucionados, al siguiente cuerpo.
Así han venido capturando las democracias americanas. Desde EUA hasta la Patagonia. De cada país capturado extraen dinero, poder, nuevos empleados, estrategias probadas, para capturar el siguiente.
¿Por qué los Estados, mucho más fuertes, más grandes y con mayores recursos, no han sabido defenderse?
Porque son elefantes.
Elefantes pesados y lentos: están restringidos por leyes, procedimientos, instituciones, costumbres y fronteras geográficas.
El virus no.
Lo dicho: el virus opera sin jerarquías, sin fronteras geográficas, con procedimientos casi instantáneos y, sobre todo, opera en el ciberespacio, un territorio todavía muy escasamente legislado.
Así que puede mentir hoy en Argentina, financiar una operación en Chile, usar información y agentes de la CIA, la DEA y el aparato de seguridad de Bolivia y lanzar desde una granja de bots en Ecuador un ataque contra los gobiernos de México y Brasil.
Todo eso al mismo tiempo.
Los lentos y pesados elefantes siguen respondiendo dentro de sus fronteras y restricciones.
Dejémonos de sutilezas: ahora que empieza a mostrarse cómo el virus ganó truculentamente varias de las elecciones de los últimos dos años, los candidatos “perdedores” ya tendrían que estar impugnándolas y, cuando corresponda, la autoridad electoral o judicial competente debería anularlas.
Ojalá suceda lo primero; lo último no puede suceder.
¿Por qué?
Por lo antes dicho.
Esos Estados ya están capturados.
Y aun si alguno tuviera todavía un Poder Judicial realmente autónomo y dispuesto a impugnar la elección pasada, tienen leyes no solo lentas sino anticuadas, que no consideran delito la mentira, las campañas de difamación, la suplantación de las mayorías de opinión mediante bots o la micro-segmentacion.
¿Nos vamos vestidos de negro a lanzar al mar el ataúd de la Democracia?
Todavía no.
Ahora que la red psicopática enfoca sus baterías sobre los dos grandes gobiernos americanos que todavía se le resisten —el de Brasil y el de México— se abre una gran oportunidad.
Brasil y México deberían sacudirse cuanto antes sus taras elefantiásicas.
Deberían legislar con urgencia contra los nuevos delitos ciberneúticos.
Al mismo tiempo, deberían perseguir los delitos tradicionales en los que incurre la red: lavado de dinero, tráfico de influencias, narcotráfico, tráfico de combustibles y pornografía infantil, para enlistar los que hasta hoy le conocemos.
Y, sobre todo, México y Brasil deberían atravesar las fronteras.
Deberían coordinar entre sí --y con las fuerzas democráticas de los demás países latinoamericanos.
Porque un virus maligno y transnacional no puede combatirse con Estados que actúan cada uno por su cuenta.
Frente a una red, hace falta otra red.
La implosión de Derecha Diario ha dejado al descubierto algo mucho mayor: el Plan MAGA para Latinoamérica.
Para entenderlo hay que abandonar la idea lineal de causas y efectos. No estamos ante una conspiración clásica, con una cabeza que da órdenes y una organización que las ejecuta. Estamos ante una red.
La red no tiene un centro. No tiene un jefe. Ni siquiera tiene una ideología precisa.
La red tiene un objetivo compartido: capturar, uno por uno, los gobiernos de Latinoamérica para lo que llama la “ultraderecha”, una ideología bastante confusa que reúne nacionalismo, autoritarismo, fundamentalismo religioso, defensa extrema de las grandes fortunas y lo que se le ocurra en la marcha a cualquiera de sus operadores.
Los integrantes de la red se encuentran en reuniones, se reconocen, se financian entre sí, intercambian tácticas y se prestan infraestructura.
Y comparten, sobre todo, un método.
Steve Bannon resumió este método con brutal precisión: “Flood the zone with shit.”
Inunda el territorio de mierda.
Es decir: saturar el espacio público con tal cantidad de mentiras, difamaciones, escándalos, bots y versiones contradictorias que finalmente resulte imposible distinguir lo verdadero de lo falso.
El caos informativo no es un efecto secundario. Es el método.
Para conseguirlo, la red utiliza enormes cantidades de dinero --extraído de los gobiernos capturados y de negocios ilegales--, medios de propaganda y granjas de bots capaces de fabricar tendencias, multiplicar falsedades, destruir reputaciones y falsificar incluso la apariencia de una opinión pública.
Parte del dinero procede de empresarios y organizaciones ideológicas. Otra parte, según distintas investigaciones y denuncias, de estructuras estatales y circuitos opacos o ilegales (lavado de dinero, narcotráfico, venta de influencias). Y existen además vínculos que deben investigarse con las agencias secretas estadounidenses.
No hace falta que alguien coordine cada movimiento.
Ésa es precisamente la novedad.
No hay un cerebro: hay una red.
No hay una doctrina coherente: hay un objetivo.
No se busca convencer: se busca capturar.
No se explaya una ideología: se intoxica.
Una vez capturado un gobierno, ese gobierno aporta poder, legitimidad y recursos para ayudar a capturar al siguiente.
Así ha avanzado la red por el continente. Ecuador, Chile, Colombia, Bolivia...
Y hoy quedan frente a ella únicamente dos obstáculos:
Brasil y México.
México y Brasil deben coordinarse contra esta conspiración que representa ni más ni menos la psicopatía como método y como único fin.
Para terminar, un detalle interesante: la primera víctima de esta red en cada país ha sido el ala liberal de la política.
Capturados por la incierta promesa de compartir el botín, atraídos por "la libertad" de los psicópatas, los intelectuales y medios liberales se han rendido en cada país a la red, que al engullir al Estado, no les ha compartido sino migajas.
Una parte importante de los periodistas milita hoy en la Batalla Cultural.
Ha puesto a un lado la Ética o el orgullo personal y usa sus instrumentos —la investigación, la información, la opinión— al servicio de la Derecha o de la Izquierda.
Publican para convencer.
Detengámonos y desenrollemos esta obviedad: publican para convencer de que el Poder debe pertenecer a los partidos liberales o al partido de la Izquierda.
¿Y qué significa eso en términos concretos?
Que trabajan para favorecer a un grupo de aspirantes a burócratas o a los burócratas ya instalados.
Es un momento de gigantesca denigración del periodismo. Ha renunciado al cielo de la Ética para acomodarse bajo el techo bajo del favoritismo: servir a un grupo u otro de burócratas.
El periodismo, que debía vigilar al Poder, ha terminado trabajando para decidir quién lo ocupa.
En este escenario vergonzoso, el incidente de Derecha Diario desnuda un poco más la decadencia del periodismo.
Derecha Diario es la encarnación sin disculpas de sus peores males: un periódico sin un solo reportero —otra vez: sin un solo reportero—, dedicado al insulto y al bulo, a la pura invención, para golpear a las figuras de la Izquierda por el solo hecho de ser de Izquierda.
Su presidente, Javier Negre, salió de los grandes medios españoles entre controversias profesionales que dañaron severamente su reputación. Hoy simplemente es impresentable: en ningún foro o coctel español podría ser admitido sin un desdoro brutal para sus anfitriones.
En México, sin embargo, este lumpen del periodismo ha sido abrazado por una parte del periodismo que trabaja para el PRIAN mediante un silencio cómplice. Se le dejó operar; hoy que su reputación se ha vuelto un escándalo internacional, se calla el suceso. Simplemente no se menciona —otra vez, valga la repetición— el escándalo internacional.
Debería ocurrir exactamente lo contrario.
Derecha Diario debería provocar horror, porque es el espejo sin maquillaje de aquello en lo que gran parte de los periodistas se han convertido.
Derecha Diario ha eliminado las últimas coartadas del oficio: no necesita reporteros porque no busca averiguar; no necesita contrastar porque ya sabe a quién favorecer; no necesita verdad porque su propósito es golpear al adversario.
Es la Batalla Cultural después de abolir el periodismo.
Y por eso el incidente importa más allá de Javier Negre y de Derecha Diario.
No desnuda solamente a quienes practican abiertamente este periodismo.
Desnuda también a quienes, en secreto, lo reconocen como uno de los suyos y lo protegen con el silencio.
Negre es el pecado negro del periodismo actual, sin disfraz.
Derecha Diario fue bloqueado en Brasil por decisión judicial tras difundir mentiras que dañaban la integridad de una elección democrática.
Alerta: no de una facción política. De la democracia.
México debe investigar judicialmente su actuación y, si acredita delitos, sancionarla conforme a la ley.
Esta es la historia.
En 2022, Derecha Diario difundió como cierta la versión de un supuesto fraude en las elecciones que perdió Bolsonaro.
El Tribunal Superior Electoral determinó que las acusaciones eran falsas. Pero la mentira se había difundido masivamente por medio de ejércitos de bots y fue amplificada por el bolsonarismo.
Dos meses después, cientos de seguidores de Bolsonaro asaltaron el Congreso, el Supremo Tribunal Federal y el palacio presidencial, convencidos de que el bulo era cierto.
Así las cosas, el juez Alexandre de Moraes, entonces presidente del Tribunal Superior Electoral, intervino.
Ordenó bloquear en Brasil cuentas y canales de La Derecha Diario en las distintas plataformas. No por ser de derecha, eso era irrelevante, sino por difundir falsedades destinadas a desacreditar una elección democrática, mentiras que a su vez habían propiciado la intentona de un Golpe de Estado.
Brasil estableció así un principio crucial: la libertad de expresión tiene límites legales y la desinformación puede y debe ser distinguida e impedida.
Desde entonces acá, países hermanos han padecido la interferencia de Derecha Diario en sus elecciones. Argentina, Chile, Colombia, Bolivia. Tales elecciones fueron intervenidas por operaciones delictivas de Derecha Diario, pero estos países no contaron con un Poder Judicial suficientemente robusto que lo impidiera.
México sí tiene un Poder Judicial capaz de detener a Derecha Diario, y debe continuar el trabajo de Brasil. Eso en su propio beneficio y el del resto de los países donde se habla español.
La actividad de Derecha Diario debe bloquearse en México, llevarse a escrutinio legal --y en caso de comprobarse que opera campañas con ejércitos de bots que difunden mentiras, debe ser sancionada y vetada.
@A_MontielR@CitlaHM
Leo un columnismo al que le encanta la fábula, que busca responsabilizar a @lopezobrador_ y a “los duros de Morena” del regreso de @rochamoya_. Nadie cita evidencia alguna, pero todos lo aseguran con toda contundencia, cual si les constara. Es un auténtico nado sincronizado…
Javier Negre merece no solo el repudio. Merece que en México se le juzgue a él y sus compinches.
Demandémoslo.
Saquémoslo del país.
Acá parte de su historial de sentencias judiciales en España por inventar entrevistas, vulnerar derechos de imagen y campañas de difamación.
•Condena por entrevista falsa (2019): Un tribunal español lo condenó por inventar declaraciones y publicar la imagen sin consentimiento de una víctima de violencia de género, lo que llevó a su entonces medio, El Mundo, a publicar una rectificación formal.
•Despido laboral (2020): Fue despedido de El Mundo tras acreditarse prácticas ilegales.
•Múltiples condenas por intromisión y calumnias, vulneración del derecho al honor, hostigamiento a figuras públicas y propagación de noticias falsas a través de sus plataformas digitales.
• https://t.co/6BcatiZOqV