Creo que la cocina es uno de los espacios en los que más disfrutas ver a tus amigos triunfar porque entiendes todo el recorrido y la personalidad de cada uno se va forjando en sus platillos, conceptos y dinámicas.
Normalizamos demasiadas cosas en nombre del cariño. Yo ya no quiero normalizar la ausencia afectiva, el silencio cuando más se necesita o la dificultad para hablar de lo que duele.
Si hoy conociera a alguien con quien todo saliera bien, el día en que pudiéramos decir "llevamos diez años juntos" ya estaría en mis 50.
Hay momentos en que el tiempo deja de sentirse como un calendario y se convierte en el tamaño de las cosas que aún no han ocurrido.
El espacio no siempre es ausencia. A veces es el acto más honesto de cuidado: dejar de llenar el silencio con intentos desesperados y permitir que cada uno descubra qué está dispuesto a hacer con la distancia.
Curioso cómo funciona la mente: una publicación hermosa nunca creemos que habla de nosotros. Pero basta una frase amarga para convencernos de que es una indirecta. A veces proyectamos nuestros miedos más que leemos la realidad.
Amar nunca es perder. El amor que das a las personas, a lo que haces y a aquello en lo que crees siempre deja algo en ti. Amar es construir una mejor versión de uno mismo.
Querer es desear; amar es cuidar. Querer puede esperar algo a cambio; amar también existe en lo que damos sin poseer. Tal vez por eso amar nunca es perder: incluso cuando no obtenemos lo que queríamos, algo en nosotros se transforma.
Hay cafés que saben a territorio, fermentación y oficio.
Otros saben principalmente a una buena agencia de publicidad.
Aprender sobre gastronomía también sirve para distinguirlos.