Sólo tengo que decir a lo de las bibliotecas que benditos los que podéis discutir si una os parece de verdad o no.
Mi "biblioteca" es un ente amorfo y fragmentario, para nada una unidad espacio temporal sino más bien conjuntos inconexos y lejanos de libros repartidos en dos grandes muebles en casa de mis padres, en el aparador del salón de mi casa, donde me resisto a tener que poner unos delante de otros porque no hay más sitio, en varias estanterías del cuarto donde tenemos el ordenador, espacio al que llamar estudio sería darle una categoría que no tiene, porque es más bien la habitación que concentra toda la ropa pendiente de ordenar de las niñas a lo largo de la semana y donde mis guitarras y mis bajos suelen coger polvo mientras yo a veces les miro culpables deseando tener más tiempo para dedicarles.
En una mesita de noche abandonada duerme la columna de libros pendientes de leer, y bajo los cajones del somier estoy seguro que tiene que haber un par de cajas de libros cuya presencia perdí de vista hace tiempo. Los cómics, tanto los de Marvel y de DC como mi colección de Creepys y 1984 están repartidos, desordenados, entre la casa de mis padres y un cajón de mi casa con una mesa delante para que sea imposible que mis niñas puedan abrir y destrozar esos tesoros.
Hay una parte de mi biblioteca perdida: libros que vendí, de forma infame y ahora su recuerdo a veces me atormenta, libros que presté y no volvieron, alguna caja que se perdió en la mudanza de Madrid hace ya 15 años. Pese a no saber dónde están, que manos pasan sus paginas ni que ojos les leen, los siento aún míos, conozco sus nombres, recuerdo sus portadas. Es como el síndrome del miembro fantasma de los amputados. Uno de esos libros, destrozado en una pelea, roto e inservible, aún tiene hueco y presencia fisica entre los demás, como un fantasma atormentado que regresa a recriminarme como pudiste dejar que me hicieran esto a mí.
Mis libros, salvo en alguna ocasión, algún regalo especial, son baratos. Hay más bolsillos que tapa dura, hay más páginas rotas de librillos mal pegados que encuadernaciones buenas. Hay mucho, mucho libro de segunda mano, de tercera, e incluso recogido en el contenedor azul. No es una biblioteca bonita, ni siquiera es una biblioteca unitaria y reunida: son islas, archipiélagos de libros naufragados en las distintas casas que forman parte de mi vida. No tengo espacio para dedicar una habitación a cada una de mis hijas, voy a tenerla para los libros. Supongo que hasta para ser lector, hay clases.
Pero es mía.
Ha crecido conmigo. Año a año, libro a libro, historia a historia.
Que nadie venga a decirte cómo debe ser una biblioteca perfecta. Eso no existe.
Estaba esta mañana escuchando Fontaines D.C. y una cosa ha llevado a la otra y he acabado con Black Grape y Happy Mondays y pensando cuánto le debe el brit pop (y más el de ahora) a Shaun Ryder y lo poco que se dice.
Las grandes obras casi nunca nacen en soledad. Hay que saber rodearse de un buen equipo.
Y el Duque Blanco supo encontrar a los mejores.
Hoy, en #LaHistorietaMusical, terminamos la historia de la Trilogía de Berlín de David Bowie.
Ah y por supuesto: si el grupo que te mola viene a tu ciudad, ve a comprarle la entrada a taquilla.
O verifica si ha cambiado de ticketera y está con otra fiable. Pero no, mejor a taquilla.
Sabes que se lo va a llevar.
Ese tipo de productos normalmente se lo compráis al grupo sin intermediarios.
Y es jodido de decir pero a lo mejor va a ser la única fuente de ingresos para no palmar demasiada pasta cada vez que se suban al escenario a hacer lo que más les gusta.
Lo que más os gusta.
Música.
Y a todos los fans de los grupos que sepáis que están afectados lo único que os puedo decir es que este es el momento de gastaros las perras en lo que vendan ellos directamente en su web o en concierto.
Ediciones especiales, merchandising, discos, una puta taza.
Lo que sea.
El problema de pre-concursos y concursos, aparte de la perdida de confianza es el dinero que está en el aire.
Y joder, para mucha gente hay mucho dinero en el aire.
Y no hablo de super artistas que tienen la vida resuelta, no, hablo de currantes de la música.
Veréis.
Básicamente: la empresa española más importante de venta de entradas se va a tomar por saco.
Ha presentado lo que se llena pre-concurso de acreedores que es como decir "oye estamos mal y no hay pasta, vamos a intentar arreglarlo, paciencia, gente".
Spoiler: no pinta bien.
No sé si muchos sabéis la movida gorda que está afectando a muchos grupos en España ahora mismo.
Puede que solo sigáis a un grupo para sus conciertos y no estéis al tanto de cómo funcionan muchas cosas pero por si acaso, voy a explicar lo que ha pasado y lo que supone.
Foto del día: @axelepu
Celebración contenida. Toma de posesión de los nuevos policías nacionales, siguiendo las medidas de seguridad obligadas por la pandemia. Se aprecia la distancia entre los familiares, que observan el desarrollo del acto. Palma de Mallorca, 30/06/20
Ahí se cachondeaba todo el mundo: hasta su pianista habitual, Cosmé McMoon, que le ponía caretos al público que disimulaba como podía.
Y su nuevo marido, St. Clair Bayfield, un actor fracasado, tampoco se inmutaba: se había arrimado a ella por su dinero.
Hasta se grabó discos.
Yo me despido hasta la semana que viene, que habrá un nuevo hilo para cerrar este ciclo sobre el flamenco.
Mientras, os dejo con mi consejo habitual: nunca dejéis de escuchar música.
Es lo mejor que podéis hacer. 😉
También escribo en otros sitios, no siempre de música: a veces de libros, propios o ajenos.
Y también hago La Historieta Musical en esas-otras-redes tan parecidas a esta. Por si algún día esta revienta.
Lo tenéis todo en:
https://t.co/MmBcTWojF0
Las fotos han salido de Wikipedia Commons, Discogs, Archivo flamenco, Revista Cáñamo, Facebook, Universo Lorca, Fury Days y RTVE. Las de la grabación son de Mario Pacheco.
Están descritas y acreditadas.