Me falló gente que me vio llorar, le abrí las puertas de mi casa, se quedó a comer, y conoció a mi familia. Así que a estas alturas nada me puede sorprender.
no tengo ganas de sanar a nadie, ni de enseñarles cómo tratarme, mucho menos de pedir cosas o que me entiendan.
Cada quien da lo que le nace o hace de corazón