Los políticos se adaptan a su entorno para maximizar sus probabilidades de acceder o de retener el poder. Y si ese entorno cambia, ellos también cambian. Carecen de otros principios salvo la voluntad de poder.
El gran problema de una buena parte del funcionariado (el de oficina) es que vive en el limbo.
Por bien que lo hagan, no se les asciende. Por mal que lo hagan, no se les despide.
Y, claro, sin incentivos ni positivos ni negativos pasa lo que tiene que pasar: desidia absoluta.
Lo de la piñata de Sánchez me parece una astracanada. Pero no debería constituir ningún delito. Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre eso y esto? ¿Que la figura que se golpea no es de Sánchez y que el acto se subsidia con dinero público? ¿Actúan como eximentes del tipo penal?
Óscar Puente en relación con la amnistía: «Yo lo he dicho claramente. Cuando se me pregunta: ¿si no hubierais necesitado esto para la investidura, lo hubierais adoptado? Probablemente, no».
Por si algún despistado (despistadísimo) aún se creía el cuento de la convivencia.