Hay días en que el contacto cero se siente como una victoria.
Y hay jueves, como hoy, donde daría toda mi maldita dignidad solo por escuchar el tono de tu voz diciendo algo tan estúpido como que ya has llegado a tu casa.
Mi imperio romano es no saber su versión de la historia: si alguna vez me lloró, si le dolió, si me pensó; si me recuerda en canciones, si al pasar por ciertos lugares se le viene mi nombre a la cabeza, o si alguna vez se arrepintió de la decisión que tomó.
Si estoy teniendo una conversación difícil contigo, es porque te quiero en mi vida y quiero que te pongas las pilas para poder seguir teniéndote en ella. No te estoy atacando.