Ni quiero, ni debo, no tener a alguien con quien contar cuando algo me ocurra, pueda o no controlar esa situación por sus circunstancias y su complejidad.
Esto lo he dicho mucho, pero si yo no tuviese una red de apoyo a la que acudir, en quien apoyarme y a quien llorarle, estaría en un abismo porque la vida ya es lo suficientemente dura, lo suficientemente perversa y cambiante sin dar tiempo a asimilarla cómo para afrontarla sola.