El monarca se mantuvo silencioso, tan sólo disfrutando del escenario frente a él. Sus memorias comenzaron a ir y venir, haciéndolo preguntarse hace cuánto no lo había visto dormir, pues la corona solía caer primero, para virtud del caballero que quería asegurar su protección.
El tiempo continuaba pasando, el caballero aún sumido en los brazos de Morfeo, ajeno a todo lo que el rey hacía con su ¿indefenso? cuerpo.
De alguna forma, aún estando a solas con el rey, no era capaz de bajar totalmente la guardia. Esas raras posturas, con su mano cerca de (+)
Pero sería una recompensa que tendrían para más adelante.
"Te veías tranquilo." El rey resaltó, con una sonrisa que revelaba la diversión con la que disfrutó el momento. "¿No necesitas unas vacaciones? Alguien más podría cubrirte… mientras descansas un momento, mi amor."
Lo alzaría, con delicadeza pero firmeza, dejando un beso coqueto en su mejilla.
Y con ello, el caballero terminaría perdiéndose en esa cajita recién abierta.
Oh, pero Inigo lo miró desde el primer momento en que entró. Primero asombrado, después la picardía reluciendo a cada parte de él, extendiéndose como un fuego implacable, mirándolo como quien un cazador miraría a su presa.
¿Así que ahí estaba su leal caballero?
Una noche como cualquier otra, tras diversos quehaceres y tareas acabarían por acabar con la resistencia del caballero, que decidió pasar por la taberna antes de volver a descansar por el día. Escuchó algo recientemente, rumores de que en ciertas noches un espectáculo como (+)
impropias hasta sus caderas, mientras su sonrisa le invitaba a más.
El mundo alrededor podría lucir celoso por el aparente interés, pero para él bailarín poco podría importar. Su índice nuevamente subió, perfilando su mejilla hasta llegar a su mentón.
casi como un susurro, un baile silencioso mientras se preparaba para un nuevo día.
Aunque en todo momento observaba su rostro aún dormido, disfrutando de cómo las telas caían sobre él. Un espectáculo magnífico, que nunca se cansaría de apreciar.
Sólo le encantaba más y más.
Sabía cómo derrumbarlo… Aun sin título real, que desde su cuna se mantuvo consigo. Había algo especial en su voz al requerir, no importaba cuál fuese, una petición a su caballero más fiel. Lo miró debatirse, el conflicto interno avivándose en sus iris siempre alertas.
Así que esas eran sus órdenes... El caballero siempre sabía cuando estaba recibiendo estás, por lo que al final en otra encrucijada se encontraba, una vez más.
¿Sería capaz de dormir con la cantidad de eventos que tenía que dirigir?
¿Quién estaría ahí en caso de que (+)
no despertarlo, pero provocando una ligera curva en los labios ajenos, aún dormido. Inigo no imaginaría el verdadero motivo.
Aún abrumado por el calor en su pecho, dejó la máscara sobre su velador, y comenzó a vestirse. Bastarían largos minutos, moviéndose el rey en silencio,