Nadie me dijo que en mis 30s iba a dejar todo en Utah y mudarme a México a perseguir la música.
Tampoco me dijeron que iba a ser fácil.
Pero sí me dijeron que era demasiado tarde.
Y eso... resultó ser mentira.
#musica#elgringoquenoserinde#bahlam
Este viaje a Utah fue corto, pero necesario. Me celebraron un cumpleaños atrasado en mi restaurante favorito, rodeado de la gente que me conoció antes de que fuera "El gringo que no se rinde". 🎂❤️
#artistaemergente#ElGringoQueNoSeRinde#Bahlam
A los 20 tenía el sueño, a los 30 la estrategia. 🩺🎸
Ser fisio es mi arma secreta:
Voz = Músculo.
Se entrena con precisión.
Resiliencia. Un "no" es solo un síntoma.
Disciplina. Sin plan de tratamiento no hay éxito.¡El sueño no caduca! 🐆✨
#Bahlam#CDMX#Resiliencia
Marzo me enseñó que el tamaño de tus sueños siempre debe exceder tu capacidad de lograrlos. Si tus sueños no te asustan, no son lo suficientemente grandes.
Este mes en la CDMX fue una chinga, pero de las buenas
#Resiliencia#CDMX#ArtistLife#Bahlam#MarzoDump
A los 30 el tiempo no pide permiso, cobra factura. 10 verdades:
Disciplina > Talento.
Salud = Inversión.
Decir "No" salva carreras.
Biculturalidad es poder.
Cree en ti o nadie lo hará.
Día 1/100 de El gringo que no se rinde 🐆. ¡A darle! 🇲🇽🇺🇸
#Bahlam#CDMX#Resiliencia
Hay cuentos que no nacen de la fantasía, sino del dolor que no se puede decir en voz alta. Hans Christian Andersen escribió La Sirenita después de enamorarse de su amigo Edvard Collin… y no ser correspondido. No fue un amor escandaloso, ni siquiera visible: fue de esos que se quedan en cartas, en silencios incómodos, en la esperanza absurda de que el otro entienda sin que uno tenga que decirlo. Collin no lo amaba. Y Andersen, en lugar de olvidarlo, hizo lo que hacen los escritores: lo convirtió en historia.
Pero si uno lee “La Sirenita” sin el filtro de Disney, la historia es brutal. No hay final feliz. La protagonista renuncia a su voz, a su mundo, a su identidad… por alguien que jamás la elegirá. Camina con dolor constante, como si cada paso fuera una herida, y al final no obtiene el amor, sino la desaparición. No es un cuento romántico, es una confesión disfrazada: amar a alguien que no puede —o no quiere— corresponderte, y aún así desear quedarte cerca, aunque eso te destruya poco a poco.
Y aquí viene lo incómodo: durante años hemos suavizado esta historia porque nos incomoda su origen. Nos gusta más la versión donde todo termina bien, donde el amor es correspondido, donde nadie pierde. Pero la historia original —y la vida de Andersen— nos recuerdan otra cosa: que el amor, sobre todo el amor prohibido o imposible, no siempre salva… a veces duele, transforma, y te obliga a convertirte en algo que no eres solo para ser visto por alguien que nunca iba a mirarte igual. Tal vez por eso sigue siendo tan poderosa: porque, en el fondo, todos hemos sido un poco la sirenita alguna vez.