De Niro: I hate to say it, but loving our country is starting to sound like an abused spouse saying they love their abuser.
I can’t love a country that starts stupid and inhumane wars, killing thousands of innocents and indirectly causing the deaths and suffering of millions more.
I can’t love a country that takes healthcare away from millions of people and uses that money to enrich their pals in the Trump-Epstein class.
I can’t love a country that sends out masked militias to shoot citizens in the streets, torture our neighbors, and separate families.
I can’t love a country that’s led by a racist, misogynist, xenophobic tyrant.
And let me just say it: I can’t love a country that’s led by Donald Trump and his sycophant Congress.
Hoy he ido a El Corte Inglés a comprar unos calcetines y me he dado cuenta de que han derogado el calendario gregoriano. El tiempo ya no funciona igual, en serio.
No es que haya habido una encíclica papal, pero el hecho material está ahí, verificable por cualquiera que intente comprar unos calcetines: no se puede. No se puede comprar calcetines sin más. Estamos ahora mismo en Summertime y en los Tecnoprecios, me han dicho, y los calcetines tienen un 20%, pero solo si los compro con una camisa, y la camisa está en los Ocho Días de Oro, que en realidad son trece días porque se han prolongado por la Semana Fantástica, que es de quince, pero me puedo comprar una tablet y una roomba al 10%, aunque entonces los calcetines no tienen descuento.
Al final he salido mareado, con una camisa que no necesito, una toalla del Summertime (al 15%), sin calcetines y con la sensación de que el cosmos ya no se rige por las leyes del tiempo.
Y eso es porque el cosmos ya no se rige por las leyes del tiempo.
Por ejemplo, la primavera, en sentido astronómico riguroso, comienza el 20 de marzo a las tres y veinticuatro de la madrugada o por ahí, en función del año bisiesto y de los milisegundos que la Tierra ha decidido gastar en su última órbita. Esto es una verdad medida por instrumentos en el Observatorio de Greenwich, en el de San Fernando, en el de Calar Alto, en todos los observatorios del hemisferio norte conectados a relojes atómicos de cesio que oscilan nueve mil ciento noventa y dos millones seiscientas treinta y una mil setecientas setenta veces por segundo.
Pues bien, la primavera en El Corte Inglés empieza el 20 de febrero, un mes antes. Empieza cuando un cartel a treinta metros de la entrada de la calle Preciados despliega la fotografía de una mujer rubia de pelo al viento sobre fondo de margaritas amarillas y la frase fundacional —frase que Ramón Areces vio en una playa de Cuba en los años 40 y que en realidad había usado antes la tienda El Encanto de La Habana antes de que Fidel se la llevara por delante en el 59—. Esa frase es el Génesis Bíblico del comercio español: YA ES PRIMAVERA EN EL CORTE INGLÉS.
Tatatatatá: YA ES.
El verbo en presente. El cesio puede oscilar lo que quiera y el sol puede cruzar el ecuador celeste cuando le dé la gana. La primavera en España llega cuando lo dice un cartel en Preciados y no antes. Y la Navidad llega cuando ponen Cortylandia el día 27 de noviembre —antes lo hacían el día 2, pero ahora hay campaña de Black Friday; y antes de eso lo hacían el 15 de octubre, pero ahora hay campaña de Halloween—. Y el Summertime está aquí a día 24 de mayo, y te paseas a 15 de agosto por el centro comercial y ves los carteles que dicen SIENTE EL OTOÑO pero lo único que tú sientes son las rozaduras del sudor en la parte interior de los muslos porque hace un calor del carajo y te cagas en Areces y en sus herederos y en su decisión de decretar las estaciones del año.
Pero es que, además, dentro el tiempo no transcurre, dentro el tiempo se solapa.
Las campañas del Corte Inglés son simultáneas, aluvionales. Hoy estamos en Summertime y en Tecnoprecios y en Ahórrate el IVA, pero si vas un día, qué se yo, de febrero, puedes estar en la Semana Fantástica de primavera pero aún queda media semana de Blancolor, que se ha extendido por demanda popular, y los Días sin IVA — que no son Ahórrate el IVA, estos son otros— ya están en cuenta atrás, y se anuncia el Límite Cuarenta y Ocho Horas en electrodomésticos AEG, y empieza el Club MIMO con su descuento adicional del 20% para titulares de la tarjeta. Todo a la vez, en el mismo edificio, en la misma tarde.
Es Zenón, la paradoja eleática llevada al departamento de menaje. Si las campañas son siempre, no hay campañas. Si toda la primavera es Semana Fantástica, la Semana Fantástica es la primavera. La palabra "semana" se descose de su significado, deja de querer decir lo que quería decir, se convierte en una unidad temporal abstracta, una semana fantástica de tres semanas, una semana que dura el tiempo que sea necesario que dure para mover el stock, una semana cuántica.
Y todas esas semanas y esas campañas tiene nombres, y esos nombres se han decretado en algún momento, y el mecanismo por el que se decretaron esos nombres no lo voy a contar porque lo desconozco, pero conozco el archivo.
El archivo existe. El archivo ocupa, según las estimaciones más fiables, unos cuatrocientos metros cuadrados en un sótano de la sede de Hermosilla, una biblioteca iluminada por fluorescentes que zumban con la frecuencia del aburrimiento y una mesa central con una silla giratoria y un señor que se llama Eustaquio. Eustaquio lleva cuarenta y un años allí, sabe dónde está cada carpeta. Eustaquio podría escribir una historia subterránea del comercio peninsular escrita exclusivamente con las palabras que no llegaron a ser. Porque eso es lo que guarda el archivo: los nombres rechazados.
Por cada Blancolor que pasó al cartelero de invierno hubo entre treinta y cuarenta candidatos previos que no pasaron, candidatos que fueron formulados en una sala de reuniones cualquiera, escritos en una hoja A4 con membrete, votados, descartados, sellados con un tampón rojo que decía NO APROBADO y enviados al sótano de Eustaquio.
En la carpeta de Blancolor hay propuestas previas que ponen los pelos de punta. Sabanablanca. Blanquíssimo, con doble ese, para evocar lo suizo. Hogar Limpio, demasiado higienista. Ropa de Cama Premium, demasiado obvio. Algodonal, que sonaba a peluquería. Lencerísimo, que sonaba a otra cosa. Sábanas Hispania, que evocaba demasiado el franquismo todavía reciente. Blanconieves, descartada por motivos de propiedad intelectual. Albaforte, que parecía un detergente. Treinta y siete propuestas hasta que apareció, en el folio número treinta y ocho, escrita a bolígrafo en el margen, la palabra Blancolor, y al lado, también a mano, una flecha y la inscripción «esta misma».
La carpeta de Tecnoprecios es todavía más entretenida. Compitieron, entre otros: Electrochollo. Tecnogangas. Hipertecno (esta estuvo a punto, en serio). Las Locuras del Microchip. Días Pixel, que se rechazó porque alguien en el departamento pensó que pixel sonaba a algo que se rompe, y los electrodomésticos no pueden sonar a algo que se rompe. Se impuso Tecnoprecios por mayoría simple en una votación de la que se conservan, sorprendentemente, las papeletas.
Al final, para cada nombre hay un montón de descartes que Eustaquio custodia allá abajo y, cuando se jubile —si es que se jubila en algún momento y no fosiliza junto a los archivadores— dejará un vacío difícil de cubrir, porque nadie más se sabe la nomenclatura interna de las carpetas, , nadie más sabe en qué balda exacta está la papeleta que decidió Tecnoprecios contra Hipertecno. Nadie sabe que cuando entras a comprar calcetines en Blancolor estuviste a punto de comprarlos en Algodonal o en Blanquíssimo o en Lencerísimo. La superficie comercial nos protege del subsuelo. La superficie comercial siempre nos protege del subsuelo.
Yo creo que por eso el tiempo ha dejado de existir en El Corte Inglés, porque si supiéramos la cantidad de palabras descartadas que duermen bajo cada cartel no podríamos comprar tranquilos, compraríamos pensando en las palabras vencidas, en los nombres muertos.
Y al final, probablemente, hoy ya no existe.
Probablemente hoy sea, en algún sitio, Primavera en El Corte Inglés.
@alfwarrior Lo que he visto y oido en la prensa es que cuesta diferenciar con precisión términos básicos, como contacto, infectado, sintomático (no diagnosticado), paciente cero... Es como si los conceptos fueran sinónimos y las palabras se eligen según lo que pida la impresión del texto.
@sninobecerra Si la productividad depende menos del trabajo y más de capital (maquinaria, robotización, IA...) ¿las pensiones no deberían financiarse cada vez menos de las cotizaciones de los trabajadores? No es un asunto meramente técnico, es muy político, ¿no?
@alfwarrior Es que el 146.9 es la típica "Parada Cardio- Respiratoria" que tiene muy poca precisión, al menos en nuestro país. P. Ej: una persona anciana aparece muerta en la cama por la mañana y, no sabiendo la causa, se le asigna el 146.9 . Por eso lo comento.
@vbaosv Tienes razón. Eso mismo me explicó a mí un gine. El que no sea objetor en un servicio se va a comer todas las IVE, no va a hace otra cosa, y su desarrollo profesional se va a estancar. Hay que dar una vuelta organizativa a todo ésto para ver cómo superarlo.
“CARTA DE UNA PROFESORA” PARA LOS “IGNORANTOS E IGNORANTAS”
Vía Facebook : : 🔝🔝🔝
“Carta de una Profesora” con acertadísima y lapidaria frase final. Está escrito por una profesora de un instituto público.
Yo no soy víctima de la Ley Nacional de Educación. Tengo 69 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política.
En jardín (así se llamaba entonces lo que hoy es “educación infantil”, mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente:
la A de “araña”, la E de “elefante”, la I de “iglesia” la O de “ojo” y la U de “uña”.
Luego, cuando eras un poco mayor, llegaba “Semillitas”, un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto.
Eso sí, en el Semillitas, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.
En Primaria estudiábamos Lengua, Matemáticas, Ciencias, no teníamos Educación Física.
En 6º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de “b en vez de v” o cinco faltas de acentos, te bajaban y bien bajada la nota.
En Bachillerato, estudié Historia de España, latín, Literatura y Filosofía.
Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las “Coplas a la Muerte de su Padre” de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda…
Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección.
Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.
Y… vamos con la Gramática.
En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales.
El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”.
¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “el que tiene identidad”, en definitiva “el que es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación “ente”.
Así, al que preside, se le llama “presidente” y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.
De manera análoga, se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”; se dice “estudiante”, no “estudianta”; se dice “independiente” y no “independienta”; “paciente”, no “pacienta”; “dirigente”, no dirigenta”; “residente”, no “residenta”.
Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son “periodistos”), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por la dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hacen más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).
Les propongo que pasen el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no “ignorantas semovientas”, aunque ocupen carteras ministeriales).
Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!
SI ESTE ASUNTO “NO TE DA IGUAL”, PÁSALO, POR AHÍ, CON SUERTE, TERMINA HACIENDO BIEN HASTA EN LOS MINISTERIOS.
Porque no es lo mismo tener “UN CARGO PÚBLICO” que ser “UNA CARGA PÚBLICA”.
@JulioIrigoyen1@fjresal@Carcos2 Un tutor, un maestro, es sobre todo un modelo. Un estudiante o un residente tendrá que adoptar un "modelo" para su futuro profesional. Como tutor esperaba que el mío fuera el elegido, intentando mejorar mi (y su) excelencia profesional y humana. No siempre los conseguí.
@Ari_Arifu2 Los fines de la medicina del siglo XXI no son sólo prevenir y curar. También aliviar el sufrimiento inútil y ayudar a una muerte en paz. La eutanasia se entiende hoy como el último recurso de compasión del profesional hacia un paciente cuyo sufrimiento es incurable y refractario