@Ash_Lee_IRL My wardrobe will take me to Narnia.
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La violencia vicaria que España no quiere ver
Durante años, la violencia vicaria se ha presentado en España como un descubrimiento jurídico de vanguardia.
Se definió como la agresión que un hombre ejerce contra sus hijos para dañar psicológicamente a su pareja o expareja mujer.
Un crimen atroz, sin duda. Un horror que merece toda la condena moral y penal. Pero el problema no está ahí. El problema está en lo que la ley decide no mirar.
Porque en España la violencia vicaria solo existe cuando el agresor es un hombre y la víctima una mujer.
Si la agresión la comete una madre, si la instrumentalización emocional la ejerce ella, si manipula, daña o incluso mata a los hijos como forma de castigo o dominio, el sistema ya no lo llama violencia vicaria.
Lo disuelve en categorías difusas como violencia doméstica, maltrato familiar o problema psicológico o incluso suicidio ampliado.
Es el mismo hecho, con las mismas secuelas para los menores, pero con un nombre distinto y con un reproche público menor. La tragedia depende del sexo del agresor.
Varias fuentes lo reconocen sin eufemismos. El Defensor del Pueblo, en un documento oficial, define la violencia vicaria como un tipo de violencia machista cuya víctima final es la madre.
El blog jurídico SEPIN señala que los menores asesinados por sus madres no se contabilizan como violencia vicaria porque la categoría está reservada solo para hombres agresores.
Y varios medios recogen la preocupación de los magistrados, porque la ley solo permite condenar por violencia vicaria a hombres, nunca a mujeres. No es interpretación. Es una estructura.
¿El resultado? Una legislación que no describe la realidad, sino una versión ideológica de la realidad.
Y cuando la ley deja de describir el mundo para empezar a describir un relato, quien pierde no es un bloque político ni un colectivo concreto.
Quien pierde son los menores, los padres injustamente señalados y las instituciones que, creyéndose neutrales, terminan operando con un ojo vendado.
No hay evidencia científica que sostenga que solo los hombres pueden instrumentalizar a sus hijos para dañar a su pareja.
La manipulación emocional de menores, el secuestro afectivo, el uso de los hijos como palanca en conflictos de pareja, la alienación parental, el bloqueo de visitas, el miedo inculcado y la triangulación psicológica son conductas documentadas en ambos sexos.
Y lo son desde hace décadas en psiquiatría, psicología familiar y derecho comparado. Solo España ha decidido que el fenómeno pertenece biológicamente al hombre y simbólicamente al patriarcado.
La consecuencia inmediata es la más grave, existen menores víctimas que no encajan en ninguna categoría legal protegida. Víctimas sin nombre oficial. Víctimas de segunda.
Si los daña su padre, la sociedad lo reconoce como violencia vicaria. Si los daña su madre, la sociedad lo disuelve en un cajón normativo sin entidad propia, incluso que habría que entender a la madre de por qué lo ha hecho.
Los niños no entienden de categorías políticas. Solo sufren las decisiones de los adultos.
Además, la unilateralidad de la ley alimenta inevitablemente incentivos perversos. En procesos de divorcio conflictivo, donde la disputa por la custodia está abierta, la mera acusación de violencia vicaria funciona como un misil jurídico, es decir, expulsa al padre del proceso, inclina la balanza cautelar y genera un estigma inmediato que tarda años en revertirse.
Las madres que manipulan, instrumentalizan o dañan emocionalmente a los hijos no enfrentan una categoría equivalente, pese a que las secuelas para los menores pueden ser idénticas o incluso peores.
Todo esto no pone en cuestión que existan hombres que cometen atrocidades. Pone en cuestión que la ley solo reconozca un tipo de atrocidad dependiendo del sexo del agresor.
No hay civilización sin simetría jurídica. No hay justicia sin categorías neutrales. No hay protección infantil si los niños se convierten en armas retóricas en debates ideológicos.
España necesita una definición de violencia vicaria que describa los hechos, no el relato político.
Una categoría que ponga a los menores en el centro, no en el marco teórico de la violencia de género.
Una ley que no transforme a los niños en argumentos, sino en sujetos protegidos.
La realidad es sencilla, cuando un progenitor daña a un menor para castigar al otro, hay violencia vicaria. Sea hombre o mujer.
Todo lo demás es ideología. Y la ideología, cuando se mete en la ley, siempre deja víctimas por el camino.
@MasterMaliq It would be possible to try asking the same question by swapping the nuns for firefighters in uniform, and the comparison would be just as absurd.
@pelayo_miguel Considerando que quien se encontraría viviendo en la miseria difícilmente tendría cuenta en X, no quedaría claro a quién se estaría dirigiendo este hilo.
@Aris_theCharles @NeoTolkienist @huronenfadao Entendiéndose la dura situación, la posición de quienes defenderían el derecho a nacer pasaría porque aceptar una razón que justificara acabar con la vida de un ser humano implicaría la posibilidad de tener que aceptar otras.
Ninguna decisión moral garantiza ausencia de dolor.
Esto es simplemente FALSO. Os doy 24 horas para eliminar la noticia si no queréis acabar como vuestro Fiscal General.
Yo NUNCA he recibido un euro público, no estoy contratado en ningún canal y el PP no ha “pagado” nada a nadie.
Son acuerdos de publicidad institucional o campañas turísticas que realizan muchos ayuntamientos. Que vosotros seáis un panfleto de extrema izquierda y no conozcáis el funcionamiento de los medios oficiales no es mi problema. En cualquier caso, yo ni estoy en eso, soy un trabajador autónomo. Borrad, perroflautas, y buscad un trabajo serio.
@solrak3126 De igual forma y puestos a repartirse medallas, algunos parecerían no querer ver en él a un bebé, sino a un subproducto humano del que convendría haberse deshecho, eso sí, por su propio bien.
@Berishink Serían órganos sexuales porque provocarían en cualquier adulto del sexo opuesto un impulso sexual natural significativamente superior de lo que evocaría la mayoría de las otras partes del cuerpo.
Negarlo implicaría afirmar que mostrar las cejas tiene igual efecto en el varón.
@soniaTsanchez Y que por tanto debería aceptar que tal y como su hermano, su amigo o su hijo fueran denunciados aun en falso deberían perder el acceso a su vivienda, la opción de estar con sus hijos, el prestigio social, quizás su trabajo, y aparecer en estadísticas como potencial maltratador.