Mientras más creces como mujer, más te das cuenta de que la felicidad está en las mañanas tranquilas, una vida privada, una mente en paz, un espacio limpio y personas que no te drenan.
Aspiro a una vida tranquila porque ya viví demasiado tiempo en medio de la ira, el caos y el desorden. Hoy elijo la calma, los límites y la distancia de todo aquello que me roba estabilidad. Entendí que mi paz no es un lujo: es una necesidad que voy a cuidar.