@BaumFestival_ Comprasmos dos boletas el 3 de febrero y no han llegado; escribimos al canal como de solicitudes y no hay respuestas, tampoco hay un número donde llamar, está horrible
Contradecir a una mujer no es misoginia.
Responderle con firmeza a una periodista no es violencia.
No estar de acuerdo con una pregunta no es maltrato.
A las mujeres se nos respeta tratándonos como adultas, capaces de preguntar duro y también de recibir respuestas duras.
Lo demás, es conveniencia política disfrazada de feminismo.
La verdadera brecha del futuro no será solo económica, sino cognitiva
Mientras unos acumulan capital de atención y pensamiento profundo, otros se ahogan en chatarra mental viral
La desigualdad cognitiva se hereda por entornos y hábitos
Provocador, pero necesario
Recomiendo este excelente artículo del NYT. Harrington sostiene que están formando a una generación para vea videos cortos y piense poco. Con el tiempo, aumentará la desigualdad social. Los hijos de ricos leerán textos profundos y complejos, y los de pobres leerán poco y muy mal:
La envidia como forma de ciudadanía
Por Carolina Restrepo Cañavera
Ayer una joven colombiana de 19 años, Jerome Sanabria, fue reconocida como la Rising Star número uno del mundo en el tema de pensiones. Sí: una joven que desde los 16 años lleva tres trabajando, investigando y hablando con solvencia sobre uno de los asuntos más complejos del sistema económico. Su logro no es menor: fue destacada por una revista especializada en Europa y Estados Unidos que premia a las nuevas voces globales del sector. Y lo más bello es que lo contó con la mezcla de orgullo y ternura de quien sabe que los sueños también se conquistan con disciplina. Dijo que recibiría el premio allá, en Europa, y que eso la emocionaba profundamente.
Y entonces apareció lo que tanto nos retrata como sociedad: la jauría. Personas adultas, jóvenes amargados, usuarios que no son nada en la vida porque ni siquiera tienen nombre y se esconden detrás de un teclado. Todos listos para destruir. Salieron a decir que no se lo merecía, que seguro tenía palancas, que todo era marketing, que ellos también lo habrían logrado “si quisieran”. No podían soportar que una joven de 19 años brillara sin pedir permiso.
Esa reacción es el espejo más triste del país: una Colombia que no celebra el mérito, sino que lo sospecha. Que confunde igualdad con mediocridad. Que no soporta que alguien se destaque sin el aval del resentimiento. Es la envidia institucionalizada como emoción colectiva.
Aquí la gente no quiere que todos estén mejor; quiere que nadie esté mejor que ellos. Esa es la raíz de nuestra pobreza moral. Una pobreza que no se mide en pesos ni en PIB, sino en la incapacidad de alegrarse por el logro ajeno.
Porque el caso de Jerome no es aislado. Cada vez que un joven, una mujer o un emprendedor consigue algo fuera del molde, surge el mismo reflejo: la necesidad de degradar. No de discutir ideas, sino de deslegitimar personas. En ese hábito, aparentemente inofensivo, se esconde una de las heridas más profundas de nuestra cultura: el miedo al mérito.
Nos acostumbramos a leer los logros con el filtro del resentimiento. A pensar que el éxito debe tener trampa. Que si alguien logra algo, es porque “seguro algo raro hay”. Es la derrota del reconocimiento. La muerte de la admiración.
Y sin admiración no hay progreso posible. Los países no avanzan solo con leyes o presupuestos, sino con ejemplos que inspiran. Con jóvenes como Jerome, que demuestran que el conocimiento no tiene edad, que la constancia no necesita padrinos y que la pasión también puede ser una forma de servicio.
El mérito, de verdad, no tiene lobby. Tiene esfuerzo. Horas sin dormir, lecturas, rechazos, trabajo invisible. Pero eso no genera aplausos inmediatos. Lo que sí genera ruido es la destrucción: ver caer al que se esforzó, burlarse del que sueña, señalar al que arriesga. Ese es el nuevo deporte nacional: descalificar para no sentirse menos.
Jerome Sanabria no debería tener que defender su logro. Deberíamos estarla entrevistando, invitando, aprendiendo de su disciplina. Deberíamos agradecerle por recordarnos que en Colombia todavía hay jóvenes que estudian, que investigan, que quieren aportar desde el conocimiento.
Pero no: la sociedad la juzga por existir. Porque brillar sin pedir permiso es una forma de rebelión. Porque ser joven y preparada en un país acostumbrado al cinismo es casi un acto de resistencia.
Esa es la verdadera miseria del país: no la económica, sino la del alma. La que se expresa en la necesidad de ensuciar lo limpio, de dudar del inocente, de herir al que todavía cree.
Jerome no solo ganó un premio. Nos puso un espejo incómodo: el de una sociedad que aplaude la mediocridad, que premia la victimización y que castiga el mérito. Ella no tiene que revisarse. Quien debe hacerlo es este país que perdió la capacidad de alegrarse por el bien ajeno.
Porque cuando una sociedad deja de admirar, deja también de aspirar.
Y ese, quizá, es el mayor fracaso colectivo de todos.
Pipol, la situa’ de las finanzas públicas de Colombia está densa. Hay severo debate por la regla fiscal 📏… Que se cumplió, que no, que maso… ¿Qué es todo eso y en qué nos afecta? Venga le cuento 🧵.
#APROVECHE. ¡Mazorquita a 10 mil pesitos! 🌽 Camión que llevaba a campesino lo dejó tirado en plena Av. Calle 13 de Bogotá. El ciudadano del campo tuvo que empezar a vender la mercancía a bajo costo para que no se le pierda y en grupos de apoyo piden colaborale.
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