Cuando eres pequeño quieres crecer rápido.
Después quieres que algunas cosas vuelvan a ser simples.
Quizás crecer no consiste en dejar atrás esa versión de ti.
Quizás consiste en aprender a llevarla contigo.
Hay viajes que compras con dinero.
Y hay viajes que terminas pagando con sueño, incertidumbre y decisiones improvisadas.
Curiosamente…
son algunos de los que más recuerdas.
La curiosidad puede llevarte a lugares extraños.
Una búsqueda.
Una conversación.
Un viaje.
Una persona.
Una idea.
Un proyecto.
Y de repente estás viviendo algo que nunca habías imaginado.
Nunca sabes qué puerta puede abrir una simple pregunta:
“¿Qué pasaría si…?”
Un día cualquiera puede convertirse en uno de los días que más recuerdes. Una salida
que no querías hacer.
Una persona que conociste por casualidad.
Una decisión espontánea.
Una noche que terminó diferente a lo planeado.
Por eso no subestimes los días normales.