Son feministas hasta que Bad Bunny les baila pegado.
Son socialistas hasta que descubren lo cómoda que es volar en primera clase.
Son ecologistas hasta que toca un fin de semana en yate o un vuelo a las Maldivas.
Son tolerantes hasta que se enteran de que votas a la derecha.
Son pacifistas hasta que alguien discrepa de ellos.
Son partidarios de la libertad de expresión hasta que escuchan algo que no les gusta.
Son antielitistas hasta que los invitan a un reservado VIP.
Son ciudadanos del mundo hasta que les toca tenerlos de vecino.
Son partidarios de repartir la riqueza hasta que les toca repartir la suya.
Antes pensaba que nuestros padres eran demasiado estrictos, pero ahora, al observar a los jóvenes de hoy, creo que nuestros padres nos salvaron la vida. 🙏
La infancia de tu hijo no vuelve... y tampoco vuelve esa mamá primeriza que estás siendo ahora, con todos sus miedos, tropiezos y descubrimientos. Nadie nos enseña a maternar, y como todo aprendizaje, conlleva logros y caídas. Sé amorosa contigo misma como lo eres con tus hijos. Tú también estás aprendiendo.
Hay un apagón general, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
Descarrilan trenes, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
No hay viviendas, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
El trabajo es precario, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
Pagamos la mitad de lo que ganamos en impuestos que no ven compensado ese gasto en infraestructuras y servicios, pero el Gobierno no tiene nada que ver.
Convirtiéndonos a una velocidad de vértigo en tercer mundo.
Qué ganas de que existan gestores competentes. Que lleven la camiseta del color que quieran, pero que hagan de este potencial paraíso un lugar donde uno no viva temblando por qué va a ser lo siguiente.
Ayer, hablando con un inglés sobre España y nuestra cultura, me preguntó directamente de qué podemos estar hablando durante horas en las comidas, y cómo es posible que esas sobremesas interminables casi enlacen con la cena.
Le respondí simplemente: “de la vida”.
Y se hizo el silencio.
A veces olvidamos que somos una potencia exportadora de algo que muchos países admiran: el arte de vivir. No sé por qué nos avergonzamos de ello, cuando es uno de nuestros mayores tesoros culturales.
Dicen que la confianza es como esas tazas que guardas en la estantería más alta: las que usas poco, las que te da miedo romper.
Porque cuesta subirse hasta allí, elegirla, cuidarla.
Cuesta apostar por alguien sin saber si hará lo mismo por ti.
Y aun así lo hacemos.
Con el corazón temblando, con más dudas que certezas, pero con ganas.
Porque confiar es una forma silenciosa de decir “me importas”.
El problema es que basta un gesto mal dado, una palabra que no encaja, un silencio a destiempo…
y de repente todo se cae.
Se rompe.
Hace ruido por dentro.
Lo bonito —y lo jodido— es que la confianza no se recupera pidiendo perdón.
Ni con promesas.
Solo con hechos.
Con tiempo.
Con ganas de verdad.
Al final, confiar es saltar.
Y esperar que la otra persona no te suelte la mano a mitad del salto.
No hay nadie que se acerque a lo que hace Rosalía. Lo suyo es arte, visión y riesgo.
Lo de Rosalía no es copiar ni seguir modas. Es crear un universo propio.
Va años luz del resto. IMPECABLE. 💫