Os presentamos «Como dicen en mi pueblo». 🌿🍂
232 páginas, para todos los públicos, con una perspectiva científica que contribuye a desterrar los prejuicios contra las hablas rurales, consideradas frecuentemente peores sin ningún fundamento. ¡Resérvalo!
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¿Qué pasa todos los días a esta hora con la línea 64 que sale desde Pitis, @EMTmadrid? Más de 20 minutos esperando en la parada y pasan autobuses vacíos que no admiten viajeros.
Igual desmantelar el Estado de bienestar recaudando la mitad del IRPF a cambio de ganar 150 pavos más al mes no es la magnífica idea que algunos creen.
Qué privilegio poder correr, pagar un gimnasio, comprar comida saludable, tener trabajo, pagar las cuentas, tener piernas que caminan, ojos que ven y una mente que funciona.
Los médicos podemos solicitar pruebas o derivaciones con prioridad “normal” o “preferente”.
La mayoría deberían pedirse con prioridad “normal” pero si la espera va a ser de varios meses, se termina pidiendo por prioridad “preferente” sin serlo.
Los jefes de servicio que reciben estos volantes se encuentran con un número de pacientes “preferentes” que no pueden citar en los huecos que tienen reservados para pacientes “preferentes” y en muchas ocasiones tienen que darles una prioridad “normal” tras analizar la razón de la derivación para poder atender los más “preferentes”.
El resultado es que muchos pacientes ven como lo dan una cita en meses o años y vierte su malestar hacia su médico de Atención Primaria que no puede hacer nada o termina en Urgencias donde tampoco se le pueden dar citas antes ni adelantar las pruebas en la mayoría de los casos.
En ocasiones desde Urgencias se terminan ingresando pacientes con el único objetivo de poder adelantar esas derivaciones y pruebas que se podrían estudiar ambulatoriamente.
La sanidad pública está rota. Desde hace varios años. En Madrid, en Cataluña, en Andalucía y en prácticamente cualquier CCAA… Y desgraciadamente nadie hace nada.
Muchos tenemos la sensación de que la vida va más rápido, pero es que el consumismo va a años luz. Las rebajas de verano ya mismo serán de primavera. No ha terminado verano y ves cosas de Halloween. Y en septiembre llega la vuelta al cole, los coleccionables y la Navidad. Basta😆
Lo tengo clarísimo: el teletrabajo debe tomarse como una medida de bien público. Igual que una empresa no puede contaminar un río, una empresa de 5 mil empleados no puede decidir unánimemente que todos sus empleados deben ir todos los días a la oficina, sobretodo si se demuestra que pueden hacer ese mismo trabajo perfectamente desde casa.
Si tú quieres tener a tus trabajadores atados y bien atados bien por ti, pero esa decisión tiene consecuencias sobre todos nosotros: transporte público colapsado, carreteras atascadas, barrios partidos por autovías de 6 carriles que solo se usan de 8 a 9, aire contaminado, mayor dependencia del petróleo, peor conciliación, emisiones de CO2 y puedo seguir. El teletrabajo es incluso una medida para bajar el precio de la vivienda, porque ayuda a que mucha gente se vaya de Madrid a las afuerzas o incluso a pueblos a trabajar, destensionando el mercado de la vivienda (y mejorando mucho la calidad de vida de algunos).
Tanto los ayuntamientos de las grandes ciudades como el propio gobierno debería incentivar mucho más el teletrabajo, no dejarlo al libre designio de los intereses privados, porque en él hay una clave importante para mejorar nuestras vidas y hasta para frenar el cambio climático. Almeida ya demostró que podíamos descongestionar la ciudad sin ningún problema durante la visita del Papa, pidiendo a la gente que teletrabajara. Preocupémonos por nuestra gente también el resto del año.
Me he bajado el inventario de bienes inmuebles de la Comunidad de Madrid.
Está colgado en su propio portal de transparencia, con datos de 2025, y es un Excel que puede abrir cualquiera en dos minutos.
Para situarnos: la Comunidad tiene unos tres mil inmuebles.
Colegios, centros de salud, juzgados, residencias, oficinas, solares. No estamos hablando de un ayuntamiento pequeño buscando un local, sino de uno de los mayores propietarios de la región.
También paga 131,8 millones de euros al año en alquileres.
De esos, 84 millones son inmuebles de uso administrativo en el municipio de Madrid.
Ochenta y cuatro millones al año en alquilar despachos.
Una salvaguarda: la columna de importes del inventario tiene filas a cero que cuelgan del mismo contrato, así que tomadlo como orden de magnitud.
Ahora la parte que me alucina.
En ese mismo inventario hay 107 espacios cuya denominación es, literalmente, VACÍO.
Cincuenta y ocho están en el municipio de Madrid. Y ocho son de uso administrativo, o sea oficinas vacías.
Una de ellas está en Alcalá 1, a ciento cincuenta metros de la puerta que van a cerrar por obras.
Y a un kilómetro del ático hay un complejo entero sin uso, la antigua Clínica Médico Forense de General Oráa 39.
Hay más. La Comunidad ya tiene cuarenta y una “viviendas” en propiedad en Madrid capital.
Pisos suyos. Algunos vacíos, como tres de las plantas del edificio de la calle León 24.
Y una cosa que no entendí a la primera. Gran Vía 6, uno de los dos edificios que Planifica Madrid quiere vender por 11,74 millones, figura en el inventario como alquiler de la Comunidad: 279.000 euros al año.
La Administración le paga el alquiler a su propia empresa pública, que en 2023 ingresó unos nueve millones por ese concepto. Dinero que sale de una ventanilla y entra en otra.
Con esto no le cargo el muerto solo a la Comunidad, porque el Estado funciona igual.
Doce de los veintidós ministros usan vivienda oficial pagada por todos, desde los 443 metros de la de Yolanda Díaz hasta los 123 del ministro de Industria, y Exteriores tiene directamente un palacio, el de Viana.
En la sede de la Delegación del Gobierno en Madrid hay otra vivienda oficial.
Y en el inventario del Estado hay 828 inmuebles a los que no se les atribuye ningún uso, entre ellos un piso de más de mil metros en la calle Serrano.
Así que el resumen es fácil.
Una administración con tres mil inmuebles, cincuenta y ocho espacios vacíos en Madrid, cuarenta y un pisos en propiedad y ochenta y cuatro millones al año en oficinas alquiladas decidió que necesitaba comprar un ático en Chamberí.
No tiene sentido, lo siento.
Por mucho que sea consciente de que la izquierda va atacar con lo que sea, a mi sí me preocupa lo que se hace con nuestro dinero en ambos lados.
Incentivos equivocados. El trabajo remoto no debe ser una medida temporal para paliar tiempos de crisis.
Es una decisión estructural que mejora la vida de las personas que lo disfrutan y de las que no: el trabajo remoto 100% aliviaría la congestión de las grandes ciudades.
La noche que murió mi madre entendí algo que nadie te enseña: cuando una madre se va, el mundo no se detiene, pero el tuyo sí. Porque cuando ella se va, también se va el único lugar al que siempre podías volver.