No sé quién sea ni de dónde sea, pero de verdad lo siento por ese señor.
El que ha querido a un animal en serio sabe que no es “solo una mascota”. Es compañía, rutina, calma, y esa presencia que te cambia el día sin decir nada.
Cuando se va de este mundo, no es solo tristeza. Es como si el lugar donde siempre estaba quedara marcado. Sigues haciendo lo de siempre, pero a cada rato te das cuenta de lo que falta. Y al final duele porque se extraña. Porque estuvo ahí en los días buenos y en los malos. Y ahora todo sigue, pero ya no se siente igual.