Mi casero me cobra 1.000 € por una habitación, hay ofertas de becario de 300 € al mes donde piden 3 años de experiencia y un C1 de inglés pero no pasa nada, tenemos dos copas del mundo
Jóvenes son la chavalería con 20 o 25 años, los que pasamos los treinta ya somos adultos, formados, con experiencia laboral y que seguimos en la absoluta precariedad y con un proyecto vital más oscuro que claro.
🏠 Casi el 70% de los jóvenes de menos de 34 años vive en casa de sus padres por no poder alquilar o comprar vivienda
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Por @pabloanzola_
Esto está muy bien pero a mí me gustaría poder vivir en mi barrio cerca de mi familia y amigos y no tener que irme a un pueblo lejos de todo lo que conozco. No sé, llamadme loca.
Madrid imposible para los madrileños, Canarias imposible para los canarios, Valencia imposible para los valencianos.
España es imposible para los españoles.
El penúltimo escándalo de las VPO en Alicante, y el más vomitivo... de momento.
Alejandro Lillo, hijo de la concejala del PP de San Vicente, Mercedes Torregrosa, dueño de una asesoría, y su mujer, reformaron el piso con el que fueron agraciados...
Su mujer, Carmen Bañón, es directiva en la clínica de lla influencer Teresa Andrés Gonzalvo.
Entre los clientes de Lillo: Carmen Lomana, Nieves Álvarez o Ilia Topuria.
Que estas y este parásito social den asco, es obligatorio.
El PP de Ayuso y Feijóo preocupados por el problema de la vivienda.
Las viviendas de VPO se construyen para la gente humilde, para quien no puede acceder al mercado inmobiliario porque no llega a fin de mes, o sea, viviendas donde el mantenimiento sea asequible.
Pero esto es otra cosa.
Estas son las viviendas de Alicante que se han repartido entre amigos y familiares del PP.
A parte del pisazo cerca de la playa, pista de paddle y piscina.
Obviamente un currela no puede hacerse cargo del IBI, la comunidad de vecinos ni del mantenimiento de los servicios.
Hablando claro, las construyeron con dinero público para ahorrarse la mitad del valor real de la vivienda.
Negocio redondo.
Aquí no dimite nadie.
Menudo escándalo.
Cuanto más sabemos, lo de Alicante genera más enfado. Es una vergüenza que el dinero público y la vivienda pública haya acabado en manos de personas de renta alta, y no en quienes lo necesitan. Aquí deben dimitir técnicos y políticos del PP
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🧵 El cambio climático antropogénico amplificó la virulencia y extensión de las tormentas asociadas a la catastrófica dana de Valencia de 2024.
➡️ Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en @Nature en el que ha participado Aemet.
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A veces estoy sentada tranquilita con mi café quizás con un libro o viendo una película entonces todo se detiene y pienso: CÓMO CO** VOY A PODER COMPRAR UNA CASA?!?!?!?!
y mi día ya se ha ido al garete.
Sencillo: Porque no tienen dinero, porque la vivienda es inalcanzable, porque los salarios no alcanzan y porque formar una familia se ha convertido en un lujo.
Estamos dejando morir la sanidad pública.
La estamos dejando morir despacio,
sin ruido de sirenas,
sin titulares que duelan lo suficiente.
La dejamos morir en listas de espera eternas,
en consultas de cinco minutos,
en profesionales exhaustos que ya no pueden más
aunque quieran darlo todo.
La sanidad pública no cayó del cielo.
No fue un regalo.
Fue una conquista.
Costó décadas de lucha, de acuerdos, de impuestos compartidos,
de la idea radical de que la salud no es un lujo,
sino un derecho.
Que enfermar no debería significar arruinarse.
Que nacer pobre no debería condenarte a morir antes.
Y sin embargo hoy la tratamos como algo prescindible.
Como si fuera un gasto molesto
y no una inversión en dignidad.
Yo llevo más de media vida enferma.
He visto la sanidad desde dentro,
desde la camilla, desde la bata abierta por detrás,
desde el miedo antes de una prueba,
desde el alivio cuando alguien te mira a los ojos
y te cree.
Y lo digo claro: así como está ahora, es deplorable.
No por su gente. (Hay de todo, cómo en todos lados)
Nunca por su gente.
Porque hay médicas, enfermeros, auxiliares, celadores, técnicos
que siguen tirando del carro con el cuerpo roto.
Que se saltan descansos.
Que cargan con más pacientes de los que pueden atender dignamente.
Que se van a casa con culpa por no haber llegado a todo.
Gente competente, vocacional, humana…
a la que el sistema está asfixiando.
No es que no quieran.
Es que no les dejan.
Un sistema diseñado para aguantar lo justo,
para parchear en lugar de cuidar,
para empujar a quien puede a la privada
y abandonar a quien no.
Un sistema que normaliza el colapso
y llama “incidencia puntual”
a lo que ya es estructural.
Mientras tanto, los enfermos aprendemos a esperar.
A esperar citas.
Resultados.
Derivaciones.
Respuestas.
A esperar incluso cuando el cuerpo ya no puede esperar más.
Y lo más peligroso de todo
es que nos estamos acostumbrando.
A que funcione mal.
A que duela.
A que falle.
Pero la sanidad pública es uno de los últimos lugares
donde aún somos iguales.
Donde tu cuenta bancaria no debería decidir
si te salvas o no.
Dejarla caer es romper el pacto más básico de una sociedad:
cuidarnos.
Defenderla no es ideología.
Es supervivencia.
Es memoria.
Es respeto a todo lo que costó construirla
y a toda la gente que hoy sigue sosteniéndola con las manos desnudas.
Yo no hablo desde un despacho.
Hablo desde un cuerpo enfermo
que necesita una sanidad pública fuerte para vivir.
Y como yo, millones.
No la dejemos morir.
Porque cuando muera del todo,
no podremos curar
la herida social que quedará.
Noah Higón @GVAsanitat@sanidadgob #EnfermedadesRaras
El verdadero problema de todo esto es moral. No hay recompensa al esfuerzo.
¿De qué sirve trabajar si ni siquiera puedes independizarte y garantizar construirte una vida digna? ¿Tener hijos para qué? ¿Para que el 0.1% sea aún más rico y el PIB suba sin que implique nada?