Vivimos colgados de un hilo tan fino que es de ser idiotas dejarse envenenar por discusiones estériles, sentimientos destructivos, palabras sin decir y gente que no se lo merece.
Con tanto victimismo que nos rodea , lleno de constantes quejas y reproches, acabamos siendo esclavos del mal humor ajeno.
Mantengamos intacto nuestro sentido del humor.
En mi libro "Si todas las teclas del piano son negras, levanta la tapa.", hablo del problema del déficit de atención en el desarrollo de las competencias musicales.
Hay personas que viven en silencio y poseen una rara cualidad, escuchan de verdad, observan y se quedan.
No añaden sonido al mundo, añaden profundidad.