¿Cómo diablos puede un ser humano disfrutar que un reloj de alarma lo despierte a las 5:30 a.m. para brincar de la cama, sentarse en el excusado, bañarse y vestirse, comer a la fuerza, cepillarse los dientes y cabello y encima luchar con el tráfico para llegar a un lugar en donde usted, esencialmente, hace montañas de dinero para alguien más, y encima si le preguntan, debe mostrarse agradecido por tener la oportunidad de hacer eso?
Charles Bukowski.
En 2007, el Navy SEAL Mike Day fue emboscado por cuatro terroristas de Al Qaeda.
Recibió 27 balazos: piernas destrozadas, brazos perforados, abdomen abierto, glúteos atravesados y escroto alcanzado. Una granada explotó a sus pies y lo dejó inconsciente entre polvo y sangre.
Pero Mike Day no murió.
Al abrir los ojos, con el cuerpo destrozado, se levantó, eliminó a los cuatro atacantes uno por uno y caminó más de un kilómetro hasta la zona segura, sin ayuda de nadie.
27 heridas de bala. Una granada. Cuatro enemigos muertos. Un hombre que se negó a rendirse.
Esa es la definición de leyenda.