El futbolero está en su casa, masticando bronca, llorando, tratando de retomar fuerzas para encarar uno de los lunes más duros de su vida. Acá están los que ven futbol cada cuatro años y mucho no entienden, a veces me gustaría ser uno de ellos.
Esa mirada. Ese desprecio por el adversario, que no era un adversario más. Era también un enemigo. En esa mirada estaba la de todo un país. Siempre Diego Armando Maradona.