Podría pedirte tantas cosas, Dios. Sin embargo, hoy solo te pido que sanes mi corazón, que me des la fortaleza para no rendirme, la sabiduría para sobrellevar los momentos difíciles y la capacidad de disfrutar esta vida que tú escogiste para mí.
Aspiro a una vida tranquila porque ya viví demasiado tiempo en medio de la ira, el caos y el desorden. Hoy elijo la calma, los límites y la distancia de todo aquello que me roba estabilidad. Entendí que mi paz no es un lujo: es una necesidad que voy a cuidar.
La hipocresía de algunas personas es tan evidente que hablan de lealtad, respeto y valores como si fueran ejemplo de ellos, mientras cambian de principios, de discurso y hasta de rostro según lo que más les convenga. Porque los valores no se proclaman: se demuestran con hechos.