Hagamos espacio al Señor en nuestro corazón y busquemos su Rostro. Dejémonos acompañar por su amor. Aferrémonos a Él, que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar. Hoy, Él continúa hablándonos en lo profundo de nuestras conciencias para hacernos descubrir que tiene su morada en medio de nosotros. Solo espera que le demos una oportunidad.
¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse, sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar.
Todo ser humano es “digno” por el mero hecho de haber sido querido, creado y amado por Dios. No existe ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda cómo su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho. #ViaggioApostolico
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La Ascensión no nos muestra una promesa lejana, sino un vínculo vivo, que nos atrae también a nosotros hacia la gloria celestial, ampliando y elevando, ya desde esta vida, nuestro horizonte y acercando cada vez más nuestro modo de pensar, de sentir y de actuar a la medida del corazón de Dios.
La Eucaristía dominical es indispensable para la vida cristiana. Es ahí donde se nutre y crece nuestra fe. Es ahí donde nuestros esfuerzos, aunque limitados, por la gracia de Dios se funden como acciones de los miembros de un único cuerpo —el Cuerpo de Cristo— en la realización de un único gran proyecto de salvación que abarca a toda la humanidad.
#SanJosé ha custodiado la familia que le había sido confiada por el Señor. Custodiar significa estar al lado del otro con atención, respetar sus elecciones y cuidar de él. San José nos muestra que la presencia y la custodia son dimensiones inseparables: no se cuida sin estar presente, y no se está presente sin asumir la responsabilidad del otro.
Si a veces no nos dan ganas de ser buenos o hacer las cosas bien por nosotros mismos, hagámoslas ofreciéndolo por la salvación de otros. Dios siempre es fiel y nunca se queda con nada.