“La chica que saltaba a través del tiempo” más que una historia de ciencia ficción, termina siendo una película sobre aprender a dejar ir. Sobre aceptar que no podemos vivir corrigiendo cada error ni refugiarnos para siempre en los momentos felices. Y quizá por eso sigue conectando tanto: porque entiende que crecer también consiste en aceptar que el tiempo avanza aunque todavía no estemos listos.