Mi humilde opinión (que nadie solicitó) sobre el nuevo despelote olímpico que vivimos hoy en Argentina (una vez más).
Creo que los problemas hay que encararlos de frente, sin atajos ni enemigos imaginarios. Acusar a la oposición de golpista —aunque lo sea— no sirve. Solo endurece posiciones y escala el conflicto.
1. Lo que tiene que hacer el presidente es mostrarse como el adulto en la sala. El que entiende las reglas, respeta los límites y puede ordenar el caos sin gritar.
2. Frente a un Congreso que aprueba gastos impagables —por más nobles que parezcan—, hay que hablarle al votante (y a la oposición) con claridad y firmeza: respetar la restricción presupuestaria no es ideología, es sentido común. No se puede seguir gastando sin saber cómo se financia.
3. Dejar en claro que el gobierno está abierto a reasignar partidas y debatir prioridades, pero que eso no significa aumentar el gasto total. Porque no hay margen para seguir financiando desequilibrios: ni con emisión, ni con deuda, ni con más impuestos sobre un contribuyente que ya no da más.
4. Convocar públicamente a los sectores más inteligentes y responsables de la oposición para que propongan alternativas serias. Eso no solo mejora el debate: además, quiebra el frente opositor que hoy cubre casi todo el espectro político.
No se trata de ganar una batalla discursiva, sino de evitar que el país pierda otra década.
Este equipo económico que tanto critican es el que evitó una hiperinflación plantada por el gobierno peronista anterior
Si hubiéramos entrado en hiper, los niveles de pobreza hubieran sido históricamente altos y este equipo lo evitó
Es tan enorme la ignorancia del electorado y la malicia de la mayoría del periodismo que mucho votante cree que esta gestión fue errónea en lo económico
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