@puellaok@myriambregman Este gordo impresentable se la da de malo.
Es malo hablando pero un cagon en la vida real
Vive puteando y amenazando
Al imbecil de milei lo amenazó varias veces con mostrar las pruebas de cuando era tal o cual cosa y se cagó en los pantalones
Cuneo: habla menos y hace mas.
IMPORTANTE
Muchos creen que el problema terminó con el retiro del capítulo sobre la Ley de Tierras. Creo que el verdadero problema recién empieza.
El Gobierno lo retiró porque no consiguió los votos. La lógica que lo llevó a presentarlo sigue intacta y el resto del proyecto continúa avanzando.
Leídas por separado, las distintas iniciativas parecen discusiones aisladas. Puestas una al lado de la otra, todas empujan en la misma dirección.
El capítulo sobre tierras era apenas una pieza. El programa de gobierno sigue.
En el siglo XX las potencias competían por el petróleo. En el XXI competirán por la infraestructura capaz de alimentar la inteligencia artificial.
La Argentina corre el riesgo de convertirse en un paraíso fiscal y legal para las grandes plataformas tecnológicas y los fondos de inversión. Un país donde resulte sencillo acceder a recursos estratégicos, consumir enormes cantidades de agua y energía, recibir beneficios fiscales extraordinarios y operar con menos controles ambientales. Encontrar responsables por las consecuencias será bastante más difícil.
La discusión sobre la tierra quedó postergada por falta de votos. El Súper RIGI sigue su camino. La Ley de Glaciares ya fue modificada. El Gobierno impulsa la desregulación de la inteligencia artificial y, según trascendió, trabaja en una reforma para permitir sociedades gestionadas por agentes de IA o robots.
Cambian los títulos de los proyectos, pero el sentido permanece. Las leyes ómnibus, las leyes bases y las grandes reformas suelen presentarse bajo títulos generales. Adentro modifican decenas de normas distintas al mismo tiempo. Mientras buena parte de la discusión pública se concentra en algunos artículos, muchos otros pasan casi inadvertidos.
Todo esto lleva a una pregunta importante. ¿Qué relación existe entre la tierra, el agua, la energía, la inteligencia artificial, los centros de datos, el Súper RIGI y la flexibilización de los controles ambientales?
Muchísima. La inteligencia artificial no funciona solamente con algoritmos. Vive sobre tierra, consume enormes cantidades de agua y energía y depende de minerales para fabricar servidores y chips.
Ahí aparece el hilo que une todo el proyecto. Para facilitar ese desembarco, el Gobierno ofrece beneficios fiscales, acceso a recursos estratégicos y un marco con menos controles ambientales y regulatorios.
La tecnología es nueva. La lógica del negocio es muy vieja. Consiste en crear condiciones cada vez más favorables para que un puñado de empresas concentre infraestructura estratégica, pague menos impuestos y traslade una parte creciente de las consecuencias al resto de la sociedad.
Por eso estas iniciativas no deberían analizarse por separado. Cada una modifica una pieza distinta. Juntas dejan ver el modelo de país que el Gobierno intenta construir.
Texas permite ver hacia dónde conduce este modelo. Durante los últimos días aparecieron en Estados Unidos nuevos informes y editoriales que advierten sobre las consecuencias de esta carrera por construir infraestructura para la inteligencia artificial. Vale la pena leerlos.
El Gobierno de ese estado llegó a conceder permisos para centrales destinadas a abastecer centros de datos en dos, tres y hasta veinte días. La urgencia por acelerar las inversiones terminó desplazando preguntas elementales. ¿Cuánto tiempo requiere evaluar un proyecto de semejante magnitud? ¿Qué impacto tendrá sobre el ambiente, el agua, la calidad del aire y las comunidades afectadas? Todo parece subordinado a una sola prioridad: construir cada vez más rápido.
Un relevamiento contabilizó 82 centrales proyectadas en todo Estados Unidos para alimentar esta infraestructura. Treinta y nueve se concentran en Texas. Si todas llegan a construirse, emitirían cada año una cantidad de gases de efecto invernadero comparable a la generada por casi la mitad de los automóviles particulares del país.
El caso de Meta en El Paso permite medir la escala del negocio. El campus, desarrollado junto con BlackRock, está valuado en unos 14.000 millones de dólares. Para abastecerlo se proyecta una central con 813 generadores a gas capaces de funcionar las veinticuatro horas. Solo esa instalación podría emitir más de 1,5 millones de toneladas de gases de efecto invernadero por año.
El caso de Meta en El Paso permite medir la escala del negocio. El campus, desarrollado junto con BlackRock, está valuado en unos 14.000 millones de dólares. Para abastecerlo se proyecta una central con 813 generadores a gas capaces de funcionar las veinticuatro horas. Solo esa instalación podría emitir más de 1,5 millones de toneladas de gases de efecto invernadero por año.
La construcción demandará más de cuatro mil trabajadores y, una vez terminado el complejo, quedarán alrededor de trescientos puestos permanentes. A cambio, la empresa recibió una reducción del 80% en los impuestos inmobiliarios durante un período que puede extenderse hasta treinta y cinco años.
La construcción demandará alrededor de 1.400 trabajadores y, una vez terminado el complejo, quedarán alrededor de trescientos puestos permanentes. A cambio, la empresa recibió una reducción del 80% en los impuestos inmobiliarios que puede extenderse hasta treinta y cinco años. La comparación habla por sí sola.
Chile demuestra que el problema excede a Estados Unidos. Ya tiene treinta y tres centros de datos operativos y otros treinta y cuatro proyectados. Muchos se concentran alrededor de Santiago, una región que atraviesa una crisis hídrica desde hace más de una década. Una estimación de 2022 calculó que cuatro de los complejos más grandes de Quilicura consumían alrededor de 1.500 millones de litros de agua por año.
El caso de Google en Cerrillos muestra por qué importan los controles. La empresa pretendía utilizar agua subterránea del Acuífero Santiago Central para refrigerar sus servidores. El Segundo Tribunal Ambiental dejó parcialmente sin efecto la autorización porque la evaluación omitía los efectos del cambio climático y no aportaba información suficiente para descartar impactos significativos sobre el acuífero. Google tuvo que rediseñar el proyecto y reemplazar la refrigeración por agua por un sistema basado en aire.
Ese control ambiental que algunos presentan como una traba consiguió que una de las empresas más poderosas del mundo modificara su proyecto antes de poner en riesgo una de las principales reservas de agua de una región castigada por la sequía.
Milei ya explicó cómo piensa estas cuestiones. En septiembre de 2023 sostuvo en La Rural que una empresa podía "contaminar el río todo lo que quiera" y preguntó: "¿Adónde está el daño? ¿Dónde está el problema ahí?". También afirmó que el precio del agua era cero y que, "cuando falte el agua", alguien encontraría un negocio y reclamaría derechos de propiedad.
No fue un exabrupto. Ahí aparece una manera de entender la relación entre el Estado, el ambiente y el mercado. La protección ambiental deja de ser un límite y el mercado pasa a ser la respuesta incluso frente a la contaminación o la escasez.
Trump transformó esa idea en política pública. Ordenó acelerar los permisos para centros de datos y su infraestructura energética, reducir las evaluaciones ambientales y ampliar las excepciones que permiten avanzar con los proyectos. La velocidad de la inversión pasó a estar por encima de cualquier precaución.
La Argentina parece recorrer el mismo camino. El Súper RIGI reduce la carga tributaria de las empresas adheridas: pagarán un 15% de Ganancias frente a una alícuota general que puede llegar al 35%. Las nuevas relaciones laborales vinculadas al proyecto tendrán contribuciones patronales del 10%. Además, podrán importar sin aranceles, exportar sin retenciones desde el primer día y disponer progresivamente de las divisas hasta alcanzar el 100% en el tercer año.
El régimen también garantiza estabilidad tributaria, aduanera, previsional y cambiaria durante treinta años y permite que determinados conflictos con el Estado terminen en tribunales arbitrales internacionales.
El catálogo de beneficios ocupa páginas enteras. El de las obligaciones sigue bastante más vacío.
Un centro de datos demanda enormes cantidades de electricidad y agua. Requiere redes de transmisión, caminos, conectividad, infraestructura pública y territorio. Nada de eso aparece por generación espontánea. Todo exige planificación, inversiones y un Estado con capacidad para controlar, sancionar y cobrar por los daños cuando los haya.
Antes de conceder beneficios extraordinarios durante treinta años, el Gobierno debería responder algunas preguntas elementales. ¿De dónde saldrá la energía? ¿Quién financiará las nuevas redes? ¿Cómo se protegerá el abastecimiento local? ¿Qué ocurrirá con el agua? ¿Qué capacidad quedará disponible para universidades, organismos públicos, PyMEs y empresas argentinas? Hasta ahora no respondió ninguna.
Ya no se discuten solamente inversiones. Se discuten soberanía, recursos y poder.
Europa eligió otro camino. La Unión Europea clasificó los sistemas de inteligencia artificial según sus riesgos, prohibió determinados usos e impuso obligaciones de transparencia, documentación técnica, trazabilidad y supervisión humana. Las infracciones más graves pueden recibir multas de hasta 35 millones de euros o el 7% de la facturación mundial.
El criterio es sencillo: cuanto mayor sea la capacidad de una tecnología para afectar derechos, mayor deberá ser la responsabilidad de quienes la desarrollen y utilicen.
La reforma que comenzó a conocerse en la Argentina pretende habilitar sociedades gestionadas por agentes de inteligencia artificial o robots. Mantendría un administrador humano, pero deja abiertas preguntas decisivas. ¿Quién responderá por una decisión discriminatoria, un accidente, un despido automatizado, una operación financiera irregular o cualquier otro daño provocado por el sistema?
Europa exige responder esas preguntas antes de poner la tecnología en circulación. Acá pretenden habilitar primero el negocio y buscar al responsable después del daño.
Es la misma lógica que atraviesa todo el proyecto. El Estado resigna impuestos, capacidad de regulación y herramientas de control mientras las empresas concentran infraestructura, información, energía, recursos naturales y una porción cada vez mayor del poder económico.
Detrás de la promesa de inversión también se está decidiendo quién fijará las condiciones durante los próximos treinta años.
Una sociedad de estas características podría contratar trabajadores, despedirlos, otorgar créditos, administrar datos personales, fijar precios, mover dinero y celebrar operaciones mediante sistemas cuya lógica resulte inaccesible para las personas afectadas.
Frente a cualquier daño harán falta registros, auditorías, acceso al funcionamiento del sistema y reglas capaces de identificar responsables. Todo eso debería resolverse antes de conceder semejante autonomía. El Gobierno propone exactamente el camino inverso.
La infraestructura digital concentrará una parte creciente de la economía mundial. Quien controle los centros de datos, los modelos de inteligencia artificial, la capacidad de cómputo y enormes volúmenes de información podrá influir sobre el crédito, el trabajo, el consumo, la producción, la circulación de contenidos y buena parte de las decisiones económicas.
Por eso esta discusión ya no trata solamente de tecnología, ambiente o impuestos. Estamos hablando de soberanía.
La soberanía del siglo XXI ya no se juega solamente en las fronteras. También se juega en quién controla los datos, la energía, el agua, la infraestructura y las reglas con las que funciona la economía.
Hace algún tiempo escribí que Milei quería convertir a la Argentina en un paraíso fiscal y legal para las grandes empresas de inteligencia artificial. Hoy esa definición se parece cada vez más a un programa de gobierno.
Antes de conceder beneficios extraordinarios durante treinta años, el Congreso debería exigir condiciones ambientales rigurosas, límites al consumo de agua y energía, infraestructura financiada por las propias empresas, participación efectiva de las comunidades afectadas, empleo local, transferencia tecnológica, capacidad de cómputo reservada para universidades, organismos públicos y empresas argentinas, protección de los datos personales y responsables humanos claramente identificables frente a cualquier daño.
Un mandato presidencial dura cuatro años. Los privilegios del Súper RIGI, treinta.
Milei dejará la Casa Rosada mucho antes de que los centros de datos apaguen sus servidores. Las centrales eléctricas seguirán consumiendo energía, los contratos seguirán produciendo efectos, las exenciones continuarán vigentes y las sociedades automatizadas seguirán tomando decisiones. Lo que puede dejar de existir son las herramientas que hoy tiene el Estado argentino para decidir sobre todo eso.
El capítulo sobre tierras fue retirado por falta de votos. La lógica que lo impulsó sigue avanzando por otros caminos. Cada artículo redefine quién controlará durante las próximas décadas una parte creciente de la infraestructura estratégica, la energía, el agua, la información, los recursos naturales y la economía argentina.
La inteligencia artificial compite por datos. También compite por tierra, agua, energía, minerales, infraestructura y reglas.
Si el Estado renuncia a esas reglas, no solamente cambia un régimen de promoción. Cambia quién tendrá el poder de decidir sobre los recursos estratégicos de la Argentina durante las próximas décadas.
Manifiesto mi rechazo a cualquier proyecto que permita la venta o cesión de tierras argentinas a extranjeros.
La tierra, el agua y nuestros recursos naturales forman parte del patrimonio de la Nación.
@Transporte_Sin@DaniMayakovski "Nos creen estúpidos" ???
Yo creo que "se dieron cuenta"
Si no, no se estarían repitiendo mil veces las mismas narrativas, slogans, mentiras y boludeces ... y votando idiotas hdp ...
👁️ | LA AMENAZA DE PETER THIEL
El sueño distópico del magnate de Palantir está cerca de materializarse. Si Argentina deroga la Ley de Tierras en 7 días, lo siguiente podría ser una histórica reconfiguración económica, demográfica y territorial con riesgos para toda la región:
1/ La entrega
El marco histórico argentino (Ley 26.737) imponía límites claros: tope del 15% a la propiedad extranjera, un máximo de 1000 hectáreas en zona núcleo y prohibición total de vender terrenos con cuerpos de agua permanentes o situados en zonas de frontera.
Su desmantelamiento dirigido por el gobierno de Milei, y sumado a incentivos como el RIGI, garantizaron a 30 años de estabilidad fiscal, libre disponibilidad de divisas y prórroga de jurisdicción ante tribunales arbitrales internacionales en el CIADI, no ha sido desregulación, sino la construcción de una plataforma de extracción y ocupación territorial blindada contra la soberanía estatal.
2/ El fin de la democracia
Para entender quién es Thiel es clave remitirse a su corriente filosófica neorreaccionaria y tecnofascista (NRx), formulada por el programador Curtis Yarvin, el filósofo Nick Land, y articulada teóricamente por el propio Thiel en su ensayo de 2009 (Cato Unbound), donde sentencia: "No creo que la libertad y la democracia sean compatibles. El gran logro debe ser el escape a la política".
Una arquitectura ideológica que descansa en tres pilares:
- Neocameralismo: reemplazo de la democracia ineficiente por un Estado rediseñado como corporación privada (Joint-Stock Republic), gestionado por un CEO no electo y ciudadanos sin más derechos políticos que los que los hace clientes o usuarios bajo contrato.
- El principio de "Exit" (Salida): gobernanza ya no definida por votos; la única "libertad" capaz de ejercerse es migrar si no aceptas las reglas dictadas por la empresa propietaria del suelo. No hay más derechos, No hay más democracia.
Materialización espacial: creación de Charter Cities (ciudades privadas autónomas), plataformas flotantes (Seasteading) y micronaciones corporativas dentro de Estados ocupados. Generalmente debilitados y permeables gracias a crisis financieras previas.
3/ ¿Por qué Argentina?
La presencia de Thiel y su cercanía al Poder Ejecutivo argentino trascienden lo fiscal y responden a cuestiones físicas y estratégicas ligadas al despliegue de infraestructura tecnológica y las condiciones específicas que requiere el tecnofascismo:
- Control político: No quedan dudas de que si Javier Milei pasó de panelista low-cost de TV a Presidente de una nación en tiempo récord, no se debió a sus aptitudes, sino al respaldo que desde el día uno lo volvió una alternativa real gracias a su imagen pública predominantemente digital. Si Milei fue electo, fue por haber sido elegido antes por la élite internacional para ejecutar la cesión de soberanía que el capital tecnológico necesita.
- Enfriamiento para IA: El control de tierras en zonas frías, combinadas con las principales reservas hídricas continentales del país, responde a la exigencia física de enfriamiento que requieren las granjas de servidores masivas para los sistemas avanzados de IA.
-Energía Privada: El modelo exige un suministro continuo e ininterrumpido en escala de gigavatios, lo que exige acceso directo al potencial eólico, solar y a Vaca Muerta para crear redes eléctricas autónomas y operadas al margen del sistema de distribución público.
-Colonización Inteligente: Penetración en la estructura estatal para el despliegue de software de minería de datos masiva (deep-data mining), dando alcance a las bases de datos de la ciudadanía y las agencias estatales.
4/ El impacto fáctico
Las consecuencias de este ensayo tecnofascista y extractivista trasciende la teoría política y proyecta consecuencias territoriales de altísima gravedad para la región, pero principalmente dos:
- Zonas de Excepción: Reconfiguración del mapa nacional con megapropiedades en fronteras o cuencas hídricas donde la justicia local y las fuerzas de seguridad ya no tendrán capacidad operativa, y donde los reclamos que recaigan sobre estos feudos hipervigilados deberán hacerse en tribunales internacionales inalcanzables.
- Colapso hídrico: Se calcula que un megacentro de hiperescala como el de Thiel consumiría entre 10 y 15 millones de litros de agua dulce al día (el consumo diario de una ciudad de 100.000 habitantes). Un recurso que se devolvería caliente a la tierra, destruyendo totalmente ecosistemas naturales como los del Río Negro por priorizar el enfriamiento de microprocesadores sobre el consumo humano.
5/ El surgimiento de una amenaza
Con Palantir Technologies—columna vertebral de la inteligencia militar, predictiva y fronteriza del NSA, el Pentágono y el ICE, entre otras organizaciones— instalada físicamente y dentro de la estructura estatal argentina, el país está llamado a convertirse en un hub de inteligencia de Washington y Tel Aviv, pero además en una grandísima amenaza internacional, por:
-Descontrol: no solo se habilitaría la vigilancia predictiva sobre la población, sino que la corporación privada lo haría límites legales ni estatales. Sin que nadie sepa qué están midiendo, cómo, cuándo, dónde ni a quién, dentro y fuera de las fronteras.
-Espionaje: se facilitaría el procesamiento satelital en tiempo real para rastrear reservas de agua, litio, cobre o cosechas antes que los propios Estados soberanos con los que Argentina ha tenido históricamente una relación neutral.
-Control social y Guerra Cognitiva transfronteriza: se facilitaría desde Argentina, pero sin Argentina, la creación de mapas de influencia para perfilar a la ciudadanía y manipular escenarios electorales en países limítrofes (Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia). Algo sobre lo cual ya llueven denuncias en contra de EEUU e Israel.
-Aislamiento diplomático: la pérdida de soberanía en general y de datos en particular obligaría a las agencias de la región a cortar el intercambio de inteligencia con Argentina para evitar la filtración masiva hacia servidores corporativos. Argentina quedaría completamente aislada.
6/ Una rigurosa distopía
No hay lecturas alternativas: el proyecto que encarnó Milei en nombre de una libertad (de traicionar) y Peter Thiel en nombre de su amor por (el agua y las tierras de) Argentina no es nuevo y no es improvisado: es el plan que alguien soñó alguna vez para sustituir la República y la soberanía del Estado-Nación por un modelo autoritario e hipertecnológico.
Un plan que necesitaba una Argentina en ciertas condiciones para su control en solitario. Sin alianzas regionales. Sin marcos legales. Sin capacidad de reacción colectiva. Eso que un día un magnate imaginó, luego convirtió en doctrina y esperó hasta el día que alguien sostenido por la élite y capaz de cualquier cosa le abriera la puerta de su propio país desde adentro.
@LongobardiM Le tienen tanto miedo!!!! Si tu gobierno peligra porque Cristina obtenga un debido proceso y justicia es porque tenés mucho que perder si se comprueba que amañaron la causa para proscribirla porque el gobierno es una mierda
@LongobardiM Vos eras igual con tu "amigo" Macri. Gobierno fracasado si hubo y vos lo bancabas con las mismas palabras que Majúl defiende a Milei.
El periodismo murió cuando murieron los cronistas. Hoy son todos opinadores, y lo peor, de lo que no saben.
@karmides@maflorsosa Podrían empezar, ustedes que son tan educados, a devolver el oro que se robaron de América
Y despues, recien, dar clases de justicia y bla bla bla
Qué somos
Los principales diarios (Clarín y La Nación) titulan contra "la expropiación kirchnerista" de Aerolíneas tras un fallo de la Justicia de EE UU, luego de una demanda de fondos buitres y especuladores financieros contra el Estado.
Ambos medios corporativos (son dueños de la Exposición Rural, la Agroindustria y hasta del Movistar Arena) lapidan el apellido de la expresidenta que le logró más del 50% de participación en el PBI de los trabajadores.
CFK está presa en su casa y proscripta de por vida. Parece una locura pero es muy real. Y con ella millones de perseguidos. Milagro Sala enferma, sola, triste.
En 2026, los trabajadores y trabajadoras no tienen derechos: el gobierno anarquista capitalista anula las indemnizaciones con aguinaldo, porcentuales y vacaciones. La Justicia Laboral es abolida y vaciada. Se esclavizan las relaciones laborales en un mundo de plataformas en la dictadura del algoritmo. Rappi obliga a costear los gastos de cada moto, cada bicicleta, cada sujeto esclavizado. Se normaliza la decadencia progresiva de una sociedad extinguida.
El canon constitucional está roto.
El canon moral también.
La sociedad como conjunto humano ya no existe.
El presidente de Argentina es un hombre que habla dormido a las 9 de la mañana. Lo entrevistan unos habladores de streaming que dicen que sí como dibujos animados con IA. Autómatas, mediocres, carentes de pensamiento crítico. La realidad está regulada por un grupo de idiotas. Por encima de ellos están los ultra ricos como Elon Musk, Peter Thiel y todo Silicon Valley.
Y como si todo este asunto fuera poca cosa (el remate y la entrega de los recursos naturales de la Argentina en manos de EE UU, Israel e Inglaterra), el progresismo estadounidense y europeo es cómplice de una campaña de odio contra la Argentina y su selección de fútbol. Por qué? Porque somos el Sur. Uno de los países más grandes y ricos de América con una capacidad para alimentar a 500 millones de personas. Sin embargo, en la Argentina de Javier Gerardo Milei crece la tasa de suicidios y las personas en situación de calle al no poder pagar los alquileres en dólares.
La nueva constitución del reel no ve. No registra, no siente, desprecia al otro. El sujeto vuelve solo a la caverna con un teléfono táctil en la mano. No pinta. No crea. Se trata de un retroceso jamás visto en la humanidad. Una revolución del yo. Individualismo tóxico.
Se jugó un Mundial en un país que bombardeó niñas en un colegio de Irán. El jefe de gobierno de Israel se tomó una foto con la camiseta de Argentina después de ser acusado por delitos de lesa humanidad en la Corte Penal de La Haya. En la Casa Rosada hay alguien incapaz de pensar por sí mismo.
Qué somos? Qué pasa? Por qué?
Un mundo hecho por el hombre está siendo destruido por el hombre. Por eso Milei llegó al poder con su padrino Donald Trump.
El Aleph Internet. El círculo de los fantasmas sin voz. El descuartizamiento de la cultura, la ciencia, la educación y los sindicatos. La condena a muerte de los adultos mayores y los jubilados. Miércoles de represiones. La cancelación de las voces. El hambre y el miedo como botones de regulación asocial. La aporofobia de la ciudad. La enfermedad del odio. La fuerza bruta de la Maldita Policía. La Mazorca liberal libertaria.
Libertad?
Te la debo.
Qué atrevidos estos argentinos. Un país periférico le quiere disputar la construcción de sentido a las potencias imperiales. Que atrevidos con su cabeza siempre en alto. Con su economía siempre destrozada instalan su música y su cine. Con lo mal que hablan español hicieron de su literatura un género universal. Que atrevidos. Pobres y sin academias dominan el mejor y más lucrativo deporte del mundo. Que atrevidos. Con su educación pública, libre y gratuita. Hasta dejan estudiar a los inmigrantes. Y atenderse en sus hospitales. Que atrevidos. Terrible dictadura y ahora son vanguardia de derechos humanos. Tienen a Milei pero no pudo con la política de género. Que atrevidos. Pelean mano a mano con el país imperial en lugar de refugiarse en la cálida sumisión como hacen los mexicanos, que más de 500 años después siguen pidiendo por favor, déjenos entrar, déjenos ser ustedes.
Que atrevidos estos argentinos. Se siguen negando a bajar la cabeza. Cabeza fueron de la iglesia católica en el mundo. Pero también tuvieron a uno que jugaba al fútbol y el mundo lo veneró como a un díos en la tierra. Y otro que liberó a una isla pero revolucionó al mundo. Y otro más que cruzó una cordillera enfermo y en camilla para liberar un continente. Que atrevidos. Estos días, en el partido más importante del torneo más importante mostraron un bandera anti imperial en el corazón del imperio.
Y un himno que dice que juran con gloria a morir.
Serán atrevidos estos argentinos.
¿Civilización o barbarie?
La pelota no se mancha y cada cuál puede hinchar por quién quiere. Es imposible no disfrutar de las asistencias de Olise o esperar el gol de Haaland. Aunque en una situación mundial tan polarizada, atravesada por guerras, genocidios, levantamientos de masas, era impensado que todo eso no terminara colándose en este mundial de fútbol. Las y los fanáticos nos queríamos concentrar en la pelota y todo irrumpía: el maltrato histórico al equipo de Irán, la posibilidad de que juegue Estados Unidos que no le dieron a Rusia en 2022 ya que la FIFA la suspendió por la guerra con Ucrania, la discriminación hacia el árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, la intromisión de Trump para que se retire una tarjeta roja, el técnico de la selección de Egipto blandiendo la bandera palestina, la silbatina al propio Trump el día de la final y otros hechos.
En ese contexto, que daría para horas de debate, asoló la ubicación de sectores progresistas de distintas partes del mundo, incluso de la izquierda, buscando argumentos para no hinchar -algo que nadie puede pedirles- ni apoyar a Argentina, aún después que esa bandera de “Las Malvinas son argentinas” cayera flotando sobre la cancha, sea tomada por las manos de los jugadores de la selección y llevada a las tapas de los diarios y redes sociales de todo el planeta.
Argentina estalló. No es para menos, tenemos una ocupación colonial en Las Malvinas y un presidente que admira a Thatcher. ¿Cómo no gritarlo como (otro) gol? ¿Cómo no salir a la calle y cantar contra la potencia usurpadora?
El conservador diario británico The Telegraph lanzó un ataque delirante contra la selección argentina. Tituló: “España gana el Mundial en un triunfo del fútbol sobre la delincuencia argentina”. Un diario que apoyó el colonialismo inglés. Claro, para ellos, en la vida hecha ajedrez, nunca el peón se come al rey. Tanto en los medios de comunicación de Inglaterra como en España, hubo voceros que trataron de poner a la Selección argentina como los malos de la película, como una forma de sacar el foco de la presencia, primero, colonial, y luego imperialista de esos dos países en Argentina y en América Latina. No comemos vidrio.
No solo aparecería Milei llamando “termos mononeuronales” a quienes reclaman en forma popular la soberanía, también surgiría “fuego amigo”. Acá está el problema; algunos dijeron que el reclamo por Las Malvinas “era de la dictadura”, otros se pusieron a buscar más argumentos; fueron desde que “Argentina no es un país oprimido” hasta tratar de instalar que lo único que divide el mundo es el apoyo a Palestina y que la selección española sería pro Palestina y la de Argentina, sionista.
No creo que sean casualidades. Una cosa es denunciar crímenes en otras tierras, otra es denunciar a sus propios imperialismos, colonialistas y cómplices del genocidio, que no dejaron de venderle armas a Israel porque un jugador como Yamal levantó la bandera palestina. La prueba del carácter de una persona progresista, de izquierda o socialista en un país central, es justamente esa. Ser capaces, como decía el Che, de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Pero, agrego, sobre todo en las regiones oprimidas por el país donde reside uno.
@SantiagoLupeBCN desde Barcelona escribió “La victoria deportiva de la selección española ha desatado celebraciones multitudinarias en todo el Estado. Más allá de la comprensible alegría por un éxito deportivo, el fenómeno vuelve a poner sobre la mesa el papel político que desempeña la selección en la promoción del nacionalismo español: la normalización de los símbolos del régimen del 78 (de transición pos franquista), la negación del derecho de autodeterminación de las naciones del Estado español —cuyas selecciones tienen vetada su participación en los campeonatos internacionales— y el refuerzo de un marco ideológico que blanquea el imperialismo español con un discurso "progre", al tiempo que alimenta el crecimiento de la derecha y la extrema derecha”. Y agrega sobre el Estado Español “no es el Estado amigo del pueblo palestino que se pretende vender. Si bien los gestos de algunos deportistas, como Lamine Yamal, han supuesto un importante apoyo mediático a su causa, el papel del Estado español y del Gobierno de PSOE-Sumar es bien distinto. Más allá de algunos discursos y decisiones simbólicas, el Estado español es plenamente cómplice del genocidio contra el pueblo palestino, tal y como siguen denunciando las organizaciones propalestinas en cada movilización”.
A ninguno de esos pensadores progresistas que fueron tan rápidos para asimilar a toda la Argentina al pensamiento de Milei, se les escuchó una palabra sobre los festejos del corrupto rey de España con sus princesas, ni sobre la naturalización de la existencia de esa monarquía, bastante colonialista, además.
¿Por qué me parecen tan graves esas posturas en este momento?
Porque toda América Latina está bajo un fuerte asedio imperialista, Venezuela, Cuba, la intromisión en procesos políticos y un largo etcétera. Argentina es un caso particular porque ese avance imperialista se lleva adelante con la anuencia -y promoción- de su Presidente y con la complicidad de la mayoría de los gobernadores y de sectores de la oposición tradicional del radicalismo y el peronismo. Están aplastando la más elemental soberanía: con la deuda externa, el RIGI, super RIGI, la reforma de la Ley de Glaciares, la reforma laboral que pidieron las multinacionales extranjeras. Ahora preparan una Ley de inviolabilidad de la propiedad privada, que en realidad es una ley para saquear la propiedad pública y extranjerizar nuestras tierras.
Trump quiere convertir nuestro país en un enclave colonial. Las grandes empresas del mundo entero se relamen. Y un porcentaje cada vez mayor del pueblo trabajador de nuestro país se resiste a ese destino. Es raro que se los tenga que contar yo, pero eso grandes sabiondos de la política internacional ¿no pensaron que quienes más nos opusimos a esas políticas de entrega y saqueo, al alineamiento del gobierno con Israel, hoy encabezamos las encuestas de reconocimiento público? ¿No les indica nada?
Es un gran momento para volver a discutir las categorías clásicas de imperialismo, países dependientes y tantas otras. Ante todo, es momento de no ser cínicos. Hinchen por quién quieran, esto es fútbol, pero si tienen ganas de ser parte de los gobiernos imperialistas o directamente gestionar esos imperialismos, no busquen excusas.
Algunos tenemos familiares que murieron peleando contra la ocupación colonial. Roberto Bordoy tenía 19 años, era hijo de la tía Angélica Becker, hermana de mi abuela María. Fue uno de los soldados que estaba en el Crucero General Belgrano y no volvió.
Ni olvido ni perdón para Margaret Thatcher, ni para ninguna de las acciones coloniales que están vigentes en el mundo, ni para los indignos cómplices locales.
La izquierda será antimperialista, o seguramente, no será.