Esto fue una genialidad absoluta. En Phoenix, Arizona, un agente encargado de las órdenes de arresto quería ganarle la batalla a la enorme cantidad de órdenes pendientes.
Se le ocurrió la idea de enviar cartas a la última dirección conocida de las personas que buscaban. En ellas, les decían que habían ganado un premio y que debían presentarse en un lugar específico a una fecha y hora determinadas.
Es graciosísimo verlos entrar a buscar su premio, solo para terminar recibiendo el regalo que nunca quisieron.