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⠀ֵ notando la tensión ajena y por lo
mismo suspira con suavidad.
Se sentía culpable... Pero tampoco
podía seguir mintiéndole a la hija
de su maestro.
– Mereces algo mejor, Adler. –
Finiquita, volviendo a ver al lago con
algo de paz.
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⠀ֵ Este por otro lado parecía tranquilo,
incluso sereno pese a todo.
No es que hubiera frialdad en él,
sino que simplemente no sentía
aquello como algo... Antinatural.
Simplemente debía ser honesto con
ella: no la ama, o tal vez ya no tanto
como antes.
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Su rostro se mantuvo serio en todo momento, limitándose a escuchar cada palabra del azabache. Era sorpresivo, su cuerpo reaccionó antes que su cabeza, sentía el corazón palpitar contra su pecho, la dificultad para respirar, más de sus ojos no hubieron lágrimas que escaparan.
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⠀ֵ Pues al final claro que le importa
y se seguirá preocupando con ella,
pero es incapaz de verse con la
rubia a futuro.
O bueno, en general no se ve a futuro
con alguien más.
– Simplemente... Creo que estamos
mejor como amigos. – La mira de reojo
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de esa forma con ella, o eso elegía creer. —— acomodó su bolso en uno de sus hombros, reteniendo todas las ganas de huir antes de que él siguiera hablando.
“Lo entiendo... ¿Hay acaso otra razón que tengas para terminar? Aparte de la que mencionaste recién.” No lo podía mirar, no
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⠀ֵ adversa, permitiéndole no solo ver
su grueso y bien fornido cuerpo:
Sino también el intenso rojo con el
cual sus rubíes parecían brillar.
Le agrada la mujer... Ideal para él
que es un "lobo" de 2.20.
– Sirius, un placer. ¿Y usted, señorita? –
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⠀ֵ– Mucha carne para un zorro tan...
Pequeño. ¿O acaso es golosa? –
Bromea con una tenue sonrisa,
justo acercándose a la adversa ante
aquel gesto de invitación.
Sin pensarlo en lo absoluto y con total
descaro el mayor termina por tomar
asiento frente a la
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—— ¿Mucho dices?
Soltó una risita mientras negaba con la cabeza, puede con ese grandote.
De hecho, ya se le hace agua la boca solamente por pensar en eso.
—— Tienes la lengua bastante afilada. ¿Cuál es tu nombre?
Habló mientras que le hacía el gesto para que »
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⠀ֵ – Acaricias, comida... Creo que puedo
darle ambas, aunque temo que este
lobo quizá sea mucho para usted,
señorita zorro. - Cabeza que el mayor
ladea, retirándose su abrigo de cuero
y revelando así sus antebrazos
cubiertos por vendas blancas.
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Sus colas se movían, interesada en el hombre que estaba frente a ella.
Suspiró una vez más y se sentó en la cama, tapando su pecho y entrepierna con sus colas.
—— No pido mucho, las caricias de un gran hombre podrían satisfacer mis necesidades.
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⠀ֵ – ¿Tanto me quieres solo para tí? ~ –
Labio inferior se muerde, a duras
penas conteniendo su deseo por
volverla suya en esa oscura habitación
apenas iluminada por velas
aromáticas.
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⠀ֵ Palma zurda desliza hasta apoyarla
completamente extendida sobre
abdomen ajeno, sonriendo ante la
clara diferencia entre alturas: frotando
con mayor intensidad su hirviente
intimidad sobre carnosos pétalos de
la demonio albina.
– Hmm... –
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⠀- Ella, ruborizada, se mordía el labio inferior ante ese frote desnudo de ambas intimidades. A la vez, las toscas y grandes manos ajenas la sostenían y la acariciaban con cierta posesividad y dominancia. -
“Aquí no sube nadie...”
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⠀ֵ - ¿Desde cuándo la desnudez es
una razón para no negociar? –
Se limita a verla a los ojos, enfocado
en su propio objetivo y no en admirar
el esbelto cuerpo de la mujer.
– Necesito encontrar a alguien.
¿Cuál es tu precio, blanquita?
El precio por darme
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—— ¿Y por eso debías venir cuando estoy en mi momento de relajo? Además de estar desnuda.
Suspiró, realmente no pensó que entrarían así cómo así.
Movió sus colas.
—— Dime lo que necesitas saber.
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⠀ֵ Hace ratos que el mayor le está
masajeando las caderas, frotándose
con la demonio a quien le ofrece una
tenue sonrisa.
– Qué caprichosa, Daki...
Sería una pena que las otras Oiran
nos escuchen, ¿no lo crees? ~ – Musita,
aunque realmente no le importaba
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