José, José, José, José, José, José....
Y aun así ese nunca fue tu nombre,solo eras el marido de un corazón blanco preñado por un reconocido desconocido -ido.
Extraño a la que tiene sabiduría; de quien aprendí, uno de mis primeros gran amores. Me duele haberte dejado pero se que ya sonríes muriendo por alguien más que nunca fui yo.
Gracias.